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«Del libro al hilo de voz»: Roser Amills analiza su performance sobre Asja Lacis

Artículo académico · Universitat de les Illes Balears · 2025

Tras inaugurar el festival Territori de Ibiza con «Hilo de voz», Roser Amills analizó su propia performance en este artículo académico: cómo una novela, Asja. Amor de dirección única, sale del libro y se convierte en una acción colectiva con vasos de cartón, hilos y voces que devuelven la palabra a la dramaturga Asja Lacis. Con McLuhan, Barthes, Eco, Rancière y Fischer-Lichte como interlocutores, el texto se pregunta qué le pasa a la autoría cuando el mensaje «se descose» del autor.

Del libro al hilo de voz: el mensaje se descose del autor

From the book to the thread of voice: the message unravels from the author

Roser Amills — Universitat de les Illes Balears (UIB)

Resumen

El artículo analiza el paso del libro a la performance como proceso de expansión literaria que desborda los límites del texto impreso y permite ver la relación entre escritura, lectura y presencia. A partir del estudio del dispositivo Hilo de voz, concebido como colofón a la novela Asja. Amor de dirección única (Comanegra, 2017), se examina cómo la palabra escrita se transforma en acontecimiento colectivo, efímero y transmedia. El trabajo describe el dispositivo performático y debate los mecanismos mediadores que redefinen la autoría en la era de la conectividad.

Palabras clave: literatura expandida; performance; intermedialidad; autoría distribuida.

Abstract

This article examines the transition from the book to performance as a process of literary expansion that exceeds the limits of print and redefines the relationship between writing, reading and presence. Focusing on the performative device Hilo de voz —conceived as a coda to the novel Asja. Amor de dirección única (Comanegra, 2017)— it explores how written language turns into a collective, ephemeral and transmedia event. The essay describes the device and discusses the mechanisms through which the project reconfigures authorship in the context of media convergence.

Keywords: expanded literature; performance; intermediality; distributed authorship.

Introducción

Hilo de voz explora el tránsito de la labor de escritura —tradicionalmente individual— hacia su circulación colectiva mediante una acción que convierte la lectura en proceso distribuido. Nacida del universo narrativo y ya publicado de Asja. Amor de dirección única y centrada en la dramaturga letona Asja Lācis, la pieza desplaza la función autoral hacia la mediación: activa un flujo de fragmentos textuales entre un público conectado por hilos y vasos, materializando una red de transmisión ajena al libro, y a la vez motivada por el libro. En esta operación, la contingencia de la comunicación, la descentralización de la autoría y la escucha como práctica política de restitución de voces silenciadas se inscriben en el marco de la literatura expandida: un texto que existe en el libro y que, al mismo tiempo, sale materialmente fuera de él.

El proyecto parte de la experiencia de haber escrito la novela, y la desborda. La autora, al trasladar la escritura a un entorno performativo, ensaya una forma de relectura encarnada de su trabajo que introduce el cuerpo y la presencia del público en el circuito de la palabra ya escrita. El acto de lectura se convierte así en acontecimiento, en una práctica que redistribuye los roles entre quien escribe, quien lee y quien escucha. Esta mutación del texto en evento genera un espacio de experimentación en el que la literatura abandona su estatuto puramente representacional y se convierte en una práctica relacional, donde cada participante colabora en la reconfiguración del sentido del acto de dar voz más allá de la novela que dio voz.

El análisis de Hilo de voz permite reflexionar sobre las transformaciones de la literatura contemporánea en su relación con la performance y los medios. El tránsito del libro a la acción performática no implica una ruptura con la escritura o la autoría, sino una ampliación de sus posibilidades. La palabra impresa en el libro no desaparece: se reactiva en la voz de los otros, redistribuida. El texto deja de ser un objeto cerrado (el libro editado) para convertirse en proceso, en una red de resonancias donde cada gesto, cada vibración del hilo conductor, constituye un acto de relectura colectiva.

El presente artículo sitúa esta propuesta en diálogo con los estudios de medios y la teoría de la performance (McLuhan, 1962; Bolter y Grusin, 1999; Hayles, 2002; Taylor, 2003; Fischer-Lichte, 2008), argumentando su eficacia para articular, en tiempo real, una comunidad de lectura “más que lectora” que convierte la palabra impresa en acto. El objetivo no es analizar una obra teatral o una instalación visual, sino comprender cómo un texto literario se expande hasta devenir acontecimiento, cómo la lectura —que fue una práctica silenciosa y solitaria, inicialmente, en el formato de libro que narraba la historia de una mujer silenciada— puede transformarse en experiencia compartida, y donde la comunicación se sostiene en la fragilidad de un hilo compartido.

