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Los suegros y el sexo: sección «Me gusta el sexo» de Roser Amills en Unbreak (2013)

Columna · revista Unbreak · septiembre de 2013

Página de la revista Unbreak de septiembre de 2013 con la columna «Los suegros y el sexo», de Roser Amills, en la sección Me gusta el sexo

Columna de Roser Amills en la sección «Me gusta el sexo» de la revista digital Unbreak, número de septiembre de 2013.

Los suegros y el sexo

—¿Es la casa del señor Fernández?

—Sí, aquí el señor Fernández.

—Le habla la policía, tenemos aquí en comisaría a su suegra.

—¿Qué ha dicho?

—Nada.

—Entonces, no es mi suegra.

—Mariano, ¿tú qué opinas de la felicidad?

—Pues, no sabría decírtelo; mi suegra siempre ha vivido con nosotros.

Suegros y sexo: crisis por intromisión

Todos necesitamos un territorio —ya sea el sofá, un lugar en la mesa o una habitación en casa libre de intromisiones…— porque somos eso, ni más ni menos: somos animales territoriales.

Hacer vida independiente como pareja requiere madurez y autonomía, saber priorizar a la familia propia y en ocasiones también abandonar actitudes comodonas y egoístas. No todo el mundo está preparado para ello, pero para lo que no está preparado nadie es para relacionarse con los suegros. Son un mundo aparte!!!

Sin embargo, la crisis económica ha propiciado en los últimos años que cada vez más matrimonios se hayan visto en la tesitura de pedir ayuda a los suegros o, incluso, alojamiento en su propia casa, en la que ya hacían de canguro con los nietos. Y cómo se sobrevive a eso…?

Una mujer o un hombre no están obligados a convertirse en bruja malvada o en ogro cascarrabias cuando «ensuegrecen», pero hay una tendencia bastante generalizada y hay que estar preparados para no llevarnos una sorpresa. Me gustaría tener la receta mágica, pero de entrada ya os confieso que yo no predico con el ejemplo y los suegros sucesivos de mis relaciones de pareja han estado muy bien en su casa, y yo en la mía, por si acaso.

Es un tema delicado: honrosas excepciones aparte, el día a día con los suegros se puede ilustrar con frases como:

en la cocina: «Tú hazlo como te parezca, pero yo lo haría así…»

a la hora de organizar la casa o a los niños: «no es que quiera decirte cómo tienes que hacer las cosas, pero yo creo que…»

o en cualquier otra situación: «trae, ya lo hago yo».

En fin, frases insoportables y mucho más habituales de lo razonable que minan la convivencia, y que repetidas a lo largo y ancho de cada jornada terminan con los nervios de cualquiera y, cómo no, también con la libido de la pareja.

Seamos previsores:

Si vas a vivir a casa de los suegros no te hagas ilusiones: las normas las imponen ellos y la negociación es, más que dura, imposible.

1) Vivir con la familia política no significa hacer todo juntos, ni las mismas cosas. Déjalo claro de entrada, y si no lo ves claro no caigas en la trampa y huye.

2) Reserva cada día un espacio de intimidad para cada adulto, no solo para cada pareja, para hacer lo que uno quiera: los suegros que exigen que veas la tele con ellos o que les ayudes a organizar las maquetas de barcos de palillos son una pesadilla.

3) Si hay personas mayores, conviene especificar qué atenciones necesitan y quiénes les atenderán. No podemos pedir a nuestra pareja o al resto de la familia que «sacrifique» su vida haciendo de enfermero o enfermera, aprovechando eso de “ya que estás”.

Y búscate un piso para independizarte cuanto antes, esto sólo funciona una temporadita en la que tendrás que derrochar altas dosis de afectividad, sensibilidad hacia el estado de los demás, disponibilidad, tolerancia, generosidad, habilidad para la comunicación positiva, control de nuestras emociones negativas y sentido del humor (pero no cuentes chistes de suegras o morirás).

Caso real para que los lectores opinen y cuenten sus experiencias de verano con los suegros:

las relaciones con la familia política son la causa más frecuente de conflicto en la pareja. Veamos un caso práctico:

Mis suegros, cuñada y resto familia política viven a 1200 km. Mis suegros tienen 84 y 82 años. Físicamente están bien, con lo típico de la edad. Mi marido tiene 1 mes de vacaciones al año.Quitando el año de la boda, vamos a su casa cada verano. Él dice que SÓLO PUEDE VER A SUS PADRES Y RESTO FAMILIA EN VACACIONES. Pero yo no puedo más: no quiero tener que esperar » a que se mueran» para poder disfrutar las vacaciones a solas con mi marido en otro sitio que no sea la casa de mis suegros. Hace 5 años que estamos juntos. ¿CÓMO REPARTO LAS VACACIONES? Mi suegra, mi suegro y mi cuñada nunca estarán contentos porque quieren ver más a su hijo-hermano pero yo quiero disfrutar de mis vacaciones. A veces me desespero, y no sé qué hacer y discutimos.

Posibles consejos para este caso:

Solución salomónica: quedar para pasar las vacaciones en un lugar que se encuentre en una zona intermedia. En dos apartamentos distintos, mejor aún, así aprovecharíais además parte del tiempo para estar a solas.

