Entrevista a Francisco de Pájaro en 2010 | “El arte es basura”

Roser Amills/ enero 23, 2014/ Agenda & presentaciones, CITAS CELEBRES, Clipping, Columnas opinión, Mi blog en La Vanguardia/ 0 comentarios

Conocí a Francisco de Pájaro en la calle, en 2010, y me maravilló lo que hacía y su particular visión del arte, de las galerías y de la calle, así que le entrevisté. La entrevista tardó en interesar a la prensa, nadie le conocía, y finalmente publicaron una doble página con muchas fotos en el Culturas de La Vanguardia. Aquí os dejo la entrevista completa, cuatro años más tarde, pues se ha puesto de moda y le están entrevistando en todas partes, pero está bien recordar que en 2010 no le hacían tanto caso como desde que se fue del país y empezaron a valorarle fuera ;))

Francisco de Pájaro | Entrevistado por Roser Amills (agosto 2010)

“Mi intención en pintura es ser sencillo, directo y espontáneo”

“Pinto mucho por angustia y muy poco por placer”

“El arte es basura es una crítica a la sociedad adormecida que me rodea”

“El arte sin transgresión es como el sexo sin orgasmo”

 

Cajas de cartón, retretes mellados, puertas de armario o cajas de cartón son el soporte que ha elegido, desde hace ya un año, el artista Francisco de Pájaro (Zafra, Badajoz, 1970) para contarnos sus historias de crítica social y reflexión artística. Me topé con sus piezas en la calle Elisabets –donde aparecen, como por arte de magia, casi cada noche- y quise localizarle: me cuenta que combina su arte con un trabajo de camarero en el centro, trabajo humilde pero que le permite financiar los pigmentos que utiliza para sus obras callejeras. Proviene de una familia sin recursos y se declara obrero por encima de todo, los soportes los busca en la calle y lo único que le importa es poder crear. Así ha forjado “El arte es basura”, lema con el que firma sus piezas y una coherente crítica a la sociedad adormecida que le rodea y a la consabida crisis que tanto merma la capacidad creativa de muchos artistas. Sin estudios, autodidacta y con influencias del mundo del cómic, es tímido y escurridizo. Tras una mala experiencia en una de las más importantes galerías de arte de Barcelona, ahora no quiere ya entrar en el circuito artístico convencional ni salir del anonimato: lo único que desea es poder seguir trabajando con libertad en su obra –escondiéndose de la guardia urbana, que no sabe aún cómo clasificar sus acciones y que no se muestra muy satisfecha con él-, obra que regala a los transeúntes del Raval o el Gótico sobre el material de deshecho que ellos mismos abandonan hasta la hora de recogida del camión municipal.

¿Cómo y por qué iniciaste “El arte es basura”? ¿por qué esa firma?
Surgió como reacción visceral. Hice una exposición en mayo de 2009 en una galería del centro, en la Plaza Real, y no se vendió un solo cuadro, la única venta fue una postal de dos euros. Para mí esa frustración fue una señal, me dolió, y comprendí que ahí empezaba una decadencia que me afectaba: la crisis también estaba mermando mi capacidad para expresarme artísticamente. Pero las crisis siempre son la espoleta de la creatividad genuina. Llevaba pintando desde 2004 en Barcelona, había mantenido un local-estudio hasta entonces y tuve que dejarlo todo y encerrarme sin poder pintar, sin espacio, sin aire. Sentí mucha rabia al verme encerrado entre las cuatro paredes de mi habitación, así que una tarde me lancé a la calle para expresarla. Ahora el arte para mí es pin, pan, punk… y la calle y su basura el único trocito que me queda de libertad para producir arte. “El arte es basura” es un pañuelo sucio empapado de lágrimas.

¿Qué querías expresar?
Me sentía decepcionado, dolido, llevo toda la vida trabajando como un obrero cualquiera pero a la vez me siento capacitado para dedicarme al arte por completo, pero es algo que está prácticamente vetado para los artistas que no encontramos influencias, subvenciones, apoyos… Así que decidí salirme del sistema, y entonces encontré la manera, con “El arte es basura”, de decirle al mundo que el arte no es más que un cúmulo de mierda sensible, dolorosa e ignorante, que para ser artista hay que probar e investigar con diferentes materiales. Hay que equivocarse, hay que solucionar problemas, hay que ensuciar.

 

¿En qué barrio empezó “El arte es basura”?
Frente a las galerías de arte de Consell de Cent. Buscaba soportes y materiales para pintar en casa y empecé a dejar algunas obras en los containers. Era mi manera de afirmar que abandonaba el circuito de las galerías para plasmar directamente mi obra al público de la calle. Después he hecho muchas intervenciones por el Raval, el Gótico, gracia, Pedralbes… Unos barrios me inspiran más que otros.