Este desplazamiento del libro a la performance cuestiona los límites de la autoría, la materialidad del texto y los modos de participación del público. En el gesto de tender los hilos, de conectar los vasos, se manifiesta una poética de la interdependencia: cada lector necesita del otro para que la palabra circule. Esa interdependencia, frágil pero visible, se convierte en metáfora de un nuevo modo de entender la creación literaria: no como expresión individual, sino como tejido de voces, como red de lecturas entrelazadas.

Descripción material y formal de la performance Hilo de voz

La acción performativa se articula a partir de un conjunto de objetos cotidianos convertidos en mediadores simbólicos: dos maletas que contienen dieciséis pares de vasos de cartón unidos por hilos finos y extensos, de entre tres y cinco metros cada uno, diez ejemplares de la novela Asja. Amor de dirección única, varios pliegos impresos de los textos escritos por la autora en el libro, y pequeñas cartulinas con el rostro de Asja Lācis. Cada uno de estos elementos funciona como componente de un dispositivo que transforma la lectura en experiencia compartida, materializando una red física de transmisión que visibiliza la circulación de la palabra (Taylor, 2003; Fischer-Lichte, 2008).

Durante la inauguración del festival Territori, en la sala central de una galería de arte que se ha vaciado expresamente de cuadros, la autora dispone los materiales en círculo para generar un espacio de disposición coral que romperá la jerarquía entre emisor y receptor. El público se acerca. En silencio, la autora no escribe ni habla de su obra. Tiende un primer “hilo de voz”: entrega un vaso y un fragmento de texto mecanografiado a una persona del público, y conduce el otro vaso hacia otra, estableciendo así un canal de comunicación. Este gesto inicial no solo propone un intercambio acústico rudimentario, sino que inaugura una dinámica de lectura en la que el mensaje se propaga físicamente a través del hilo, recordando la materialidad primaria de la oralidad (Ong, 1982) y la dimensión corporal de toda comunicación (Fischer-Lichte, 2008).

La repetición del gesto con otros asistentes multiplica los vínculos posibles. El espacio se llena de líneas, tensiones y miradas cruzadas; algunos hilos se tensan, otros se enredan, creando una trama visual que evidencia la vulnerabilidad del acto comunicativo. La irregularidad no se concibe como error, sino como metáfora del ruido y de la fragilidad inherentes a toda interacción humana. Cada enredo, cada vibración del hilo, cada interrupción del sonido, forma parte de la gramática de la obra, como un repertorio efímero frente al archivo estable que representa el libro (Taylor, 2003).

El desarrollo de la acción genera un paisaje efímero de conexiones. A medida que las lecturas se suceden de manera simultánea, el conjunto produce un efecto coral, una polifonía de voces que transforma el espacio expositivo en una cámara de resonancias. Los fragmentos de texto, extraídos de la novela, se fragmentan aún más en la multiplicidad de las voces que los repiten. El resultado no es una lectura lineal, sino un entramado sonoro donde las palabras se diseminan y se entrecruzan, desbordando los límites del texto original. En este punto, la performance se alinea con la noción de “reconfiguración del signo” que McLuhan (1962) asocia al paso de la galaxia Gutenberg a la era de la simultaneidad mediática.

El último gesto de la acción —la entrega azarosa de los libros a algunos participantes— completa el ciclo material: del cuaderno de notas a la imprenta, del libro a las voces, y de nuevo a las manos lectoras. Este cierre no supone una clausura, sino una reactivación del texto. El libro regresa a la circulación, pero transformado por la experiencia colectiva que lo ha atravesado. El objeto impreso, al pasar de mano en mano, deja de pertenecer al ámbito privado de la lectura individual para convertirse en un testimonio del intercambio, una huella de la comunidad efímera que la performance ha hecho posible.

En su conjunto, Hilo de voz funciona como una instalación viva que pone en relación cuerpo, texto y espacio. El uso de materiales simples y reconocibles enfatiza la dimensión artesanal del gesto y subraya la potencia simbólica de lo precario. Los hilos, al tensarse o enredarse, traducen visualmente los procesos de comunicación contemporánea: saturados, vulnerables, interdependientes (Jenkins, 2006). De este modo, la acción encarna el tránsito de la palabra escrita hacia su resonancia física y compartida, transformando la lectura en una experiencia de copresencia y de comunidad.

