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Colaboración · revista Aula de Poesía de Barcelona, n.º 0 · primer trimestre de 1999
En el número 0 de la revista Aula de Poesía de Barcelona, editada por la Universitat de Barcelona bajo la dirección de Jordi Virallonga, Roser Amills fue coordinadora (junto con José Enrique Martínez Lapuente) y firmó dos artículos. Este es el segundo, publicado en las páginas 30 a 32, en las secciones «Poesía y ensayo» y «Poesía y guerra»: una reseña de El levantamiento de las cenizas, de Tahar Ben Jelloun (traducción de José Manzanares, Deriva Editorial, 1998).




Tahar ben Jelloun
Con «El levantamiento de las cenizas», Tahar Ben Jelloun denuncia el horror y las numerosas víctimas de la Guerra del Golfo. Veamos cómo la poesía sirve para «designar la herida, volver a dar un nombre al rostro destruido por el fuego, decir, hacer y deshacer las orillas del silencio».
Otra voz:
no diré nosotros
porque querría vomitar
y no tengo estómago
no tengo cuerpo
soy un saco
un saco de yute relleno de tierra
soy campo en lo alto del acantilado
soy un campo de tierra donde duermen serpientes
tengo frío en mis miembros separados
¿es esto el infierno?
¿Quién habla desde el fondo de esa fosa?
(Tahar Ben Jelloun, «El levantamiento de las cenizas»)Ganador del Premio Goncourt en 1987 y el Premio Magreb en 1994, Tahar Ben Jelloun (Fez, 1944) es en la actualidad uno de los más aclamados novelistas en lengua francesa. Ensayista, crítico literario y poeta, colabora con regularidad en diversas publicaciones internacionales, entre las que destaca «Le Monde».
Fuera de Marruecos se le conoce más por sus novelas, aunque sus primeros escritos fueron los poemas «L’Aube des dalles» y «Homme sous linceul de silence» (Casablanca, 1971).
A pesar de los éxitos novelísticos, su inicial e intensa vocación poética se ha ido manteniendo a lo largo de los años con la publicación de títulos como «Cicatrices du soleil» (1972) y «Le Discours du chameau» (1976), «Les amandiers sont morts de leurs blessures» (1976), «A l’insu du souvenir» (1980) y, finalmente, el poemario que aquí tratamos, «La Remontée des cendres» (1991).
Tempestad del desierto
De formación filosófica, es significativo señalar –sobre todo por lo que se refiere a los aspectos que aquí vamos a comentar– que Tahar ben Jelloun presentó su Doctorado de 3è cycle en Psiquiatría social. Siempre se ha caracterizado por dar más importancia a la dignidad de su pueblo que a los propios intereses como escritor.
Vayamos a los hechos que motivaron el poemario «El levantamiento de las cenizas». Cuando en agosto de 1990 el Presidente del Gobierno francés François Mitterrand habló, aludiendo al conflicto bélico que se estaba iniciando en Irak, de una «lógica de guerra», pocos de nosotros sospechamos siquiera las consecuencias de semejante imposición lógica de Occidente.
El «Salvador de la Nación» no es más que un pájaro funesto
que ha desecado el río.
En el origen de sus aguas
ninguna piedra lleva el nombre de los desaparecidos
el alba no anuncia ningún signo.
Para un destino que se termina
el tiempo que pasa se detiene en las viviendas vacías
el sol recorre como una mano las paredes
y borra el rastro de los enterrados
sal de una tierra malquerida.La «Tempestad del desierto» –así se llamó a la operación estadounidense que acabaría brutal y anónimamente con las vidas de miles de civiles y militares iraquíes– asoló en sus tres cuartas partes las tierras de Irak. Desde el primer momento se perdió la cuenta de las muertes causadas por el conflicto, veladas bajo el silencio diplomático.
La poesía como denuncia
Han despertado a los muertos
para hacerles la guerra
el cementerio ya no mira al mar
se ha cubierto con sacos de arena
para velar el sueño de sus muertos.Tras los fastos del combate, quedaron unas cuantas justificaciones (seguridad internacional, etc.) para rebatir casi los argumentos pacifistas: toneladas de bombas, la persistente y efectista sombra de los incendios petrolíferos en el mostrador de los medios de comunicación de medio mundo y, lo peor y más olvidado de todo, millares de víctimas calcinadas que ningún problema político-económico puede justificar.
Para trascender el derroche del dolor, la vacuidad de la prepotencia bélica, los horrores del campo de batalla, Ben Jelloun viajó a Irak, recopiló datos sobre las vidas y muertes de muchos de los desaparecidos y trabajó sobre ese material para proveer de palabras y un simbólico consuelo a los que habían agonizado sin siquiera una oración.
Salvar con palabras
Ojo invertido en un charco de agua turbia
no es un espejo
ni tampoco el reflejo de un recuerdo
ni el rumor de una fiesta interrumpida
es la lluvia de todas las cenizas
pétalos de una flor desconocida
escamas de un cielo bajo el cielo
polvo plateado que tiembla con el rayo
éste es el rostro de nuestro último rostro
cuando ya nada resiste
cuando la luz nos traiciona
y nuestros hijos nos maldicen.La realidad de Irak se hizo en los años 90 inverosímil debido a la crudeza e hipocresía que había demostrado Occidente durante la gestación del conflicto. Ante tal desolación, al poeta sólo le queda nombrar, compartir la vivencia del dolor.
