Columna · blog My Sexy Corner · 20 de febrero de 2014
Llevo un par de días que echo chispas y me enfado por cualquier nimiedad, a ratos me siento melancólica y la falda que me he puesto no combina con la blusa. Ni con las medias. Ni con la ropa interior. ¿Ropa interior?
Me cuesta reconocerlo, pero ahí está el asunto. Estoy mal follada, así de simple. Y lo que tengo claro es que no quiero seguir así un día más. No sé vosotras, pero yo reacciono a la primera, aunque me consta que hay, sin embargo, mujeres capaces de aguantar así meses, años incluso.
Y es que… reconocer que una está mal follada es de valientes. Y a veces no lo somos tanto como convendría. Reconocer que estás mal follada representa una toma de posición, hay un antes y un después de esta frase.
Igual que hace unas semanas os hablaba de las bondades de contar a los cuatro vientos lo mucho que nos gusta el sexo, pues ésa es la mejor manera de disfrutarlo, con la verdad por delante, en este caso os hablo de una verdad como la copa de un pino pero que se grita por dentro: la tensión sexual no resuelta luce menos y es más engorrosa de expresar.
Así que… manos a la obra: a mí no me cabe ninguna duda de que en el preciso instante en que lo reconoces ante ti misma las cosas empiezan a cambiar.
Si eres soltera con amantes puntuales
Analiza tu lista y ve poniendo puntos. Los que no lleguen a un aprobado, fuera, a otra cosa mariposa que ser soltera con amigos con derecho a roce tiene esta ventaja. No des explicaciones, porque es un lío. Ya sé que suena muy drástico, pero es por tu bien: si estás con varios amantes puntuales es bueno que sigan siendo eso, puntuales, y no tus psicoanalistas.
Si eres soltera de sola del todo: mastúrbate.
Si ya lo haces regularmente, pues hay que mejorar la técnica. Hazlo más e introduce nuevos juegos que aumenten la pasión entre tu mano y tu cuerpo, que la rutina en la cama también puede surgir en el «yo me lo guiso, yo me lo como», regálate un vibrador para el punto G y léete el post de hace unas semanas donde explicaba con detalle cómo encontrártelo y subir al séptimo cielo.
Y luego, sólo luego, valora la posibilidad de conocer gente y pedir colaboración en estos asuntos. Sólo si te apetece, sin ansiedad y con todos los orgasmos solitarios del mundo a cuestas, que es cuando estamos más lúcidas y elegimos mejor. Importante: nada de elegir pareja a la desesperada, la tensión sexual no resuelta es muy mala para pensar con claridad.
Y… si tienes pareja estable: ahí está el escollo más difícil de remontar.
Se lo tienes que decir, pero no de cualquier manera. Porque a tu pareja no le gustará saber que estás mal follada. Ni una pizca. Pero es lo que hay.
Así que organiza una cena informal (¡no con velas, que sería un bajón ilusionarle o ilusionarla en balde!) y ve contándole primero lo que sí te gusta… y poco a poco lo que no te gusta, lo que no sientes, lo que te falta y lo que odias. Si va deprisa, se lo dices en positivo:
- «Necesito más tiempo y estoy segura de que me lo puedes dar, ¿verdad?»
- «Me gustaría probar a darte instrucciones, ¿te atreves?»
- «Hay zonas de mi cuerpo muy muy sensibles y desconocidas incluso para mí, quieres que las investiguemos juntos?»
Y dejo la lista abierta porque espero vuestras sugerencias: cada maestrillo tiene su librillo y estamos en aprendizaje constante, siempre: a eso se le llama ser mujeres inteligentes.