Revista TIEMPO | ‘Las fantasías eróticas más célebres’, reportaje de 4 pág. sobre el libro de Roser Amills

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Portada | Sociedad | Las fantasías eróticas más célebres 12 / 04 / 2012 Celia Lorente

Un libro saca a la luz los sueños más íntimos de los famosos. Y los hay para todos los gustos.

 

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Escudriñar por el ojo de la cerradura para inmiscuirse en camas ajenas es una de las fantasías eróticas más recurrentes. Somos el único animal de la creación que practica el sexo por diversión y, por tanto, el que desarrolla la actividad sexual más extravagante. La sexualidad se presta a infinidad de juegos. “En la cama el principal pecado es aburrir y cuantas más fantasías seamos capaces de comprender, mejor nos conoceremos”, explica Roser Amills, autora del libro 1.001 fantasías más eróticas y salvajes de la historia. Estas son algunas de ellas clasificadas por especialidades

Gastrónomos.
Durante la noche del 12 de febrero del 67, Mick Jagger celebraba una fiesta junto a Keith Richards, Marianne Faithfull y George Harrison cuando la policía entró a hacer una redada. El inspector Gordon Dinley ordenó un registro en busca de drogas, pero lo que encontró en una habitación fue a Jagger comiendo una chocolatina entre las piernas de Faithfull. La policía no encontró drogas en la casa, pero sí una gran cantidad de chocolates y golosinas que dieron mucho que hablar sobre la afición del rolling stone a esta práctica erótica.

El gran maestro en el arte de la seducción de todos los tiempos, Giacomo Casanova, desayunaba unas cincuenta ostras todos los días y le gustaba utilizar el pecho de una mujer a modo de plato para sorberlas de esta forma. Según él las ostras le proporcionaban el vigor sexual que necesitaba para satisfacer a tantas mujeres. Decía que cultivar los placeres de los sentidos era su principal tarea en la vida. “Nunca he sentido otra más importante, me siento nacido para el otro sexo, siempre lo he amado y me he hecho amar por él cuanto he podido”.

Y otra amante del sexo y de las ostras era la reina María Antonieta, que también las utilizaba como afrodisiaco. Su fervor gastronómico-erótico la llevó a construir un criadero propio para autoabastecerse del molusco. Y es que gastronomía y erotismo siempre han resultado un buen maridaje. Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, hacía el amor con su mujer Martha susurrándole al oído nombres de postres mientras mantenía su cabeza en vilo colgando de la cama. Y para el director de cine catalán Bigas Luna comida y erotismo también van íntimamente entrelazados. Su glotonería preferida tiene su máxima representación en el pecho femenino “en la caricia de una teta se mezcla la comida y el sexo”, asegura. Algo que refleja frecuentemente en películas como La teta y la luna o Jamón, jamón.

Insaciables.
De Catalina I de Rusia, la Grande, cuentan que su matrimonio con Pedro I no resultó y tuvo que buscar cariño en brazos de otros hombres. Cada poco tiempo el inquilino de la habitación contigua a la zarina era sustituido por otro más joven, más apuesto o más acorde con los gustos de la emperatriz, que requería los favores de sus amantes hasta “seis veces al día”. Contaba con una media de 21 amantes fijos y al año disfrutaba de unos 80 jóvenes que estaban a su entera disposición.

Otro personaje sexualmente muy activo era el pintor Paul Gaugin, que necesitaba hacer el amor constantemente. La Polinesia fue su marco pictórico y si no encontraba una exótica amante que poseer a diario la inspiración se le escabullía, aunque tampoco le hacía ascos a algún que otro joven nativo. Otro hiperactivo en temas sexuales es el actor estadounidense Warren Beatty. La biografía Star: How Warren Beatty Seduced America, de Peter Biskind, cuenta que ha tenido a lo largo de su carrera 12.775 mujeres. La frenética actividad del protagonista de Esplendor en la hierba ha sido la comidilla de Hollywood durante años y entre su lista de amantes encontramos nombres de famosas como Natalie Wood, Jane Fonda, Diane Keaton, Madonna y muchísimas más. Joan Collins, otra de sus amantes, llegó a confesar que tenía que arrastrarse en ocasiones fuera de la cama para escapar del ímpetu de Beatty, ya que era insaciable. “Lo hacíamos tres o cuatro veces al día y era capaz, al mismo tiempo, de responder al teléfono”.

