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Reivindícalo: me masturbo porque me da la gana

Columna para el blog My Sexy Corner · abril de 2014

El sexo habla a través de cada uno, provoca síntomas y nos eleva, todo junto. ¿Podrías calcular con exactitud cuánto dura un beso mientras lo das? ¿Cuánto un paseo en bicicleta? ¿Y un sueño? ¿Cuánto debe durar una charla telefónica con un amigo? ¿Cuánto la carcajada de un bebé?

Es tan difícil concretarlo como lo es distinguir entre excitación y placer. Por eso cuesta tanto definir la duración del orgasmo ideal, y sólo nos queda disfrutarlo y dejarnos de cronómetros e intensidades ideales. Va como va.

Lo que sí puedes para ajustarlo a tu gusto es masturbarte. Ahí mandas tú. Yo lo hago, y espero que tú también. De hecho, lo propongo para una nueva lista de derechos humanos: cada uno que haga con su cuerpo lo que le apetezca, sin represiones culturales, sociales, religiosas, faltaría más. Es gratis y sienta de maravilla. La excitación pertenece a la dimensión fisiológica y por tanto forma parte de los reflejos, las sensaciones y las habilidades corporales.

EL DATO: La definición internacionalmente más aceptada entiende por masturbación «una auto-estimulación rítmica y voluntaria orientada a los genitales».

¿Quién y por qué ataca a los masturbadores?

Pero en enero de 1976, el Vaticano emitió una declaración calificando a la masturbación como «acto gravemente desordenado, antinatural», a pesar de lo cual casi todos nos hemos seguido masturbando, ¡faltaría más! El placer pertenece a la psique, por tanto a la capacidad de percibir una sensación de forma consciente dándole una connotación positiva, negativa o neutra para participa conscientemente del intercambio sexual, la imaginación erótica, los sentimientos… El placer requiere simplemente saber recibir, mientras que la excitación es más pedigüeña.

La solución es el autoerotismo. ¡Cuántas tensiones se aliviarían si lo practicáramos más!

Procuro masturbarme siempre que lo necesito, incluso lo hice una temporada larga fuera de casa porque tenía un jefe maltratador que me atosigaba con todo tipo de humillaciones, así que yo me aliviaba la ansiedad en el bar donde acudía a comer mi menú. Tenía que ser rápida, pues no quería dejar a ninguna mujer esperando eternamente fuera para poder usar el lavabo de señoras.

En otras épocas de mi vida he sido más discreta en este asunto y me he limitado a masturbarme a solas en casa, sobre todo en la cama, cuando no lograba conciliar el sueño o con mi pareja del momento para divertirnos juntos. «La masturbación es el sexo con alguien a quien amas», decía Woody Allen.

También me he masturbado para escribir, cuando estaba bloqueada o para celebrar un buen poema. Imitando, sin saberlo en su momento, a Patti Smith, ni más ni menos. Leo en los diarios de Patti su experiencia con la escritura y la masturbación: «No considero que escribir sea un acto silencioso, introspectivo.

Es un acto físico saludable

Cuando estoy en casa, con mi máquina de escribir, me vuelvo loca. Camino como un mono. Me humedezco. Tengo orgasmos. En vez de inyectarme heroína, me masturbo catorce veces seguidas. Tengo visiones. Naves descendiendo sobre las pirámides aztecas. Templos. Así es como escribo mi poesía». Y leo también que una de las instantáneas que más impacto causó en el fotoperiodista catalán Francesc Fábregas fue una de Patti, en 1976, donde «En plena actuación simulaba una masturbación y, seguidamente, parecía que se había hecho pis encima». ¿Quizás Patti tuvo una eyaculación femenina sobre el escenario?

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