Si lo que no te apetece es tener que estar todos los años visitándoles, explícale con calma y muchos meses antes a tu pareja que quieres disfrutar de tu tiempo con él y si no te queda más remedio, que no te niegas a visitar a su familia pero que debe reducirse vuestra estancia como mucho a una semana. 7 días pasan rápido…

Vídeo para ilustrar el tema: escenas de “una suegra de cuidado” para comentar:

Protagonizada por Jennifer López, que es la nuera en crisis, esta película cuenta cómo una suegra trata de estropear la relación de pareja de su hijo durante las vacaciones… con muy malas artes:

¿Qué molesta más de los suegros y suegras?

De los suegros muchas veces lo que nos molesta son gestos aparentemente inofensivos… y cómo expresarlo? He encontrado algunas claves en el libro de Sylvia Bigelsen: Te quiero a ti, pero tu familia…

Este libro, editado por Mondadori hace ya años pero que se sigue vendiendo de maravilla en Amazon, da las claves para aguantar a los suegros sin acabar con el matrimonio. He aquí algunos buenos consejos del libro:

Ante un problema o una desavenencia, la pareja debería hablar de la situación con toda sinceridad y sintiéndose cómplices, no enemigos

Esforzarse al máximo para entender a la persona problemática: el suegro o la suegra pueden tener baja autoestima, afán de perfeccionismo o manías que no controlan, no nos tomemos demasiado a pecho lo que hacen, no lo hacen a propósito

Asumir que la situación no es tan extrema ni para toda la vida: va muy bien tomarse las cosas con sentido del humor

Estrategias para defendernos cuando las cosas se ponen feas:

Anécdotas retorcidas, malvadas, graciosas, para llorar, para reír… Cada caso es distinto, pero si hay conflicto, lo que sí te puedo asegurar es que hay que ayudar a que la conversación termine cuanto antes:

Si tu suegro o suegra ataca diciéndote justo lo que menos soportas, prueba a esquivar sus palabras con gestos mudos.

Consiste en responder con el lenguaje corporal: mirar al agresor con los ojos exageradamente abiertos como si tuvieras delante a un extraterrestre. Eso le incomodará y te hará establecer distancia con lo que está pasando, e incluso tomártelo con humor.

Utiliza al máximo el comentario monosilábico, es seguro y no te compromete ni para bien ni para mal: «Vaya», «qué cosas», «qué pena», «no me digas»… Es un tipo de respuesta idóneo para ahorrar energía e ir esquivando la discusión.

La desviación. Hablar de un tema completamente distinto, con todo el morro, es cuestión de supervivencia.

Los cumplidos: dile algo bonito, no se lo espera y conseguirás neutralizar el ataque. Y sonríe, aunque sea forzado, eso desarma al enemigo y te permite ganar tiempo.

Problemas más habituales:

Los suegros critican la educación de los niños: cuando la suegra desautoriza a la nuera en las pautas educativas, incluso delante del hijo-marido y éste no se posiciona al lado de su mujer. Es entonces cuando saltan chispas que pueden dar lugar a un gran incendio

Aceptan mal su cambio de rol en la familia: deben entender que ya no son el ombligo del mundo: «es que a mi madre le gusta…, es que mi padre dice…» porque irrita profundamente a la pareja.

Chantaje emocional: «mis padres cuidan de los niños, así que deja que hagan y digan lo que quieran»: El hecho de cuidar a los nietos no da ningún derecho, por ejemplo, a que la suegra ordene a su manera la nevera

Discusiones por hijo o hija enmadrados:

A algunos hombres, no a todos, les cuesta separarse emocionalmente de la madre, sobre todo cuando ha sido muy sobreprotectora. En estos casos es habitual que las suegras sean muy controladoras y empleen con gran maestría el chantaje emocional, sirviéndose de los sentimientos de culpa de su hijo para lograr sus propósitos y llevar cualquier tema a su terreno. Ojo con estos casos y una pregunta: ¿seguro que quieres pasar tu vida con un inmaduro enmadrado?

Hablar mal de la familia política:

Yo puedo decir, por ejemplo, que mi madre es muy pesada y se mete en todo, pero no puedo soportar que lo diga mi pareja. Pues al otro le pasa lo mismo, así que cuidadín.

Claves para evitar los roces:

Nunca se debe coaccionar a la pareja con frases como “a mi madre le gustaría mucho que pasáramos unos días con ellos”: las decisiones deben tomarse de mutuo acuerdo, o te convertirá en enemigo y ya no habrá ni sexo ni sonrisas ni nada de nada.

Marcar límites: si no quieres viajar o comer o lo que sea con los suegros, no cedas por quedar bien ni una sola vez o te arrepentirás luego… Los límites deben plantearse desde el principio de la relación para dejar las cosas claras, no dar lugar a equívocos ni discusiones

Tener paciencia… sin hacernos mala sangre, no pretendas ir de santo o de santa porque no compensa: cuando se pasen, hay que decirlo (de buenas maneras, sin perder los papeles) y jamás permitir que invadan los espacios de la pareja. En vuestro dormitorio no entra nadie. NADIE. Repetidlo, poned una nota de recordatorio en la puerta de la nevera… lo que sea, pero que quede claro. ¿O acaso quieres que revise tus tangas una suegra cotilla o que el padre de ella opine sobre los estampados de tus calzoncillos?

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