Asja Lacis fue mucho más que la amante de Walter Benjamin y me enorgullece reivindicarlo en esta novela. La encontrarás en cualquier librería, editada por Comanegra.
Datos de la novela “Asja, el gran amor de Walter Benjamin”
Roser Amills · Octubre de 2017
Sinopsis
“Asja” narra una historia que se inicia en Berlín, en 1955, aunque la acción se desarrolla desde más de treinta años atrás y a través de varios continentes.
La directora de teatro letona Asja Lacis, bolchevique non grata para los amigos filósofos de Walter Benjamin, una mujer asombrosamente liberal, egoísta e incomprensiblemente fría, recibe en casa de Bertolt Brecht la inesperada noticia de que el filósofo se suicidó quince años antes en Portbou, mientras huía de los nazis.
“Asja, te espero. El mundo se desmorona así más tranquilamente”.
Invadida por el dolor, regresa a Rusia, donde había estado prisionera en un gulag entre 1937 y 1947.
Durante el largo trayecto de regreso, entre la narración testimonial y el análisis de sus afectos, rememorará cómo era Walter Benjamin, cómo se comportó ella con él y la gran historia de amor que los unió desde que se vieron por primera vez en un mercado de Capri en 1924 hasta la última conversación que mantuvieron, años antes del suicidio.
Con esta confesión escrita intenta disipar los demonios de la culpa por no haber estado atenta a ese gran amor, pero la novela desvela también claves de una culpa colectiva muy similar: la Segunda Guerra Mundial, el auge del nazismo y el estalinismo.
Queda a disposición del lector la interpretación del silencio que aún hoy rodea cualquier totalitarismo y todo aquello que a veces no somos capaces de expresar cuando un gran amor se cruza en nuestro camino.
Protagonistas
- Asja Lacis (Līgatne, Letonia, 19 de octubre de 1891 – Riga, 21 de noviembre de 1979)
- Walter Benjamin (Berlín, 15 de julio de 1892 – Portbou, España, 26 de septiembre de 1940)
- Daga Lacis (hija de Asja y Julijs)
- Dora Sophie Benjamin (esposa de Walter Benjamin, 1890–1964)
- Gershom Scholem
- Stefan Benjamin
- Bertolt Brecht
- Helene Weigel (segunda esposa de Bertolt Brecht)
- Ernst Bloch
- Bernhard Reich (pareja de Asja; Berlín, 1892 – Riga, 1972)
Otros personajes que aparecen en la novela
- Rainer Maria Rilke
- Julijs Lacis (primer marido de Asja y padre de Daga)
- Theodor W. Adorno
- Georges Bataille
- Jula Cohn
- Marina Tsvetáyeva
- Josef Goebbels
- Jean Selz
- Vladímir Maiakovski (1893–1930)
- Dora Benjamin (hermana de Walter Benjamin)
- Pauline Benjamin (madre de Walter Benjamin)
- Emil Benjamin (padre de Walter Benjamin)
Lugares donde transcurre la acción
- Berlín del Imperio Alemán
- Friburgo
- Múnich
- Frankfurt
- Capri
- Nápoles
- Riga
- Moscú
- Ibiza
- Mallorca
- Barcelona
- París
- Nevers
- Dinamarca
- Berlín Occidental
- Gulag de Kazajistán (donde Asja estuvo diez años prisionera)
- Portbou (lugar de la muerte de Walter Benjamin)
Razones para esta novela
“Alguna vez habría que escribir un relato sobre Asja Lacis. Colaboradora de Meyerhold y de Eisenstein, cercana al grupo de Maiakovski, amante de Walter Benjamin y, por su mediación, vínculo entre Brecht y Benjamin.”
Ricardo Piglia
Poco después del fallecimiento de Asja Lacis, Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov hablaron por primera vez de los gulags. Comenzó entonces a hacerse visible que, al contar los millones de muertos en los campos de reclusión, a menudo había que multiplicar las cifras oficiales por dos o por tres.
Algo empezó a cambiar en Rusia de forma sutil y enrevesada. Gorbachov, nieto de prisioneros del Gulag, se atrevió en 1987 a desmantelar campos y a contar lo sucedido, y en 1991 la KGB fue disuelta. Sin embargo, como Asja supo siempre, las autoridades se limitaron a silenciar casi todo lo importante y a eso lo llamaron paz.
