Artículo · hacia 1999
Según las más recientes teorías sobre neurología, la creatividad, la memoria, la inspiración o el optimismo dependen directamente del equilibrio químico de nuestro cerebro. ¿Qué podemos y debemos hacer para mantenernos cerebralmente en forma?
El cerebro del ser humano, ese kilo y poco más de células y diversos jugos neurales, posee un tamaño tres veces superior al de nuestros antecesores directos, los primates. A lo largo de millones de años de una evolución lenta pero constante, esa masa encefálica inicial ha ido creciendo y desarrollando toda una serie de funciones y derivaciones que constituyen nuestro intelecto actual, ese todavía “gran desconocido” para la ciencia contemporánea.
Frenar el envejecimiento neuronal
No obstante, durante los últimos años la medicina moderna está entrando a pasos de gigante en el misterioso e ignoto mundo de nuestra red neuronal y cada vez que se desvela el más mínimo detalle referente a su estructura, funcionamiento o composición sentimos que se está profanando un lugar sagrado.
Hasta hace poco los científicos pensaban que el cerebro era un órgano estático, pero las nuevas tecnologías de la última década (como las exploraciones de tomografía axial de positrones y la resonancia magnética nuclear) han demostrado que se puede regenerar por sí mismo. De ahí, de esta nueva y revolucionaria visión de nuestra materia gris, ha emergido precisamente la teoría que baraja la posibilidad de frenar el envejecimiento neuronal –e incluso rejuvenecerlo– mediante una serie de acciones internas y externas que puede aplicar –en cualquier momento y lugar– el propio interesado.
Degeneración cerebral y estrés
Todos los neurotransmisores que conforman la mágica alquimia del pensamiento cumplen durante nuestra vida un papel mucho más importante de lo que imaginamos. Por ese motivo, si tratamos de mantener cierto equilibrio lograremos que nuestro intelecto, neuronas y memoria no se degeneren con excesiva prontitud.
Sin embargo, la realidad dista mucho de esta norma de comportamiento armónico, ya que vivimos en una sociedad regida por una velocidad y competitividad constantes; la actividad laboral se suele desarrollar de un modo frenético y bajo un alto nivel de exigencia; pocos son, en consecuencia, los que escapan del enemigo público número uno, el estrés, relacionado con un apabullante aumento y precocidad de enfermedades degenerativas como el Alzheimer.
El estrés consiste en una liberación de adrenalina para hacer frente a las tensiones diarias, aunque por desgracia a largo plazo también nos provoca migrañas, úlceras, hipertensión y todo tipo de dolencias psicosomáticas. Además, no todo se queda en esto, ya que la reacción del estrés tiene algunos otros efectos secundarios devastadores: puede hacer estragos en el corazón y en el aparato circulatorio e intoxica nuestro cerebro con sustancias nocivas que lo colapsan y deterioran.
La conclusión es que si se vive estresado durante años –y eso es lo que suele sucedernos a casi todos nosotros– el resultado será una lenta pero progresiva lesión de miles y miles de neuronas.
La dieta y el rendimiento cerebral
Según Dharma Singh Khalsa, especialista en gerontología y medicina antienvejecimiento y autor del libro publicado en España por Ediciones Urano bajo el título “Rejuvenece tu cerebro”, seguir un conjunto de principios dietéticos claros y factibles puede favorecer y mejorar la regeneración cerebral hasta un grado difícil de creer.
Su teoría consiste básicamente en que la mala alimentación favorece el deterioro del cerebro: los alimentos industriales, un bajo nivel de azúcar en la sangre debido a un continuado desorden en el horario de las comidas, grandes carencias vitamínicas causadas por una alimentación desequilibrada o monótona…
El régimen diario de una persona que quiera seguir un programa de longevidad cerebral distará poco de las opciones alimentarias que toma cualquiera que desee llevar un estilo de vida sano, porque la terapia nutricional es una panacea que, como se ha demostrado en numerosos casos, puede aplicarse a casi todas las dolencias con un gran margen de éxito del tratamiento.