Sexo oral.
La emperatriz china Wu Hu, de la dinastía Tiang, la primera y única mujer que ha gobernado China, prohibió las felaciones al subir al trono porque decía que degradaban a las mujeres. Sin embargo exigía a algunos dignatarios gubernamentales e incluso a algún que otro embajador extranjero que le rindieran honores practicándole sexo oral a ella. Prácticas de las que queda testimonio en los grabados de la época. Y el sexto presidente de la III República de Francia fue más conocido por cómo murió que por lo que hizo en vida, ya que dio su último suspiro en el Salón Azul del palacio del Elíseo mientras su amante Marguerite Steinheil le practicaba sexo oral.

Otro presidente que pasará a la historia por esta afición sexual es Bill Clinton. Su relación “inapropiada” con Monica Lewinsky, que consistía en disfrutar de las felaciones que le proporcionaba la becaria en el Despacho Oval de la Casa Blanca, le costó un juicio. Todavía existe algún uso del nombre lewinsky como término para referirse al sexo oral.

Sitios raros.
El escritor Fernando Sánchez Dragó presume de haberlo hecho detrás de un confesionario en la catedral de Sigüenza, y asegura que ha tenido relaciones sexuales en otros lugares tan insospechados como el ferry que une Algeciras con Tánger o la barra de un bar de Torremolinos. El crítico cultural barcelonés Jordi Costa contó en una ocasión sobre los probadores de unos conocidos almacenes que “en ellos se da el mayor índice de adulterios de toda España”. Aunque en esto de montárselo fuera de la cama hay una famosa actriz que es mucho más clásica: Scarlett Johansson confesó a la revista Playboy que su fantasía sexual favorita era hacerlo en la parte trasera de un coche, algo especialmente peligroso para ella por la posibilidad de que le pille un paparazzi.

Fetichistas.
Uno de los fetichistas más confesos en vida fue Luis García Berlanga. “Algunos maliciosos piensan que el amor que le tengo al calzado me convierte en un pervertido. Lo que pasa es que este país trata mal a los aficionados al fetichismo. Tan solo se trata de una pulsión esteticista que no hace daño a nadie”, decía. En 100 españoles y el sexo el cineasta le contaba al escritor David Barba cómo nació su pasión fetichista por el calzado: “Es muy probable que mi madre tenga alguna responsabilidad en ello. Cuando era niño se reunía con sus amigas alrededor de una mesa camilla. Yo me escondía debajo y me pasaba la tarde viendo medias y zapatos”. Otro director de cine fetichista entregado a los tacones de aguja es David Lynch, y también Quentin Tarantino confiesa que adora los pies y en especial siente veneración por los de Uma Thurman. Esta fantasía también le pone a la cantante Madonna, que aparece en la carátula de su álbum Erótica chupándole un pie a la modelo Naomi Campbell.

Sado y bondage.
El escritor e historiador Roman Gubern afirma en su libro La imagen pornográfica y otras perversiones ópticas que el sadismo es un arte. Y entre estos artistas podemos citar a Catalina de Médici, noble italiana esposa de Enrique II de Francia, que disfrutaba azotando a sus criadas desvestidas en el trasero.

A la actriz y mujer desesperada Eva Longoria lo que le gusta es que la inmovilicen para darle placer. Eso sí, con seda. Lo suyo es el masoquismo, pero light. En una entrevista a la revista Cosmopolitan ha llegado a confesar: “Me gusta que en la cama me dirijan. Encuentro algo muy excitante en ser sumisa y no me disgusta que me aten con pañuelos de seda”. La cantante Amy Winehouse admitió en varias entrevistas que la encendía tener una sesión de spanking, o lo que es lo mismo, azotes en el trasero durante las relaciones sexuales con sus parejas.

Orgías e intercambios.
Trudie Styler, esposa del cantante Sting y madre de cuatro de sus seis hijos, reveló con desenfado a los millones de oyentes de una emisora norteamericana que al exvocalista de The Police le encanta verla con otras mujeres y que ambos son aficionados al intercambio de parejas, a los tríos y a visitar clubes de sexo. George Michael practica el dogging, es decir, el sexo al aire libre con desconocidos y ha sido visto en plena faena e incluso detenido en lugares públicos. Parques, aparcamientos, descampados o baños públicos son los lugares preferidos por el cantante. Y a Stanley Kubrick le fascinaban los clubes de intercambio y era un gran conocedor del tema, como reflejó en su película Eyes Wide Shut, protagonizada por Tom Cruise y Nicole Kidman.

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