¿Qué ha sucedido?

La transmisión en Hilo de voz se realiza con medios mínimos y, sin embargo, su efecto resulta eficiente. El público deja de ser un conjunto de espectadores pasivos para convertirse en red activa de resonancia. Cada asistente participa en un sistema de intercambio donde la palabra se colectiviza y la voz individual se multiplica, desplazando el centro de enunciación desde el “yo” autoral hacia un sujeto plural. En ese movimiento, la lectura se redefine como acto político de hospitalidad: leer significa hacer lugar a una voz ajena, sostener su vibración en el propio cuerpo (Bishop, 2012; Taylor, 2003).

El gesto de la autora consiste en ceder su voz y abrir la obra a la intervención de otros. Esa cesión constituye un desplazamiento del poder de enunciación, una redistribución simbólica que sustituye la verticalidad del mensaje por una lógica horizontal de resonancia. El texto se descompone en múltiples trayectorias de sentido, y su interpretación se reparte entre los participantes, que devienen coautores. En términos de Jacques Rancière (2010), el espectador se emancipa en la medida en que se convierte en agente del proceso de significación, borrando las fronteras entre creación y recepción.

Esta transformación implica, además, una reflexión sobre la materialidad del lenguaje y sobre el modo en que las tecnologías —incluso las más simples— median nuestras formas de comunicación. El hilo, frágil y tenso, recuerda que todo acto comunicativo comporta riesgo: el sonido puede perderse, interrumpirse, desvanecerse. Esa vulnerabilidad no es un defecto del dispositivo, sino su condición de posibilidad. Como sugiere McLuhan (1964), cada medio no solo transporta un mensaje, sino que lo reconfigura; en este caso, el hilo convierte el discurso en experiencia táctil y vibratoria, donde el sentido se transmite a través de la tensión material.

La performance propone así una metáfora del ecosistema comunicativo contemporáneo. En lugar de una circulación fluida y controlada, lo que se manifiesta es una topología irregular, llena de interferencias y contingencias. Los enredos del hilo evocan la saturación de los canales digitales, el ruido de las redes, la dispersión del mensaje. Pero, a diferencia del entorno mediático tecnológico, aquí la conexión depende del cuerpo y de la atención. La comunicación solo se sostiene cuando alguien escucha, cuando la voz encuentra otro cuerpo dispuesto a recibirla.

En Hilo de voz, el espacio físico se convierte en un mapa de relaciones. Las trayectorias del sonido dibujan una geometría cambiante que se reconfigura con cada intervención. El público ya no ocupa el papel tradicional de receptor, sino que compone, junto con la autora, la arquitectura misma de la obra. La acción, en este sentido, realiza lo que Fischer-Lichte (2008) denomina “autopoiesis de la performance”: un sistema que se genera y transforma a sí mismo a través de la interacción de sus elementos. La obra solo existe mientras se mantiene ese flujo de resonancias y miradas cruzadas; cuando los hilos se relajan y las voces callan, el acontecimiento desaparece, dejando tras de sí una memoria corporal y simbólica.

El resultado es una experiencia que desborda las categorías de literatura y de arte escénico. No se trata de una lectura dramatizada ni de una instalación participativa convencional, sino de un ejercicio de redistribución de la palabra. La autora no se presenta como figura central, sino como catalizadora de un proceso de transmisión donde el sentido emerge del conjunto. En esa disolución de jerarquías, Hilo de voz revela la posibilidad de una comunidad efímera, articulada no por la identidad o el consenso, sino por la escucha compartida.

Marco teórico: de la linealidad del libro a la multiplicidad del signo

La llamada “galaxia Gutenberg” organizó durante siglos la experiencia cognitiva y estética bajo los principios de la linealidad y el control (McLuhan, 1962). El libro impreso, al fijar el lenguaje en un soporte estable y uniforme, consolidó un modelo de pensamiento secuencial, centrado en la lógica de la continuidad y la clausura del sentido. La lectura, concebida como proceso individual, respondía a un régimen de concentración silenciosa y a la construcción de un sujeto unificado. Este paradigma tipográfico configuró la subjetividad moderna y definió, en buena medida, la noción de autoría como propiedad de una voz singular.

