Kang Ping (siglo XV), Castrado para evitar rumores

Roser Amills/ octubre 22, 2011/ Inspiracion digital/ 1 comentarios

Leemos en “El libro de las listas”, de D. Wallechinsky, I. Wallace y A. Wallace, la siguiente historia rocambolesca: en cierta ocasión en que el emperador Yung-Lo, que gobernó China a principios del siglo XV, tuvo que ausentarse por largo tiempo de la capital, dejó a su consejero, el general Kang Ping, al cuidado de su harén. Buen conocedor del carácter paranoico e irascible del emperador, este general tuvo una curiosa idea para prevenir la sospecha de que hubiera seducido a sus concubinas: pidió que le castraran e introdujo su pene dentro de la silla del emperador, antes de que éste partiese. Nada más regresar a la capital, como bien había previsto el general, el emperador le acusó de no haber respetado sus votos de mantenerse alejado de sus mujeres. Kang Ping, tranquilo, afirmó que podía probar su lealtad, se dirigió a la silla de montar del emperador y recuperó su pene, demostrándole así que tal acusación era infundada. El emperador, conmovido por el gesto de su general, le nombró al instante jefe de sus eunucos e incluso, a su muerte, levantó en su honor un templo, nombrándole protector eterno de todos los eunucos.

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