La barbarie no desapareció: se transformó en regímenes de burocracia y terror sin bombas, en guerras más discretas, en nuevas guerras cada año. Historiadores y memorialistas calcularon la extensión de aquella calamidad que anegó continentes enteros, y las cifras cuadraron.
Campos de concentración, purgas, gulags, asesinatos e injusticias atroces: egoísmo y ética se entrelazaron de tal forma que hoy aún resulta difícil discernir cuál gobierna el mundo. Todo tan absurdo e inhumano como los totalitarismos que Benjamin y sus contemporáneos denunciaron hasta el final de sus días.
Es más fácil imaginar que todo es ficción y mirar hacia otro lado para poder dormir. Esta novela se enfrenta a ese silencio.
Nota de la autora
Empecé a escribir este relato sobre Asja Lacis a principios de los años noventa, cuando apenas se sabía nada de su relación con Walter Benjamin. Fue a raíz de una recomendación del filósofo y traductor José Manzanares Nieto.
Veinticinco años después, esta fascinación sigue intacta. La documentación, los encuentros y las lecturas me llevaron a cuestionar la versión canónica que presentaba a Asja como una figura conflictiva, tesis promovida por Gershom Scholem y Theodor W. Adorno.
Bajo la influencia de Asja, Benjamin viajó, cambió su forma de pensar y de escribir, se apartó de su grupo y emprendió un camino propio. Esa ruptura no fue perdonada.
Esta novela intenta, con rigor y documentación, explicar quién fue Asja Lacis y cuál fue su relación con Walter Benjamin. Un relato basado en hechos reales sobre dos figuras lúcidas y autodestructivas, unidos por el amor, el pensamiento libre y el vértigo de una época que se derrumbaba.
Asja y Walter. Walter y Asja. Ninguno salió ileso del laberinto del otro. Y detrás de cada gran silencio, siempre hay alguien que debe romperlo.

Asja en el teatro: «Tengo en la boca un león»
Roser Amills llevó también la historia de Asja Lacis al teatro con Tengo en la boca un león (en catalán, Dins la boca hi tinc un lleó), espectáculo basado en hechos reales que optó en 2023 al Premi Ciutat de Manacor de Teatre Jaume Vidal i Alcover. Berlín, octubre de 1955: Asja Lacis, castigada por la edad y por diez años en un campo de trabajo de Kazajistán, visita a su viejo amigo Bertolt Brecht y a su esposa, la actriz Helene Weigel, en su casa junto a un cementerio del barrio de Mitte. Mientras la ponen al día, le dan la noticia que nadie se atrevió a darle: Walter Benjamin, el gran amor de su vida, se quitó la vida en Portbou en 1940, mientras ella estaba aislada en el gulag.
«Cuanto más se sabe, más se sufre».
— Eclesiastés 1, 18
Personajes: Asja Lacis (Anna Ernestowna Liepina), Bertolt Brecht y Helene Weigel.
Así empieza la obra
Asja quieta ante el portal, ruido de muebles arrastrados al otro lado de la puerta, un pájaro negro saca la cabeza de un nido en un hueco de la pared del cementerio y grazna hacia Asja.
Llama y abre la puerta Helene Weigel, tiesa, vestida de lentejuelas y muy maquillada.
La vivienda está junto a un cementerio, edificio del barrio de Mitte, vemos la puerta de la calle, el salón y la cocina.
Proyecciones sobre la pantalla lateral, del lado del cementerio: edificios bombardeados con grafitis del final de la guerra, mensajes en pintura roja de familias que advierten a sus hijos de nuevos domicilios para que aquellos que regresen del frente con vida sepan dónde encontrarlos.
HELENE: Cuánto me alegra verte, querida, si me hubiera cruzado contigo por la calle no te hubiera reconocido, pasa… Bert está reunido, para variar, me ha pedido que te atienda.
ASJA: No quisiera… Puedo regresar más tarde.
HELENE: Entra, por favor, insisto, es un barrio feo para pasear, lo reconstruyen pero no tiene arreglo, no, me harás compañía mientras esperamos a que el gran creador se tome un descanso. Ya no eres su prioridad, supongo.
ASJA: Te he traído este ramo.