El ejercicio físico
¿Qué efectos produce el ejercicio físico sobre el cerebro?
- favorece la regeneración
- reduce el estrés
- estimula el metabolismo neuronal
- disminuye la depresión
- baja la tensión arterial
- contribuye a estabilizar el nivel de azúcar en sangre
- se estabilizarán tanto el ánimo como la energía metabólica
- también se verá estimulado el sistema inmunológico
- por último, se facilitará el fortalecimiento de los huesos
No cabe duda: los beneficios para el cerebro y el cuerpo en general convierten el ejercicio en una inmejorable apuesta por un mayor bienestar.
El ejercicio mental
Los científicos modernos han confirmado una verdad que los yoguis de la India ya conocían y practicaban desde hace miles de años: pensar, relajarse y meditar agranda y regenera el cerebro.
1) Control del estrés: la actitud recomendada es evitar en lo posible las situaciones de estrés, así como reducir la ingesta de café y sustancias excitantes. Si en un determinado momento se está nervioso, lo más adecuado es dar un paseo o escuchar una pieza de música relajante: cualquier recurso será útil con tal de que nos ayude a huir del estrés.
2) Control de la respiración: una respiración larga, lenta y profunda es la forma básica de recuperar el aliento cuando los problemas empiezan a agobiarnos demasiado. Hay que inspirar por la nariz y tratar de llenar los pulmones por completo dejando que se eleve el abdomen; acto seguido, espirar lentamente con la boca entreabierta y tratar de concentrar el pensamiento en esta acción.
3) Meditación: el Yoga (procedente de la India) o el Chi-kung (que re remonta a los orígenes de la Medicina tradicional China) representan el más antiguo arte de la regeneración celular. Su práctica regular favorece la memoria, excita y vigoriza las glándulas endocrinas, es neuroprotectora y actúa sobre el envejecimiento.
Un buen ejercicio para iniciarse: consiste en sentarse con la espalda recta y el cuerpo relajado: cerrar los ojos y tratar de concentrar la mente en un punto situado en el entrecejo; una vez localizado este círculo luminoso tratar de mantenerlo alejando con suavidad cualquier otro pensamiento.
Plan de un día para frenar el envejecimiento neuronal
1. Saludar el día con vigor y calma: escuchar música y realizar suaves estiramientos felinos nada más despertar.
2. Si es posible, ejecutar a esta hora ejercicios de meditación.
3. Desayuno nutritivo: frutas con yogur y cereales.
4. A lo largo de la jornada, hacer un esfuerzo por evitar el estrés.
5. Comida equilibrada: empezar con un zumo de frutas, verduras frescas hervidas, pan integral y legumbres (soja, garbanzos…) Si se toman complementos vitamínicos o minerales, éste es un buen momento.
6. Leer: en opinión de muchos investigadores, enriquece y ejercita el intelecto, ya que estimula a la vez los dos hemisferios cerebrales y el sistema límbico
7. Cena ligera rica en hidratos de carbono para no interferir en el sueño. Existen dos maneras de alargar la vida: comiendo de un modo equilibrado y frugal y reduciendo las pasiones negativas al máximo.
8. Ejercicios de relajación para desconectar de los problemas cotidianos; ayudan a recuperarse del agotamiento de la jornada y propician un sueño reparador, la imprescindible base de una correcta regeneración cerebral.
9.
Los enemigos más peligrosos de las neuronas
- Alcohol: sobrepasar tres copas de vino a la semana disminuye nuestra memoria y envejece prematuramente el cerebro.
- Tabaco: la nicotina afecta al riego sanguíneo y disminuye nuestra capacidad de atención y retentiva.
- Trastornos hepáticos: se ha comprobado que quienes padecen este tipo de problemas reducen su capacidad de memoria alcanzando, incluso, niveles preocupantes de amnesia.
- Falta de descanso: ¡cuidado! la retención y la asimilación de lo que hemos aprendido a lo largo del día se consolida durante el sueño.
