Citas de Emil Cioran que Roser Amills comparte · enero de 2005

En la Antigüedad, el filósofo que no escribía, pero pensaba, no se exponía al desprecio; desde que nos postramos ante la eficacia, la obra se ha convertido en el absoluto del vulgo; a quienes no producen se les considera «fracasados». Sin embargo, esos «fracasados» habrían sido los sabios de otros tiempos; ellos rehabilitarán nuestra época por no haber dejado trazas en ella.
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En un mundo sin melancolía los ruiseñores se pondrían a eructar.
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Si alguna vez has estado triste sin motivo, es que lo has estado toda tu vida sin saberlo.
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Nosotros nos parapetamos detrás de nuestro rostro: al loco le traiciona el suyo. Él se ofrece, se denuncia a los demás. Habiendo perdido su máscara, muestra su angustia, se la impone al primero que llega, exhibe sus enigmas. Tanta indiscreción irrita. Es normal que se les espose y se les aísle.
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Apenas se medita ya de pie, y menos aún andando. Fue nuestro empeño en conservar la posición vertical lo que originó la Acción; por ello, para protestar contra sus perjuicios, deberíamos imitar la postura de los cadáveres.
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Para dominar a los hombres hay que practicar sus vicios y añadir a ellos alguno más. Véase el caso de los papas: mientras fornicaban, practicaban el incesto y asesinaban, dominaban el mundo y la Iglesia era omnipotente. Desde que respetan sus preceptos, su poder se degrada: la abstinencia, lo mismo que la moderación, les ha resultado nefasta; convertidos en personas respetables, nadie les teme ya. Edificante crepúsculo de una institución.
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La dignidad del amor consiste en el afecto desengañado que sobrevive a un instante de baba.
Emil Cioran
Etc.
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