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del blog de la maravillosa Sonia Giménez Guzmán

Hace unos días, tras leer la Cama celestial de Irving Wallace, de la que hablaré en algún otro momento, me encuentro en el intervalo de hallar una nueva lectura, que llene una parte de mis ansias vitales. Y mira tu por donde que me toca un premio por haber participado a una propuesta de Roser Amills, y he de recoger en Barcelona su última novela. Me deja escoger : en catalán o en castellano. Dudo. Y me digo que siempre es mejor elegir la lengua original en que se haya escrito la obra, siempre en el caso de que la mendas, o sea yo, domine dicha lengua, claro. Me dice que la ha escrito simultáneamente en las dos. Finalmente elijo el español por la simple y subjetiva razón de que en mi imaginario eso de «Sé buena» me rechina más que «Fes bondat» y me lleva a fantasías que me hacen tener ganas de ver de qué irá la cosa.

Quedo a media tarde con Roser Amills, un poco antes de mi cita con la primera sesión de este otoño de música, movimiento expresivo y meditación de la risa profunda, que es la TERP.

Estoy nerviosa toda la mañana. Es una escritora y periodista que me resulta muy interesante por su osadía, desparpajo, naturalidad y gracia…y con mucho tino en sus dotes internautas y mediáticas y que se relaciona con gente a la que también admiro…total que me pregunto si será tan maja como en los vídeos que veo en su web o será una estirada…Seguro que querrá que nos hagamos una foto, ¡ay! , y yo con estos pelos…bueno, a mi ego también le hace gracia lo de la foto…Entre tanto llega la hora y me avisa que llega un poco justa… y ya me gusta ese detalle…Me siento en la terraza del bar donde hemos quedado, en el barri de Gràcia y espero entre ráfagas de tranquilidad alternadas con ráfagas de inquietud…Unos minutos más tarde llega con su sonrisa genuina, que desarma de inmediato todos mis miedos. Y empezamos a hablar como si nos conociésemos de toda la vida, de su novela, de la vida, de mujeres de agua, de mujeres en general, de hadas y de niños, de Mallorca …Y sí: ¡nos hacemos la foto! Nos despedimos y me digo » la gente más interesante, es la gente más sencilla».
En el tren empiezo la novela. Ya en el primer capítulo intuyo que me va a gustar…el enfoque, el tema…cierro el libro con la emoción que siente una niña a la que se le presenta un largo invierno. Y ahí ando aún, enganchada a una biografía que me hace cuestionarme cosas sobre la magia, la fantasía, el amor y el desamor…Y no puedo dejar de leer, ni frente al hermoso paisaje que tengo frente a mi este fin de semana….
Continuará…

Bueno han pasado escasos 7 días que empecé «Sé buena» y he de decir que no he podido soltarla hasta saber cómo acaba, entre historias fantásticas, a través de las cuales he sentido la magia y me he dicho porqué no volver a repetir aquella frase mil veces escuchada en la película de Peter Pan, «yo creo en las hadas», porque como las meigas, habérlas, háylas…
Llegando a las últimas páginas de la novela me digo que tejer es el camino. Si tu la lees entenderás porqué lo digo. Tejer hasta tener las distintas partes del jersey y poder unirlas para que todo cobre un sentido, y que ahora es el momento de tomar decisiones, de vivir, de sentir, de equivocarse, de construir, de cultivar el amor, ahora…
Vitalia, la protagonista, nos lleva a través de un viaje emocionante entre el tiempo, las carencias, la vulnerabilidad, la pasión, la magia, y todo lo que nos hace humanos . Amills utiliza un lenguaje rico, y poético, consiguiendo que en algunos momentos eso que lees te resuene, porque las personas todas pasamos por momentos y emociones que son universales y comunes. Si bien es cierto que un repaso final antes de la edición podría corregir el equivalente a lo que en el cine se conoce por gazapos, la complejidad de la historia perdona cualquiera de ellos, porque el conjunto es muy positivo. Recomiendo su lectura, una novela sobre una saga de mujeres muy especiales.

Editor: Quinparell, SCP, 2014. Reseña publicada en el blog de Sonia Giménez Guzmán.

Roser Amills

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Ejemplares de Morbo, La bachillera y El ecuador de Ulises, de Roser Amills, sobre una mesa de madera junto a una calabaza roja

1 comentario en «Sonia Giménez Guzmán reseña «Sé buena», de Roser Amills (2014)»

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