Prensa · Sala Baño · diciembre 2013
Andrés Juberías, de la revista de diseño Sala Baño, entrevista a la escritora Roser Amills en el reportaje «El baño es ¡sexy!», con fotografía de Guy Aelbrecht. Aquí tienes las cuatro páginas (32 a 35) y su texto completo.

El baño es ¡sexy!
Por Andrés Juberías

Asignatura pendiente. Después de trece años haciendo esta sección, tarde o temprano me tocaría hablar de sexo. Sí, he dicho sexo. Porque estimados lectores de Sala Baño, que sepáis que, según las estadísticas, uno de los espacios donde más sexo practicamos los humanos de cualquier raza, cultura o religión, orientación sexual e incluso edad, después de en el dormitorio, ¡es el baño!
El baño es sexy, es un buen lugar para practicar sexo; desde siempre. A lo largo de la historia, el ritual del baño significó mucho más que unos pocos minutos dedicados al aseo personal. Para las civilizaciones antiguas de Egipto, Grecia y Roma, el baño adquiría connotaciones religiosas, que se entrelazaban con el placer, la ostentación de la riqueza, la utilización de aceites y esencias aromáticas y el sexo.
Las termas, en su origen, eran dependencias de los gimnasios y contaban únicamente con agua fría; aunque, más tarde, se empezaron a convertir en complejas instalaciones cuyo uso estaba asociado tanto a actos rituales, medicinales, como atléticos. Con el tiempo, todas las ciudades helenas contaron con este tipo de equipamiento y su uso pasó a Roma. En Delfos y Olimpia quedan restos de un baño público del siglo V. Estas instalaciones ofrecían baños de vapor y piscinas mixtas de agua caliente, templada y fría.
El baño se convirtió así en un complicado ritual de cuidados corporales, que incluía la práctica de ejercicio, masajes con aceites especiales, una sucesión de baños a diferentes temperaturas, la limpieza a fondo de la piel y, al final, un nuevo ungimiento con cremas u otros aceites.
Sin duda, un lugar ideal para gozar de los placeres de la carne, ya que dichas civilizaciones -las más influyentes en nuestra cultura occidental- vivían el sexo de un modo más abierto y liberal.
De los templos del aseo de la antigüedad al lapsus de la Edad Media (no por falta de sexo, sino más bien de higiene en ese periodo histórico) se pasaría al Renacimiento, una época gloriosa para el culto al cuerpo, la belleza y, cómo no, el sexo. El baño retoma su protagonismo y vuelve a ser una estancia donde dar rienda suelta a juegos libertinos y de seducción, al margen de la sociedad puritana de la etapa Moderna, y, hasta hoy, donde al parecer, y lo dicen las encuestas, se ha convertido en el espacio más sexy de nuestro hábitat.
Entrevista a Roser Amills, autora del libro «¡Me gusta el sexo!»
Roser Amills es amiga personal, escritora y periodista mallorquina, reside en Barcelona y ha desarrollado su actividad profesional en radio y televisión, on-line y en los grupos editoriales más importantes del país. Con casi una veintena de títulos entre ensayos, libros de poesía y antologías, ha recibido varios premios y parte de su obra ha sido traducida al portugués, inglés, francés, italiano, alemán y ruso. Coordina el blog de La Vanguardia Inspiración digital y también escribe columnas de opinión, una semanal en My Sexy Corner.
Es tertuliana en Vespre a La 2 de Televisió de Catalunya La 2 y forma parte del equipo del programa diario y pionero de sexo de Catalunya Ràdio, Les mil i una nits by Maria de la Pau Janer junto con el catedrático en psiquiatría Adolf Tobeña.