La irrupción de los medios electrónicos y digitales ha modificado radicalmente ese modelo. Las escrituras contemporáneas, influidas por la multiplicidad de pantallas y redes, se despliegan en estructuras no lineales, rizomáticas y abiertas (Bolter y Grusin, 1999; Manovich, 2001). En este nuevo entorno, el texto se vuelve permeable, mutable y simultáneo. La lectura deja de ser una operación lineal para convertirse en una experiencia de navegación entre fragmentos, vínculos y ecos. Este cambio epistemológico no sustituye la imprenta, sino que la reconfigura dentro de un ecosistema mediático complejo donde conviven el libro, la imagen, el sonido y la interacción (Hayles, 2002).

En este contexto, la performance literaria adquiere un papel decisivo. No se trata de ilustrar un texto, sino de generar un acontecimiento en el que la lectura se vuelve acción (Germignani y Moussa, 2025: 128). La palabra escrita, al ser pronunciada y transmitida por múltiples voces, pierde su linealidad y gana presencia: cada lectura se convierte en una reescritura, y cada gesto corporal inscribe un nuevo nivel de sentido. Como señala Bastazin (2025: 73), la performance literaria reconfigura el texto cuando “el cuerpo sustituye a la página como superficie de inscripción”. En Hilo de voz, esa sustitución no implica una negación del libro, sino su expansión hacia un campo de significaciones móviles y compartidas.

El paso del libro a la performance exige, por tanto, repensar las categorías tradicionales de archivo y repertorio. Diana Taylor (2003) distingue entre lo que queda —el archivo, asociado a la permanencia material— y lo que acontece —el repertorio, vinculado a la memoria corporal y a la transmisión efímera—. Hilo de voz transita precisamente entre esos dos dominios: parte del archivo impreso de la novela, pero se actualiza en cada lectura colectiva, produciendo repertorios singulares que se disuelven al concluir la acción. La escritura se vuelve así un proceso reversible entre permanencia y desaparición.

El texto expandido que emerge de este proceso no renuncia a su origen literario, sino que lo somete a una prueba de elasticidad. En lugar de un objeto cerrado, tenemos un dispositivo que opera en la intersección de lo literario, lo visual y lo sonoro. La materialidad de los hilos, la fragilidad del sonido, la tensión de los cuerpos y la disposición espacial conforman una nueva sintaxis que desborda los límites de la página. La experiencia lectora deja de ser un acto introspectivo y se convierte en práctica colectiva: leer, aquí, es también oír, sostener, tensar, vibrar.

Este marco teórico sitúa Hilo de voz en el horizonte de la intermedialidad y de la literatura expandida. El libro, lejos de desaparecer, se vuelve matriz de una multiplicidad de actos que lo reescriben. Cada performance genera una versión distinta, irrepetible, que modifica la relación entre texto y lector. La escritura, en consecuencia, no se agota en el soporte, sino que circula entre medios, cuerpos y temporalidades. Esa circulación redefine el estatuto mismo del signo, que ya no remite solo a un significado estable, sino que se despliega como campo de relaciones en transformación constante.

Del texto a la acción performática: la novela como dispositivo expandido

Asja. Amor de dirección única reconstruye la relación entre Asja Lācis y Walter Benjamin desde una mirada contemporánea, e Hilo de voz no adapta sus contenidos, sino que ensaya un modo de comunicación. En este sentido, la performance actúa como extensión del universo narrativo de la novela, pero en un plano distinto: el de la circulación colectiva de la palabra. Lo que se despliega no es una dramatización, sino una traducción de la lógica textual al espacio físico y relacional de la acción.

El dispositivo propuesto por la autora simboliza los canales actuales de transmisión —redes sociales, algoritmos, flujos informacionales— y los reinterpreta a través de un medio analógico, artesanal, casi arcaico. Los hilos de voz, al tensarse o enredarse, representan las formas de conexión y desconexión que caracterizan las redes contemporáneas (Jenkins, 2006; Manovich, 2001). Cuando los hilos se anudan, la circulación del mensaje se interrumpe; cuando vibran, emerge la escucha. En ese juego entre interferencia y resonancia, la obra revela las condiciones materiales y afectivas que hacen posible la comunicación.

La palabra no emana ya de un “yo” soberano, sino de una red de voces interdependientes. Cada participante transmite un fragmento, altera el ritmo, cambia la entonación, modifica el sentido. Esta redistribución de la voz cuestiona la idea moderna de autoría y la noción de propiedad del texto, tal como anticipaban Barthes (1987) y Foucault al plantear la muerte del autor y la emergencia de una escritura plural. La autora deviene mediadora, facilitadora del tránsito del texto hacia otros cuerpos, hacia otras interpretaciones.

