Artículo · revista Tu Salud · hacia 2000
Nadar es una diversión universal y una fuente de placer para niños y adultos de todas las edades y culturas; además, enseñar a los más pequeños a defenderse en el agua cuanto antes resultará sin duda una excelente medida de seguridad para disfrutar de un verano sin riesgos.
La natación es una actividad que proporciona a los niños un enorme placer a la vez que fortalece su corazón y sus pulmones. No en vano en la Grecia y la Roma clásicas era una de las primeras actividades que se enseñaba a los hijos. En general, masaje, movimiento y natación aportan a los padres un sinfín de posibilidades de entablar con los más pequeños una relación muy profunda y comunicativa.
Si deseas disfrutar de un verano agradable y divertido con tus hijos… ¡debes empezar ya a prepararte adecuadamente para ello!
Los beneficios de la natación
La natación es uno de los deportes más completos: mejora la circulación y la respiración, abre el apetito, fortalece el corazón y los pulmones, permite que el cuerpo se sienta ingrávido y libre… En suma: facilita al niño un movimiento armónico de su cuerpo y un equilibrado desarrollo de la fuerza y la flexibilidad en general.
Enseñar a tu hijo a nadar constituye una parte muy importante de su cuidado y educación, puesto que no sólo le abrirás las puertas a una nueva y divertidísima área de juego y exploración, sino que además, enseñándole un mínimo de técnicas de natación, protegerás su vida en el agua o sus inmediaciones y aumentarás su seguridad en sí mismo.
Sus primeros chapoteos
Aproximadamente a partir de los tres meses, cuando el bebé ya ha adquirido cierto grado de movimiento de la cabeza y fortaleza en sus brazos y hombros, se considera que está preparado para iniciar juegos y relaciones de aprendizaje mucho más activos, como es, por ejemplo, el caso de la natación.
Si decides iniciarle a esta edad, verás que tienes muchos factores de tu parte, ya que los bebés se acostumbran de forma natural al agua: ¡no en vano han pasado los primeros nueve meses de su vida en un entorno acuoso!
Tras el nacimiento, es característico que contengan la respiración de forma instintiva y realicen movimientos natatorios reflejos, como si todavía estuvieran inmersos en el líquido amniótico de la placenta.
Los momentos que paséis juntos en el agua —desde meteros en la bañera hasta enseñarle a nadar— pueden convertirse en una porción de tiempo delicioso para ambos, tanto para ti como para tu hijo.
Si le introduces con regularidad en el agua durante el primer año, lo más probable es que aprenda a nadar sin ayuda aproximadamente a los tres años, aunque no debemos olvidar que cada niño progresa a su propio ritmo.
Para mantener un equilibrio y evitar traumas que podrían problematizar el aprendizaje, cuando vayáis por primera vez a la piscina o a la playa cerciórate de que el agua está aproximadamente a unos treinta grados centígrados.
Deja al niño en pañales y dedica los primeros minutos a nadar con él cerca del agua, permitiendo que, a su propio ritmo, el pequeño se acostumbre a todos esos nuevos sonidos y sensaciones.
A la hora de entrar en el agua, tómatelo con calma y mete al bebé poco a poco. Si tú estás tranquila, él lo estará. Abrázale, déjale chapotear un poco y cuando te parezca que tu hijo está preparado, empieza a hacerle flotar. Si vieras que se muestra descontento o asustado, vuelve a empezar todo el proceso más lentamente en cuanto se calme y háblale con afecto.
Un juego: para que se sienta más cómodo con el agua a la altura de loa hombros, anima a tu pequeño a que sople con la boca sobre el agua haciendo burbujas.
Un consejo: asegúrate de mantener contacto visual en todo momento. La sesión debe limitarse a unos quince o veinte minutos.
Técnicas de natación para los que ya caminan
No importa la edad a la que el niño aprenda a nadar: lo importante es que aprenda: tarde o temprano tu hijo querrá pasar gran parte de su tiempo cerca del agua y, si sabe nadar, la experiencia será mucho más divertida para él y tú te ahorrarás un sinfín de inquietudes.
Las técnicas que presentamos a continuación cuentan con la aprobación de la “Asociación de Nadadores Aficionados” británica y son aplicadas con frecuencia por los monitores profesionales para enseñar a los más pequeños las pautas elementales de la natación.
Las 4 Técnicas fundamentales para aprender a nadar jugando
1. Preparados, listos… ¡ya!
Si los pequeños saben sumergirse solos bajo el agua, cogerán más confianza y no se pondrán nerviosos cuando se les salpique accidentalmente.
