Columna · serie sobre el posporno · 29 de agosto de 2008

La web 2.0 ha cambiado nuestra manera de relacionarnos, de producir y consumir información, de adquirir y propagar conocimiento. Y uno de los fenómenos que más ha despertado las fantasías feministas de emancipación digital ha sido, lógicamente, el de la blogosfera, de la que nos hemos apropiado con voracidad para compartir experiencias, crearnos redes de apoyo mutuo, visibilizarnos unas a otras y, sobre todo, soñar con la posibilidad de una revolución que siempre nos decepciona. No es cierto que en el cerebro colectivo haya sitio para todo el mundo. Cuando la libertad de expresión convive, como ahora, con una suplantación de la vida pública por formas más o menos atractivas de exhibicionismo hiper-real, es sólo una estrategia de despiste.
Roser Amills dedicó esta columna de agosto de 2008, dentro de su serie sobre el posporno, a la blogosfera y su relación con el ciberfeminismo.
Más en Columnas de opinión, Ciberfeminismo, Chúpame el código y Annie Sprinkle y el posporno.
También te puede interesar
Pensamiento y Acción«La sirena» de Joan Alcover: dues versions (1907 i 1909) i el consentiment
El librero de MacondoZenda | Roser Amills: «Todo el mundo es sabio, hasta que se sienta a escribir» (2-8-2026)
Asja. Amor de dirección única«Del libro al hilo de voz»: Roser Amills analiza su performance sobre Asja Lacis
Fotos de los lectores y lectorasMe fascina que este lector-pintor haya pintado sobre mi poema de «Uno solo, por favor» (Calambur, 1997)
Etiquetas blogosferacyber feminismolos modernos