La acción performática convierte así la novela en un laboratorio de comunicación expandida. El libro impreso funciona como punto de partida, como archivo de una experiencia que se reactiva cada vez que se ejecuta la pieza. El paso del texto a la acción no supone la desaparición de la literatura, sino su mutación hacia una práctica relacional. Lo que antes era lectura individual se convierte en escucha compartida; lo que era narración cerrada se abre a la multiplicidad del presente. La novela, por tanto, deja de ser un producto final para transformarse en un dispositivo que genera acontecimientos.

Este desplazamiento puede interpretarse como una forma de crítica al régimen mediático de la inmediatez. Frente a la velocidad y la saturación informativa, Hilo de voz propone una temporalidad lenta y atenta. El hilo obliga a esperar, a escuchar, a sostener la vibración del otro. Cada intercambio implica un pequeño esfuerzo de sincronización que revela el valor del tiempo compartido. En ese sentido, la performance funciona como contraimagen de la hiperconectividad digital: un sistema de comunicación frágil, manual, pero profundamente humano.

En la relación entre novela y performance se manifiesta la continuidad de la escritura como práctica de mediación. El texto impreso y la acción performática no se oponen, sino que se retroalimentan. La novela provee el archivo, la base narrativa y conceptual; la performance actualiza ese archivo en el cuerpo de los participantes, generando repertorios de lectura que se renuevan con cada iteración (Taylor, 2003). De este modo, Hilo de voz encarna la idea de literatura expandida como un sistema abierto, en el que la palabra se reescribe constantemente al atravesar distintos soportes y contextos.

La pieza propone, en definitiva, una reconsideración del vínculo entre escritura, lectura y comunidad. La novela se convierte en un umbral, en un punto de cruce entre la soledad de la lectura y la colectividad de la escucha. El texto impreso ya no basta por sí mismo: necesita de otros cuerpos para completarse. En ese tránsito, la literatura se redefine como un acontecimiento que ocurre entre voces, un proceso donde el sentido no se produce en la página, sino en la vibración compartida del lenguaje.

Escritura expandida y multiplicación de la autoría

El tránsito de la novela a la performance en Hilo de voz redefine la autoría como un proceso abierto y compartido. La escritura ya no se concibe como gesto de clausura, sino como un sistema de reescrituras sucesivas que desbordan la figura del autor individual. En la medida en que el texto se activa en cada lectura colectiva, la autoría se multiplica: cada voz, cada interpretación y cada variación sonora introducen una nueva capa de sentido (Barthes, 1987; Foucault, 1994).

El libro impreso, en este contexto, actúa como un archivo en potencia. La performance lo reactiva al transformarlo en materia viva: los fragmentos de texto se desprenden de la linealidad de la página y se despliegan en un espacio tridimensional, donde los cuerpos se convierten en los verdaderos soportes de la palabra. Esta dinámica pone en crisis la noción moderna de autor como propietario del texto y la sustituye por una concepción rizomática de la creación, próxima a la de Deleuze y Guattari (1980), donde el sentido se produce en la conexión, no en la jerarquía.

El concepto de “escritura expandida” permite entender esta operación como una ampliación de la práctica literaria más allá de los límites de la textualidad. La expansión no consiste en abandonar el texto, sino en desplegarlo hacia otros medios y experiencias. La escritura se convierte en un proceso intermedial que combina palabra, sonido, cuerpo y espacio. En Hilo de voz, esa expansión se materializa en la red de vasos e hilos, donde cada vibración equivale a un signo, y cada interferencia, a una forma de lectura. El sentido ya no está fijado en la tinta, sino en la vibración compartida del lenguaje.

Esta multiplicación de la autoría implica también un desplazamiento de la recepción. El público deja de ocupar el lugar pasivo del espectador para convertirse en coproductor del acontecimiento. Tal como plantea Claire Bishop (2012), la participación no debe entenderse como un simple acto de inclusión, sino como una redistribución del poder estético: la obra se define por la interacción entre las fuerzas que la componen. En Hilo de voz, esa redistribución se produce en el momento en que la autora entrega su texto a los demás, cediendo el control de su voz y aceptando que el resultado final será imprevisible.

En este modelo de creación, la figura del autor se disuelve en una comunidad de enunciadores efímeros. Cada acción genera una versión distinta de la obra, que a su vez se integra en un archivo inmaterial de resonancias. Esa dimensión inacabada y múltiple convierte la literatura en una práctica de continuidad: escribir no es fijar, sino provocar desplazamientos. La performance, en consecuencia, actúa como un dispositivo de actualización constante que mantiene viva la potencia del texto original.