HELENE: Qué detalle, Asja, no era necesario: flores pequeñas, blancas, modestas. Dame tu abrigo…
Tira el ramillete sobre una silla del salón, Asja tropieza con unas cajas.
HELENE: Oh, cuidado: estamos luchando, desde que nos mudamos, contra un ataque de termitas y apenas se puede cruzar este laberinto de cajas sin abrir y productos desinfectantes. Estoy cada día a punto de hacer las maletas y marcharme… Te ruego que disculpes el desorden, yo ya ni me doy cuenta.
Se ilumina la casa de los Brecht y se oscurece el cementerio, vemos un caos en toda regla: pilas de libros por todas partes y carpetas llenas de papeles. Techos muy altos y aquí y allá daguerrotipos, un rollo desplegado con un poema de Mao, varias mesas de escritorio cubiertas de papeles y sillas de diferentes diseños y colores boca abajo. Junto a una ventana central, retrato de Marx rechoncho y coloreado como las estampas de los santos y tres sillas.
HELENE: ¿Oyes los insectos?
ASJA: Disculpa, ¿qué has dicho, Heli?
HELENE: Te hablaba de las termitas.
ASJA: ¿Dónde?
HELENE: Aquí, a nuestro alrededor. O polillas, no estoy segura. Comen los muebles y libros. De noche y de día… ¿Las oyes? Aguza el oído, trata de situar la vibración.
[…]
Y así termina
BERT: Lamento que hayas sabido así lo de Walter. He sido un idiota por no intentar siquiera localizarte todos estos años. Te dimos por muerta y ya está.
ASJA: ¿Cómo sucedió?
BERT: Nadie sabe por qué se quitó la vida en Portbou, qué pasó… Sus hermanos, Georg y Dora, fueron hechos prisioneros y también estarán muertos.
ASJA: Le abandoné.
BERT: Yo también. La última vez que vi a Walter fue en Dinamarca, y discutimos.
ASJA: Cuéntame… ¿Cómo estaba?
BERT: De eso hace ya casi veinte años… Iba muy mal vestido, más delgado que nunca, un viejo con la corbata arrugada y los pantalones con lamparones. «Walter, tendrías que hacer algo para ganar dinero; no sigas así», le dije; se enfadó.
ASJA: No escuchaba a nadie.
BERT: «La solución no es trabajar más, Bert, sino dejar de trabajar para el capitalismo.» me dijo.
ASJA: Decía cosas así, frases para cada pliegue de la existencia. Ese pensamiento suyo extraño y claro.
BERT: Me reprochó que mi obra ayudaba a los fascistas, imagínate, y se empeñó en llevarse a París los centenares de libros que Helene y yo le habíamos guardado durante años. Luego ya apenas mantuvimos contacto.
ASJA: Leí hace poco algunas reseñas y revisiones de piezas tuyas de aquella época.
BERT: Ni se las agradecí. Qué vergüenza. Me gustaría cambiar de tema, es como en esa historia de aquel hombre que fue al zoológico y acercándose a un cartel que decía «El animal más peligroso de la Tierra» descubrió asombrado que se hallaba ante un espejo.
ASJA: Nos hizo ser quienes somos ahora. O no. ¿No te parece arrogante pensar eso…? ¿No me equivoco? ¿No crees que puedo estar equivocada?
BERT: No sigas por ahí, le fallé yo, como siempre, el bien que quisiera hacer no lo hago, pero el mal que no quisiera hacer lo he hecho ya. Me enteré de su muerte mucho después, una absurda necrológica que publicaron en un periódico yidis. Ni que la hubiera escrito el gran Kafka: «Trágico suicidio del profesor Walter Benjamin, el famoso psicólogo universitario». Y soy tan egoísta que solo me quedé paralizado con la posibilidad de mi propia muerte en la cabeza.
ASJA: Querido Walter. Puede que sí sea culpa nuestra.
BERT: ¿Adónde vas? ¿Qué haces?
ASJA: A ningún lado. No, no me doy cuenta de lo que hago. Tengo en la boca un león, y esa vibración, ya puedo oírla, Helene, Bert, mis manos ya lo sabían. No voy a ningún lado, ¿adónde queréis que vaya? Por favor, ¿podríais buscar alguna foto de Walter? Ahora, ya.
Este texto es también el germen de «Hilo de voz», la performance con la que Roser Amills inauguró en 2025 el festival Territori de Ibiza.
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