Mira a tu hijo a los ojos, y a la voz de “¡preparados, listos, ya!” levántale en el aire y bájale inmediatamente dejando que el agua le salpique los hombros. Repítelo varias veces y en cada nuevo “¡preparados, listos, ya!” ve bajándole gradualmente hasta que el agua le llegue a la barbilla, bajo la nariz… y la cabeza entera. Sácale enseguida y abrázale, animándole y felicitándole por su proeza.
2. Mamá, ¿cómo se flota?
Cuando tu hijo tenga suficiente confianza como para relajarse en el agua sin miedo podrá flotar sin ayuda. Aprender a flotar por sí mismo aumentará su autoconfianza y hará que relaje por un rato tanto su cuerpo como su mente.
Intenta apoyar su cabeza en tus hombros, sujetando toda su espalda con las manos y los brazos. Cuando sientas que se ha relajado, deja de sujetarle de forma gradual hasta que sólo aguantes su cabeza. Quita también la mano y estáte atenta a su reacción. Repítelo en diversas sesiones hasta que veas que aprende a flotar solo.
3. El entrenamiento básico: patalear, estirar los brazos y mantener el cuerpo horizontal sobre el agua.
- Tumba al niño boca abajo en el agua y coloca tus manos bajo la parte superior del pecho. Anda despacio hacia atrás, arrastrándole lentamente.
- Apoya su cara en tu hombro y sujétale una pierna con cada mano. Muévele despacio por el agua, repitiendo “¡patalea, patalea!” mientras le enseñas cómo hacerlo.
- Sujétale la parte superior de sus brazos y muévete despacio hacia atrás animándole a que patalee solo. Agarrarse a la orilla y patalear ayuda al niño a fortalecer las piernas.
- Para reforzar el movimiento de los brazos, practica extendiéndoselos tú primero, bien rectos, mientras atravesáis la piscina caminando.
- Anima a tu hijo a que nade entre otro adulto y tú. Al principio la distancia debe ser de un metro y cada uno debe coger al pequeño cuando el otro lo suelte. Id separándoos gradualmente dejándole que dé algunas brazadas.
1. Lo más divertido: ¡saltos y chapuzones!
Saltar se puede convertir en una actividad irresistible para ellos, así que mejor que lo aprendan a hacer bien y sin peligro.
- Entra en el agua y siéntale en el borde de la piscina y sujetándole por las axilas. A la voz de “¡preparados, listos, ya!” métele en la piscina salpicando mucho.
- Cuando haya cogido confianza, repítelo con el niño de pie: agárrale de ambas manos y anímale a saltar. Deja que se sumerja un poco y ayúdale a salir.
- El siguiente paso es dejar que salte a tus brazos. Cuando le cojas, deja que se sumerja un poco.
- ¡Ah! Después, enséñale a salir: anímale a elevar una pierna hasta la barandilla y subir su cuerpo hasta el borde de la piscina. Al principio, puedes ayudarle dándole un empujón en las nalgas.
un juego: Anímale a avanzar, agarrado a su flotador, hacia un objetivo concreto: una boya, la orilla, su papá… Este incentivo le ayudará a olvidar sus temores iniciales.
Un consejo: Si enfocas cada etapa de estas cuatro técnicas básicas de aprendizaje como un juego afectivo, dejando que sean las respuestas de alegría de tu hijo las que te guíen, verás cómo el pequeño disfruta y aprende rápidamente.
La playa adecuada
Es aquella que no resulte peligrosa (rocas, grandes olas…) ni presente aglomeraciones.
Prioridades: zonas de sombra, buena temperatura, servicios públicos, personal de salvamento cercano y agua poco o nada contaminada. Huir de las zonas de medusas, ya que nos pueden dar un desagradable susto.
La elección del equipo
Los expertos consideran que los manguitos son lo más seguro y adecuado para que el niño aprenda a nadar. Hay que verificar que tengan cierre de seguridad y que estén bien hinchados antes de cada chapuzón. Los tradicionales de aro son peligrosos, ya que pueden volcar y dejar al niño boca abajo.
El ayudante de urgencias: un buen cuento
Si de pronto a tu hijo le da por llorar y no hay quien le convenza de que el agua no puede hacerle nada, sólo te queda una medida de urgencia que casi nunca falla:
- Explícale algún cuento en el que aparezcan personajes acuáticos –fantásticos o reales– y anímale a imitarlos.
- Puedes empezar con las Tortugas Verdes Gigantes de la Isla Fantasía que se arrastran por la arena y se dejan acariciar sus patas por las olas, o bien los traviesos caballitos de mar, o una inmensa ballena que salpica a papá…
- Las posibilidades son infinitas, sólo tienes que utilizar tu imaginación.
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