«El poeta es aquel que arriesga las palabras», propugna Ben Jelloun. En su carácter existe una esencial necesidad de decir, denunciar a los cuatro vientos las imágenes de sufrimiento de su pueblo. Él ha aceptado el papel de portavoz y asila en sus páginas los brazos mutilados por «otra guerra cualquiera», como dice en uno de sus poemas, pero también esta guerra en concreto.
La redacción de «La remontée des cendres» tuvo en el momento de su publicación (y sigue teniendo, a raíz de los presentes ataques armados de Estados Unidos contra Irak) un gran peso político. Aunque el objetivo de Jelloun es llorar las muertes causadas por la guerra, su posicionamiento está, por supuesto, muy claro. «No, no miréis hacia otro lado», clama el escritor, con el alma escandalizada por el silencio occidental.
Unos invitados han llegado diciendo:
«¡La guerra no es ninguna excusa!»
Pero la casa no es ahora una vivienda,
es ausencia y silencio.
Colgado en un trozo de pared
el retrato del dictador está intacto
las moscas depositan en él su mierda.A fin de comprender los sucesos de aquellos escasos días de batalla, Jelloun optó por un lenguaje metafórico primario, lleno de referencias a la arena, los troncos secos, los animales domésticos muertos, las leyes territoriales violadas…
Con sus poemas no pretende explicarlo todo, ni busca ofrecer un desenlace o una moraleja instructiva. Los versos de «El levantamiento de las cenizas» se hallan muy cerca de la oración, de las prácticas vivencias espirituales del Corán:
Quizá, al fin, aparezca la verdad.
Este cuerpo desvestido por las moscas
tiene la mano tendida hacia el mar.
El índice señala una barca
de pescadores
en la orilla del silencio.
Un sol se alza para nombrarlo:
Khodr Saïd Mohammed.Insistiendo en el nivel analítico, podemos apuntar que no existe un desarrollo cronológico claro ni ninguna jerarquía temática; los sentimientos se superponen a la realidad de los hechos. Jelloun trata de cubrir las llagas de su pueblo con un manto de palabras, con un sudario de versos que pueda dar sentido a tanta desolación.
En estos poemas contemplamos las perdidas dunas, el desconsuelo que ha dejado a su paso la barbarie, y descubrimos de la mano de Ben Jelloun que aún podemos sacar palabras, de las víctimas, las mentiras de la guerra, de los pozos secos de la guerra.
«El levantamiento de las cenizas» es un recuento de pérdidas. Poesía y guerra, poesía y muerte, poesía y oración. «Hay que ver qué hemos perdido –un niño, una mujer, mil niños, mil mujeres…»– exclama el poeta mientras busca el modo de sentir con dignidad un dolor tan inabarcable, la angustia de la pérdida total. Si perdemos a nuestros muertos, ¿qué nos queda?
Un homenaje póstumo
Tenía una mujer a la que le gustaba reír tres niños y un burro.
El mayor estaba ausente
le habían vendado los ojos y marcado una cruz al hombro.
Hassan y Nahla velaban
la casa el día y el árbol tristeza de la infancia.
Miraban el cielo anfitrión inconveniente del infortunio.
Abd al-Qader Hantach era vendedor de arena.En esta «fosa de nadie» en que quedó convertido el desierto de Irak, los individuos son aislados por el escritor en compartimentos léxicos, recogidos en bolsas de palabras, en un intento de devolverles la identidad, el milagro de la presencia en el recuerdo.
Esta «acción» poética no hace, no produce nada concreto, pero es valiosa porque levanta un monumento literario, un homenaje póstumo que trasciende la desolación de la guerra. Sirve porque es una denuncia, un intento de frenar la barbarie, de señalarla con el dedo de las palabras justas.
Traducción al castellano
Sin embargo la realidad, el estado de la cuestión, es que este libro ha tardado seis años en ser traducido al castellano y publicado en España. Mientras los crudos poemas de Ben Jelloun resuenan (al abrigo de la atención de «unos cuantos pocos» dispuestos a escuchar), las silenciosas arenas de Irak engullen bombas y recubren –con suma eficacia– las desvergüenzas de la guerra.
Y entonces nos damos cuenta de que necesitamos libros como éste de Ben Jelloun para sabernos prisioneros dentro de nuestra supuesta libertad occidental. ■
Roser Amills, Aula de Poesía de Barcelona, n.º 0, 1999. Tahar Ben Jelloun, El levantamiento de las cenizas. Trad. de José Manzanares. Colección Poesía del Siglo XX. Deriva Editorial. Barcelona 1998.
Ficha de la revista
Aula de Poesia de Barcelona, año 1, número 0, primer trimestre de 1999. Difusión gratuita. Edita: Universitat de Barcelona. Director: Jordi Virallonga. Coordinación: José Enrique Martínez Lapuente y Roser Amills. Diseño: Rara Avis. Producción: Publicacions de la Universitat de Barcelona (Passeig de la Vall d’Hebron, 171, Barcelona). Depósito legal: B-23.349-99 (sin ISBN).
Su otro artículo en el mismo número: «De la distancia y otros males» · Más en Colaboraciones en medios.
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