Decálogo de la “Dieta de la longevidad cerebral”
En esta dieta no consiste en una serie de planes de comidas, sino en un conjunto de sencillos, claros y factibles principios a seguir.
1. Evitar las grasas: una mala circulación impide la regeneración neural.
2. Equilibrio: Elegir preferiblemente los alimentos más ricos en nutrientes; las calorías vacías no nos aportan nada y nos obligan a gastar nuestra valiosa energía digiriéndolos y eliminando sus toxinas.
3. Stop a la hipoglucemia: la glucosa es el combustible cerebral y si el nivel en sangre baja el cerebro funciona mal.
4. Comer ligero: está demostrado que éste es un factor recurrente en los longevos.
5. Más alimentos biológicos: los pesticidas y conservantes son un factor muy perjudicial para el organismo en general y deben evitarse en lo posible.
6. Cereales: durante la primera fase del programa los cereales constituirán un 50% del consumo calórico.
7. Frutas: el otro 25% deberá estar formado por fruta y verdura frescas.
8. Yogur: es el mejor producto lácteo, ya que aporta al intestino las bacterias que optimizan la digestión.
9. Carne: reducir su consumo a un máximo de tres veces por semana (y sólo 100 g en cada ocasión)
10. Por último… beneficios añadidos: Mediante esta dieta se reduce un 50% el riesgo de contraer cáncer, un 70% las enfermedades cardiovasculares y un 80% la ceguera adulta. De paso, se adquiere más energía, mejorará el impulso sexual y se perderá el exceso de peso. ¿Algo más?
Reglas básicas para reducir el envejecimiento cerebral
1. Evitar que el cerebro se degenere por culpa del estrés, de una mala alimentación y por falta de ejercicio físico y mental.
2. Estimular la regeneración cerebral mediante una correcta terapia dietética, la absorción de los nutrientes indicados, el uso de tónicos medicinales naturales, la práctica de la meditación t el ejercicio físico adecuado.
Suplementos naturales
- Vitamina C: es tan esencial para el funcionamiento del cerebro que su nivel de concentración en él es casi 15 veces mayor que en el resto del cuerpo. Es el antioxidante más potente que existe y aumenta la potencia antioxidante de los otros nutrientes. Estimula la inmunidad y aumenta la longevidad cerebral. Para conseguir una eficacia óptima, se debe distribuir su ingesta en varias tomas a lo largo del día.
- Vitamina E: no sólo protege las neuronas de la acción de los radicales libres, sino que además repara los neurotransmisores ya dañados en las neuronas. Por lo tanto, ayuda a prevenir el deterioro e incluso le da marcha atrás.
- Magnesio: contribuye a mantener las condiciones para que pueda realizarse el metabolismo neuronal y reducir al mínimo los daños producidos por una irrigación sanguínea incorrecta.
- Ginko: ayuda a solucionar problemas cognitivos leves, ya que estimula y favorece la irrigación sanguínea; ha sido utilizado con éxito en el tratamiento del Alzheimer.
- Lecitina: se ha demostrado que el consumo regular de lecitina puede mejorar el rendimiento cognoscitivo. No tiene ningún efecto tóxico ni efectos secundarios.
- Ginseng: posee unos efectos neurológicos sorprendentes y su uso medicinal se remonta a miles de años. Alivia el cansancio, la impotencia y los efectos generales del envejecimiento.
- Aromaterapia: el aceite del árbol del té es muy eficaz en casos de falta de concentración mental, confusión y estrés. Añadir unas diez gotas de aceite del árbol del té en el agua del baño y disfrutar del relax durante unos quince minutos.
Bibliografía
Rejuvenece tu cerebro, Dr. Dharma Singh Khalsa, ed. Urano 1998.
Ayurveda, medicina milenaria de la India, Robert E. Svoboda, ed. Urano.
La curación natural con el aceite del árbol del té, Heidelore Kluge, ed. Robinbook.
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