La noción de multiplicidad que sostiene la pieza se extiende también a la relación entre medios. La palabra escrita, la voz humana y el objeto físico funcionan como elementos interdependientes dentro de un mismo sistema de comunicación. Este diálogo entre materialidades confirma lo que McLuhan (1964) había anticipado: cada medio transforma la percepción del mensaje. Hilo de voz no se limita a transmitir un contenido, sino que convierte la propia mediación en tema y estructura de la obra.

La autoría, entendida así, ya no puede reducirse a una firma. Es un proceso distribuido, una red de gestos, cuerpos y resonancias que se expande con cada repetición. La obra, en su forma final, no pertenece a nadie porque pertenece a todos los que han participado en su transmisión. Ese desplazamiento, lejos de diluir la identidad autoral, la enriquece: la autora deviene origen y consecuencia de un proceso colectivo de creación, donde escribir es también escuchar, y ser leído, una forma de reaparecer en los otros.

Conclusiones

Hilo de voz propone un modo de lectura y de escritura que desafía los límites tradicionales del libro, expandiendo su materialidad hacia el cuerpo, el espacio y la comunidad. La pieza hace visible el tránsito entre texto, acción y escucha, convirtiendo la literatura en un acontecimiento compartido. A través del uso mínimo de recursos —vasos, hilos, fragmentos, voces— logra reconfigurar la relación entre autoría y recepción, transformando el acto de leer en una práctica de transmisión colectiva.

El dispositivo performático demuestra que el libro no desaparece, sino que se reconfigura como matriz generadora de experiencias. La escritura, entendida como archivo, se actualiza cada vez que se activa el repertorio de la performance (Taylor, 2003). En esa alternancia entre permanencia y disolución, la literatura se mantiene viva: no como objeto, sino como proceso. La palabra escrita, al ser pronunciada por otros cuerpos, se convierte en una forma de resistencia simbólica frente al silencio y la homogeneización comunicativa.

La pieza plantea también una reconsideración política del acto de leer. Leer deja de ser un ejercicio solitario para volverse acción pública, gesto de restitución de voces silenciadas y creación de comunidad. En lugar de consumir un mensaje unidireccional, los participantes producen significados múltiples y efímeros, cada uno condicionado por la interacción entre los hilos, las distancias y las vibraciones. Esta materialidad precaria y mutable encarna la vulnerabilidad misma del lenguaje, pero también su poder de conexión.

En la descentralización de la autoría reside una de las mayores potencias de Hilo de voz. La autora cede su control y confía en el azar de la interpretación. El sentido no se fija, sino que circula. El texto deja de ser un territorio cerrado para transformarse en una red de resonancias. En ese proceso de redistribución de la voz, la literatura se abre a lo inesperado: a la posibilidad de ser transformada por quien escucha, de sobrevivir al libro impreso al habitar otros cuerpos y tiempos.

Hilo de voz materializa así un “postlibro”: no un rechazo del soporte, sino una reconfiguración de sus modos de circulación. La obra cuestiona las jerarquías comunicativas y los mecanismos de silenciamiento contemporáneo, proponiendo una reapropiación simbólica del acto de hablar y escuchar. Su fragilidad formal —los hilos que se enredan, las voces que se cruzan, las palabras que se pierden— se convierte en metáfora de la condición humana y en afirmación de una persistencia: la de seguir comunicando incluso en medio del ruido.

En la vulnerabilidad del intercambio radica, precisamente, su potencia. Cada nudo, cada vibración, cada pausa accidental revela la verdad del lenguaje como territorio compartido. Hilo de voz no busca clausurar su mensaje, sino mantenerlo en movimiento, generando un espacio de relación y memoria colectiva. En ese tránsito continuo entre novela y acción performática, entre archivo y repertorio, la escritura encuentra una nueva forma de supervivencia: la resonancia.

Entre las líneas de investigación futuras se abre la posibilidad de documentar etnográficamente las recepciones de la pieza, explorar variaciones en sus parámetros y aplicar el dispositivo en contextos educativos o culturales —lectura coral, mediación, archivos comunitarios—. Estos posibles desarrollos podrían ofrecer indicadores cualitativos y cuantitativos de impacto, mostrando cómo la literatura, al expandirse, mantiene su capacidad de transformación social y simbólica.

Bibliografía

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Roser Amills, performance «Fil de veu», Eivissa 2025

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