 

¿Cómo compaginas tu trabajo y “El arte es basura”?
Salgo de casa en cuanto termino de trabajar o aprovecho todo mi día libre. Voy siempre equipado con mis pinturas y pinceles, y en cuanto me llama la atención algún desecho me pongo manos a la obra. Paseo, observo, me dejo influir por lo que descubro. La tele se me estropeó un día y la convertí en una pieza más de mi colección efímera, la pinté y coloqué en una esquina de Plaza Cataluña, representaba una cabeza de toro rabioso. Cuando me siento intranquilo utilizo el acrílico y hago “pintura rápida” en la calle, y cuando estoy tranquilo en casa pinto al óleo y encuentro así la relajación. Me sorprendo a mí mismo cada día y sé que éste es mi suicidio laboral.

¿En qué consiste el “suicidio laboral”?
Soy consciente de que por mi arte he dejado pasar muchas oportunidades de promocionarme en una profesión más razonable. Actualmente trabajo para subsistir y poder comprar los materiales que utilizo para mi obra. Es lo único que me importa actualmente. Y por esta convicción he renegado de una vida más cómoda, incluso de tener pareja o llevar una vida social convencional. Todo lo estoy dedicando a mi obra porque yo sí creo en ella.

 

¿No te duele que tus obras sean efímeras?
En la calle he encontrado mi galería, mis soportes, y he descubierto que así consigo mostrar mi obra con mucha más eficacia de lo que lo había conseguido antes con exposiciones colectivas o individuales. Ahora sé que no quiero desperdiciar mi vida trabajando en grandes pinturas que sólo interesarán a un puñado minoritario de personas que sin embargo quizás no entiendan lo que quiero expresar porque viven en otro plano: yo hablo de los problemas de los obreros, del hombre de a pie. Por eso no me duele lo que estoy haciendo ni cómo lo hago, sino que me llena.

 

¿Cuál es tu mensaje?
Hay que ser auténtico, hay que ser uno mismo. Mi vida no la concibo sin poder crear. No tendría sentido. Así que primero pretendo alegrarme la vista, perturbarme y reflexionar una vez terminada cada acción. Represento a la gente, a la condición humana. Trato de mostrar mis sueños o pesadillas. Soy muy sensible y eso se nota en mi pintura. Posteriormente, quiero ofrecerla y compartirla con la gente de la calle, la que quizás no entra en las galerías de arte pero sabe apreciarla si se la encuentra en frente. Es inconformismo visceral, quiero decirle a la gente que se dejen ya de tonterías, que no todo es dinero, que se pueden hacer las cosas en las que uno cree sin pensar en su valor material.

¿Cómo reacciona la gente ante tus intervenciones?
El arte posee un interés limitado para la mayoría de la población. Y si la encuentran interesante es generalmente por unos segundos. En este proceso de “El arte es basura” he conseguido aceptarlo y enriquecer mi capacidad expresiva precisamente por eso, he renegado del valor de los materiales que utilizo. A menudo se sorprenden cuando ven que pinto en los escombros, en la basura, le doy vida unos instantes más a lo que parecía que ya no la tenía, hago sonreír, reflexionar… algunos simplemente miran, otros preguntan. Salir a la calle te aporta seguridad en ti mismo, en lo que haces. Yo era muy tímido y gracias a pintar en la calle he logrado superarlo, ir más allá.

Se supone que pintando desechos no infringes ninguna ley, ¿es así?
Sí y no, tengo ya un par de multas. En Portal del Ángel encontré un contenedor lleno de cajas, lo modifiqué, estaba trabajando recolocándolas, pintándolas, cuando llegó la Guardia Urbana y me acusaron de invasión de la vía pública. Hay ordenanzas antivandálicas que según quién las lea pueden incluirme o no. Reconocieron, antes de irse, eso sí, que me estaban parando porque “si te dejamos a ti ahora, luego vendrán más”.

francisco de pajaro roser amills 2010 4

¿Qué te inspira?
La idea y la inspiración llegan solas. Me expreso sobre cualquier escombro inútil abandonado, como un hombre primitivo pintaba para su tribu, yo lo hago para la sociedad renegando del valor económico. Gracias a este soporte libre y cambiante todo cuanto produzco es espontáneo, es mi revolución, mi lucha y mi esfuerzo por entender el mundo en el que vivo y precisamente ésa es mi libertad para crear sin ánimo de lucro, genuina libertad expresiva.

¿Formas parte de algún colectivo artístico?
No, voy por libre porque no quiero que nada ni nadie me perturbe. Antes de iniciar este proceso solía decir que sí a todo, pero ahora he aprendido a elegir por mí mismo, me siento más seguro. Creo en lo que hago y he encontrado mi motivación en expresarme libremente sin tener que pagar nada por ello más allá de las pinturas acrílicas que utilizo.

