Entrevista · 1997
Desde que en 1996 quedara finalista del Premio Planeta, la escritora Zoé Valdés (40 años) no para un momento, y tanto escribe novela como hace periodismo o entrevista a famosos. Ella atribuye el origen de tanta energía a sus muñequitas Osún y Yemayá, que representan las dos deidades afrocubanas más importantes. Zoé no se separa un instante de ellas ni de sus espíritus, aunque habla poco de estos temas porque “mucha gente no cree en ellos”. En esta entrevista ha decidido romper su voto de silencio para hablarnos de su santería y de las experiencias más especiales que ha vivido.
P. ¿De dónde proviene tu interés por la magia, la santería y los espíritus?
Me crié en una familia dirigida por mujeres: mi abuela, mi madre y mi tía. Mi abuela, que era irlandesa y creció rodeada por el misticismo celta, fue la que más me transmitió sus creencias. Desde pequeñita yo sentí a la vez un miedo y una fascinación enormes por las ceremonias yoruba y los ritos que los adultos practicaban en la Habana. En Cuba la religiosidad popular está incorporada a la vida diaria y casi todo el mundo cree en algún tipo de santería.
P. En alguna ocasión has declarado que tienes un don especial ¿En qué consiste?
Tengo premoniciones, y suelo llegar a ellas escribiendo. Lo supe cuando aún vivía en Cuba; un día un religioso yoruba entró en casa y me dijo: “No te asustes cuando veas personas con un aro azul, cuando sientas cosas extrañas, porque tú tienes capacidad para ver.” Y fue cierto: he tenido y sigo teniendo muchas experiencias místicas, algunas maravillosas y otras que me han impresionado.
P. ¿Crees que la santería cubana tiene algo que ver con tu forma de escribir?
Por supuesto, es algo de lo que no me puedo separar. Cuando comencé a escribir poesía, ése fue el acto más místico que he sentido nunca. Más que inspiración, notaba que las palabras me llegaban solas; además, algunos poemas de mi libro “Noches para una sombra” fueron premonitorios y después me dio miedo haberlos escrito, porque en ellos hablaba de muertes y castigos. Lo mismo me ha sucedido con mis libros “Te di la vida entera” y “Café nostalgia”.
P. ¿Cuál ha sido la vivencia mística más fuerte que has tenido?
Cuando alguien a quien amaba mucho, mi segunda pareja, murió, estuve un año entero sintiendo su presencia cerca de mí. Notaba como si pasara a mi lado, percibía su olor… Sé que gran parte de estas sensaciones eran algo psicológico, pero de alguna manera creo que había algo de él que se había quedado conmigo.
P. ¿No te da un poco de miedo vivir este tipo de experiencias?
No suelo sentir miedo porque sé que los espíritus que me acompañan están para ayudarme y protegerme. Yo los cuido y respeto, y ésa es la clave para que estén tranquilos.
Algunos de ellos eran amigos de Cuba que murieron en situaciones poco claras, y otros son familiares, como sucede con mi abuela, que antes de morir me aseguró que siempre estaría conmigo. Me ayudan mucho y me dan consejos y energía, pero también se ponen bravos cuando hago cosas que les desagradan. Además, cuando me pongo a escribir me evocan muchas de las historias de mis novelas.