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Mujeres, citas y vino: columna de Roser Amills en Club Torres (2015)

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Columna · Club Torres (blog de Bodegas Torres) · 21 de octubre de 2015

Roser Amills firma en el blog Club Torres, de Bodegas Torres, la columna Mujeres, citas y vino: si quedas, quedas para tomar una copa de vino.

Cabecera de la columna Mujeres, citas y vino en el blog Club Torres, con una botella de vino en una cubitera
La columna «Mujeres, citas y vino» en Club Torres

¿La he vuelto a liar? Entra en mi columna Mujeres, citas y vino de Club Torres y lee, a ver qué he hecho esta vez.

Columna de Roser Amills «Mujeres, citas y vino», escrita por encargo de Rafa Moreno Claverías, responsable de redes sociales y contenidos de Bodegas Torres, y publicada en el blog Club Torres el 21 de octubre de 2015. Este es el texto que Roser Amills entregó; la versión publicada se editó ligeramente.

Mujeres, citas y vino

Si eres una mujer moderna, independiente, con carácter y ganas de disfrutar, pero a la hora de la verdad lo que tienes son anodinas propuestas de mediodía de infieles que disimulan, piropos que no progresan en la oficina y el buzón de Happn lleno de mensajitos de desconocidos a medianoche con esos «podríamos tomar un café» o «unas cervezas» y esos «háblame de ti» como si no tuvieras otra cosa que hacer… Algo pasa con Mary y merece la pena que te plantes.

Te recomiendo que, si eso es lo que hay, digas basta ya y apuestes por tus no muy decentes intenciones sin pelos en la lengua, sin remilgos y con una sola condición: si quedas, quedas para tomar una copa de vino, o varias. Esa es la clave, y si no… pues no quedes.

Traducción de la clave: si quedas, quedas para disfrutar, no para que te inflen la cabeza con burbujas, te usen para olvidar a la ex a cortados ni te pongan de los nervios expresamente.

Por eso será bueno que apliques esta metáfora («nos creemos mamíferos, pero somos metáforas», decía el poeta) y dejes que las cervezas y los cafés y todo lo que representan se los tomen con las demás. Lo tuyo irá de vinos.

Convéncete: contigo todo será estupendo a poco que hagas tuyo lo de «in vino veritas» y te lances a por tu verdad verdadera.

Que sí… Que ya sé que si estás, como decía al principio, «más mensajeada que satisfecha» es precisamente porque no tienes ni idea de tu verdad verdadera, y eso te perjudica, pero para eso están los ejemplos inspiradores que me saco de la manga. A ver si alguno te pone en marcha las ganas de verdad verdadera que te faltan:

  • Quiero buen sexo.
  • Quiero que no me calienten la cabeza con sus cositas del trabajo.
  • Quiero que no me mientan porque yo no miento: la que muestra lo que tiene no está obligada a más (¡ni a menos!).
  • Quiero ser sumisa si me da la gana / no se me da bien suplicar… pero puedes darme buenas razones para aprender.
  • Pase lo que pase, no te voy a presentar a mis padres ni me interesan los tuyos.

Etcétera.

Y si has llegado hasta aquí pero no eres ni moderna, ni independiente, ni con carácter, ni se te había pasado por la cabeza nada de todo esto y ya has levantado una ceja escéptica, a no ser que hayas levantado directamente las dos de la sorpresa… ¡Mejor!

Si me haces caso, lo serás y lo desearás todo, y ya, tal como te lo cuento, garantizado. Sigue leyendo o fastídiate para siempre en la duda de qué podría haber pasado de haberme hecho caso, por probar, que la vida es una.

¿Que cómo va esto del vino y tu verdad verdadera? Esto va de poner al macho sobre aviso. O a tu hembra si eres lesbiana. O a ambos si te va lo bi (recomiendo probarlo todo, por lo de elegir con criterio, que de eso va este artículo).

Lo del «solo vino» para quedar, y no uno cualquiera, funciona con todo lo que se mueve, mientras ese ser sepa apreciar un buen vino, claro.

Al grano. Lo primero que tienes que hacer es un poco de terapia, retirarte del ruedo y centrarte. Pero no las terapias de retiros de fin de semana de meditación ni las de cenar con las amigas ni los talleres de biodanza. Vas a hacer terapia fina, de «me voy a enterar de qué me gusta y luego os vais a enterar».

Porque si sabes lo que te gusta sabrás también gustar. Parece una tontería, pero piénsalo un poco… A ti… ¿qué te gusta?

Pues por eso te lo digo. Porque cuesta saber lo que te gusta. Una vida entera cuesta a veces, pero hay atajos para aprovecharlo a tiempo y no dejarlo para cuando te den la tarjeta oro.

Cuesta, no nos han educado para eso, pero merece tanto la pena que nos apetecerá tener agujetas en las neuronas de tanto ejercitarlo. Si sabes lo que te gusta ya tienes la mitad del camino hecho. Si sabes lo que te gusta, todo irá a mejor.

—Mary, ¿tinto o blanco?

Pues vamos a lograr que Mary saque por su boquita un «déjame mirar la carta» y elija con criterio.

¿Cómo? Con cultura. La cultura ayuda a elegir buenos vinos y, como efecto colateral, la cultura ayuda a follar mejor porque de paso eliges mejor con quién. Así que léete todo lo que se ponga a tu alcance sobre vinos. Lee este blog de cabo a rabo. Acércate a una buena bodega y cata. Apúntate a un curso de cata incluso. Descubre los vinos que te gustan y no hagas otra cosa que leer un poco más de vinos. Haz listas. Y cómprate una botella o dos a la semana y pruébalas a solas, y si no te gustan… tíralas o regálalas. Es un ejercicio muy sano: en un par de meses y por unos poquitos euros a la semana estarás entrenada. Podrás decirte a ti misma un «me gusta» o dos de lo más liberadores, habrás dado con tus vinos favoritos y, sobre todo, habrás iniciado tu metafórico camino de la verdad verdadera y ya no querrás dar marcha atrás.

¿No te lo crees? Atención al siguiente ejemplo:

—Podríamos quedar para tomar algo, Mary.

—Me encantará tomarme un Treinta Cincuenta y Cinco de Jean Leon.

—¿Un Treinta Cincuenta y Cinco?

—Haz un Google.

—…

—Mary —dos días más tarde—, ya he encontrado dónde lo tienen, ¿reservo para el jueves?

Y sí. Que reserve. Porque la selección natural ha funcionado. Si ha superado la prueba, puedes confiar en que le gustas mucho, merece la pena tomarse ese vino con él y está dispuesto a complacerte, y con eso y un poco de tu parte vais a tener una excelente velada sin velos ni duermevelas.

Porque se lo habrás dejado claro: quieres lo que te gusta, no te conformarás con menos, y si no te gusta, pues se lo dirás tan tranquila, moderna, sincera y sin remilgos como te presentaste de entrada. Como se presenta un buen vino, con todo clarito en la etiqueta: pruebas un sorbito sin miedo y, si está picado, se devuelve y a probar otra botella. Que la vida es una, insisto. Pero con la verdad verdadera, «in vino veritas», sabe mejor.

Más en Club Torres, Columnas de opinión y Rutina, celos y crisis de pareja: guía para recuperar la complicidad.

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