¿Te has impuesto algún plazo?
Ahora mismo lo hago porque lo siento de verdad, y cuando note que ya no tengo esa luz quizás tome otro camino. Estos meses he viajado a Berlín y he pintado también en las calles de esa ciudad, aunque ahí encontré muy pocos escombros tirados por la calle y me costó más. Me gustaría poder en un futuro próximo probar en otras ciudades.

En la calle te sucederán todo tipo de anécdotas, ¿nos puedes contar alguna?
Un día descubrí a un vagabundo que estaba pidiendo limosna frente a un butacón que había pintado unas horas antes y que había convertido en una boca enorme que representaba el consumismo. El hombre estaba haciéndoles creer a los transeúntes que lo había hecho él. Me gustó. Otro día estaba realizando una composición compleja y cuando estaba ya a punto de terminar decidí apartarme para tomar aire y descansar. Entonces escuché a una mujer que móvil en mano llamaba a alguien para que se acercara con una furgoneta porque había “un montón de cuadros tirados”. Me acerqué para continuar y ella me agarró por el brazo y me espetó “eh! Es mío”. Fue divertida su reacción cuando le expliqué que lo estaba pintando y que necesitaba que me dejara terminar. También me ha hecho gracia saber que Esther Koplowitz sea la propietaria de la contrata de la recogida de basura de Barcelona, quizás está ampliando su colección de arte.

¿Te ha influido Banksy?
Sí, él es muy inteligente, admiro su obra. Nos hace tomar conciencia de nuestros males cotidianos con eficacia. Admiro a los artistas que hacen lo que hacen por amor al arte, porque lo sienten de verdad. Mi pintura tiene algo de Picasso, Dalí, Bacon… Tengo especial predilección por la obra de Frida Kahlo, por su autenticidad expresiva. Por otro lado, a mí me influye todo.

¿Cuál es la diferencia entre tu obra y un graffitti?
Utilizo pintura acrílica al agua, tizas… materiales fáciles de limpiar, efímeros. No me siento artista urbano tal como lo entienden los grafiteros, lo mío es siempre sobre los escombros y perecedero, fugaz. No busco dejar huella como los que van plasmando su firma por fachadas y portales. Me tomo la pintura muy en serio, no busco lucirme ni marcar la ciudad. Nos parecemos en que hacemos algo en la calle, y por estar en la calle coincido con ellos a menudo. Con un chaval estuve un día hablando de que me parece genial que quiera dejar su firma, pero que sería mucho mejor para él mismo y para los demás que encontrara la manera de ir más allá, trabajando duro en su obra para decir algo que merezca la pena.

¿Te reconocen por la calle?
Sí, ha empezado a suceder, trabajo de cara al público en un bar y a veces, cuando estoy con la bandeja en la mano me saludan y me preguntan qué qué voy a pintar ese día. Me gusta que me pidan que siga, que no abandone, que me digan que se sienten identificados. Motiva comprobar que hay gente que lo agradece, tengo seguidores que a través de Facebook cuelgan sus fotos, que comentan lo que les ha gustado más, los temas que les llegan. También hay gente que no es tolerante con ciertos cuadros que pinto, no se puede contentar a todo el mundo. Mi mayor ilusión ahora sería poder recopilar las fotos de mi obra efímera en un libro y sobre todo empezar a encontrar a otros que quieran hacer algo parecido, que se abra la calle al arte, sentir que no estoy solo.

FICHA
Francisco de Pájaro nació en Zafra (Badajoz) en 1970. Pintor autodidacta, en 1990 comienza a pintar locales de ocio en su pueblo natal, con muchas influencias del mundo del cómic. En 1994 se saca el graduado escolar e inicia los estudios en la Escuela de Artes y Oficios de Mérida. Pudo seguir las clases durante un año y medio, pero por problemas económicos se ve obligado a dejarlo y regresar a su ciudad natal, donde es cofundador de Rotuletto, un pequeño negocio dedicado a la imagen corporativa y a la decoración artística.
En 2002, tras la muerte súbita de su socio en un accidente, decide dejarlo todo para dedicarse por completo a la pintura. Viaja a Londres, donde reside casi dos años, pero alguien le habla de Barcelona y de las ventajas que esta ciudad puede ofrecer a su potencial artístico. Desde 2004 trabaja en la ciudad Condal en diversos oficios que nada tienen que ver con el arte y dedica todo su tiempo libre y sus ingresos a desplegar su obra por las calles para comunicarse con un público efímero, el de los ciudadanos de a pie, que es a quienes dedica todo su particular lenguaje pictórico.
Web: Art is trash
Youtube: El arte es basura
Facebook: Francisco de Pájaro

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