Thriller poético fácilmente adaptable al cine y/o la televisión

Poemario ganador del 1er premio de poesía de la Universidad Politécnica de Madrid, 1996. Primer libro publicado por Roser Amills, a los 20 años.
Uno solo, por favor es un poemario novelado en el que un impersonal protagonista "que intenta ir más lejos" se enfrenta, entre las tazas de café y el naufragio, a su incomunicación con lo que le rodea mediante los estereotipos del diálogo amoroso a modo de único e ineficaz instrumento.
El primer libro de Roser Amills
Con este poemario, premiado en 1996 por la Universidad Politécnica de Madrid, Roser Amills debutó a los veinte años. Los poemas se leen como una novela breve: un protagonista sin nombre que «intenta ir más lejos» recorre cafés, esperas y naufragios sentimentales, y descubre que las fórmulas del lenguaje amoroso no bastan para romper la incomunicación. La editorial Calambur lo publicó en 1998, y en 2014 tuvo una segunda edición en papel y Kindle.
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Ficha: Calambur, 1998. 128 páginas. ISBN 978-84-88015-40-2.
Abro
una a una las páginas
de este día malvestido
y encharco con ellas mis pasiones sin alas,
riego murmullos de quejas y horas,
cavo el chasquido de unas imprevistas piernas
abiertas,
esa forma inabarcablemente propia de superar los días.
......
A tu paso, una compresión pulmonar,
una sed mal venida,
la inmensidad loca
de tu autonomía
y yo que quisiera volando escapar de las raíces
de las siete:
temible y esclarecida
tu espalda sudorosa me detiene.
Sé que aún no me piensas,
pero ya nos sentimos un poco.
......
LEER MÁSUn día poco a poco doliente
sentada en un gran café,
entre sillas prometidas
y urbanas esperas sin sed,
(el café no ha cambiado, no se ha movido siquiera)
indolente y serena,
aferrada a un fino libro de horas y canas
hueras, sin actividades marchita
esperaba mi dama.
—Públicamente afligida,
ansiosa de dudas y almas,
la desdichada luz de la puesta
se alzaba de tarde inventada—.
Reconozcamos que la mejor solución, en estos casos,
consiste en entregarse lentamente
a la desesperación del náufrago:
observar el salitre de las olas
y correr el riesgo de que algún intruso
nos quiera salvar la vida.