La también escritora Doris Lessing habla a menudo del baño como lugar donde sus personajes se comprenden a sí mismos y sienten su cuerpo. En un relato cuenta una depilación genital en la bañera con todo lujo de detalles, tú publicas «Me gusta el sexo», yo convierto el escaparate de Bagno en el baño de Roser, abrimos al escaparate a la calle, cortamos la Gran Via de Barcelona y te metemos en una bañera y presentamos tu libro ante la atónita mirada de los paseantes…
¿Cómo se te ocurre escribir el libro «Me gusta el sexo»?
Después de 16 libros y una larga lista de ensayos, un día me di cuenta de que el sexo no estaba explicado, por eso escribí «Morbo», mi primer libro, explicándolo con un lenguaje llano, sin ofender, muy didáctico y divertido, y luego se me ocurrió «Me gusta el sexo».
Y al llamarte yo para decirte que te metieras en una bañera para presentarlo en Bagno, dijiste que sí enseguida.
Me he dado cuenta de esta nueva forma de presentar en una tienda, es una nueva forma de comunicar muy divertida y aporta mucho.
Yo lo propuse a la editorial AYDOS y estuvieron encantados con la idea. De hecho como soy mallorquina lo propuse a las marcas de ropa de cama La Mallorquina y realizamos lo mismo que en Bagno; pero, en vez de convertir el escaparate de La Diagonal en mi baño, lo convertimos en mi habitación. Y eso tratándose de una empresa conservadora.
¿Eso quiere decir que el empresario está cambiando conceptos?
Hoy en día venden más las emociones que una buena campaña de marketing, eso lo están entendiendo algunos empresarios. Todo el mundo ha hablado del anuncio filipino del niño que roba medicamentos para un enfermo, y lo recibe de vuelta pasados 30 años. No se ve el producto que se anuncia y todo el mundo ha comentado el anuncio por su contenido y la calidad humana del mensaje.
Hace diez años tú no habrías presentado tu libro ni dentro de una bañera como en Bagno ni tumbada en una cama como en la Mallorquina…
Todo ha cambiado y se ha juntado todo. Creo que el éxito del libro se debe a que los españoles estamos muy acomplejados en este tema del sexo. Hasta muchas de las personas aparentemente modernas están llenas de tabús y complejos. Y ahora parece que esto encaja, atrae y la gente se siente más identificada.
Hablemos de ello, pero en el contexto del baño…
Los humanos, desde siempre, hemos relacionado el baño y el sexo, ya en culturas y civilizaciones antiguas. Y eso es debido a que es ahí donde tenemos más contacto con nuestro cuerpo, en el baño. Es el lugar más íntimo y donde afloran emociones como la sexualidad, el erotismo… En el baño la persona se recupera, se siente más libre. El baño ha evolucionado muchísimo, pero ya los egipcios y los romanos hacían un uso erótico del baño. Ellos inventaron los aceites, las esencias para el agua y las velas, para hacerlo más acogedor, incluso Cleopatra optó por la leche de burra para bañarse.

En la sociedad moderna todo es más rápido y la mayoría de nosotros hemos pasado de la bañera a la ducha. Sin embargo, noto últimamente que necesitamos más. Queremos un santuario de belleza, de relax, de cuidado al cuerpo… De ahí que los centros de Spa y balnearios tengan tanto éxito y cada vez hay más y mejores, con una amplia oferta de posibilidades. Ello favorece muchísimo el erotismo. Ahora las parejas recuerdan de nuevo que el baño se presta a ello. Vuelven los baños, las bañeras, las velas, la música en el baño…
Yo, en mi libro «Me gusta el sexo», recomiendo a las parejas ducharse o bañarse juntos por lo menos una vez a la semana, y ya no para practicar sexo, que si surge pues bienvenido sea, sino para encontrarnos desnudos cerca y sin ropa…. Los psicólogos deberían recomendarlo a las parejas. Es una manera de recuperar la motivación. No hay que esperar a la cama.
¿Me estás diciendo que ducharse o bañarse con la pareja puede evitar más de un divorcio?
Por supuesto, ¡lo confirmo!
Ya no solo a lo largo de la historia, sino también en el cine, el baño ha tenido siempre una carga erótica, ¿cierto?
Lo hemos visto en Cleopatra, en películas de egipcios, griegos, romanos hasta llegar al Oeste. En muchas películas el pistolero cansado y sucio, y ella, guapísima y exuberante, le tiene el baño preparado; eso lo hemos visto todos. En algunas, los hemos visto beber champagne, fumar e incluso comer ostras dentro de la bañera.
¿Qué tiene el afeitado de erótico?
Desde siempre a las mujeres no gusta observar al hombre afeitándose, es erótico para nosotras, porque es un ritual de masculinidad.
¿Qué opinas del fenómeno del hombre Metrosexual e incluso de que muchos heterosexuales superen a los gays con tanta depilación y tanta crema? Yo nunca entenderé que algunos heterosexuales se depilen las cejas como las llevan…
Un hombre que pasa más tiempo que yo en el baño no me interesa, no me gusta. Una por motivos prácticos y otra porque me preocupa que sea un ególatra.
Dame algunas notas relevantes en referencia a este tema…
Por ejemplo, la novela «Zonas húmedas», de Charlotte Roche, es transgresora, equilibrada con humor e ironía, y ha encabezado durante meses los ránkings de venta alemanes y que en España se atrevió a publicar la editorial Anagrama con gran éxito. Toda la trama se inicia con un momento íntimo en el cuarto de baño…
De Pau Riba, «Moscas juguetonas y microzoofilia», de 1948. Me cuenta Pau, cuando le solicito su fantasía favorita, que le gusta la idea de estar en la bañera y arrancarle las alas a una mosca, o a varias, para que le hagan cosquillas. Ya sabemos dónde. Le pregunto si la ha cumplido y responde: «Dejémoslo en que se trata de una fantasía».
O Franz Kafka, que llevaba un diario de los ratos que pasaba en el cuarto de baño y donde describe meticulosamente todo lo que hacía (entre otras cosas se masturbaba, pues no tenía una vida sexual como para tirar cohetes).


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