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Miguel Ríos nos cuenta de qué va

Entrevista · 1998

En tu último concierto en Barcelona, que coincidió con la celebración del día de los Derechos Humanos, hablaste de muchos temas relacionados con tus sentimientos y tu forma de ver el mundo. Dijiste, por ejemplo, que un cantante es una persona que siente mucha inseguridad. ¿Crees que la inseguridad es también un derecho humano más?

Yo creo que el derecho a la inseguridad es precisamente uno de los fundamentales A mí me dan mucho miedo las personas muy seguras de sí mismas. Quien lo tiene todo muy claro y todo ese tipo de cosas me produce cierta aprensión. Hay que reivindicar la inseguridad como parte de lo que uno es realmente. Gran parte de lo que se aprende en la vida proviene de las cosas de las que no estamos seguros, porque gracias a eso buscamos formarnos opiniones para estar más seguros.

¿Que buscas en el público como cantante ?

Creo que lo que más busco (y por suerte encuentro a menudo) es cierta complicidad. Normalmente las canciones no se hacen para que se queden guardadas en un cajón o para disfrutarlas con la gente que está cerca de ti. Las canciones tienen un destino muy claro, que es que alguien las escuche, las haga suyas, las interprete, las entienda o las vaya completando. Cuando preparo un concierto o un disco busco dar cierto espacio a la gente que escucha para que vaya creando su propia canción. Busco cómplices en mi público, gente que de alguna forma este conectado en mi misma onda y que sepa entenderme.

¿Y cómo sabes si lo logras?

Es fácil: alguien que compra una entrada para verte es porque tiene algo que ver contigo, que conecta. Yo nunca he visto a nadie que vaya a un concierto a pasarlo mal, a no disfrutar con el tío que canta. Sólo por eso ya se da per se esa especial empatía entre la gente y el que actúa, y cuando eso sucede surgen esos momentos tan majos que dan sentido a la obra de un artista.

¿Te importa si tus discos se venden o no?

Sí claro que me importa. Yo creo que cuando un disco no se vende o se vende menos de lo que se esperaba, tanto el artista como su equipo sufren cierta desilusion. Pero tengo muy presente que no puedo basar mi estado emocional en que un disco se venda o no, porque eso escapa de mí, está al margen de mis posibilidades.

¿Cuál crees que es el secreto de tus éxitos?

Algunos discos, y en ocasiones canciones concretas, tienen un encanto especial y gustan a todo el mundo sin que uno sepa exactamente por qué. Ésa es una de las partes más misteriosas del mundo de las canciones y de la música en general: a veces una canción despierta, por la letra, por unos acordes acertados, por un estribillo especial, la fibra sensible del público y se convierte en un éxito inmediato, y otras veces pones todo tu empeño en un trabajo que después pasa más desapercibido de lo que esperabas.

¿Temes al fracaso?

Estoy en un momento, gracias a mi edad, en que mis mecanismos emocionales de valoración de lo que hago y lo que logro van de dentro hacia fuera, y no como cuando era más joven, que actuaba y sentía en función de los demás.

Lo interior es lo que marca ahora mi apreciación de lo que me rodea. Gracias a ahora soy más capaz de tomar más riesgos, sin preocuparme más de lo necesario de si gustará o no, sino preocupándome de ser sincero, auténtico, y dar lo mejor de mí mismo a los demás.

¿Crees que una parte de tu éxito se debe a tus saltos y piruetas sobre el escenario?

Yo creo que hay mucha leyenda sobre eso. Para mí es significativo que ahora que ya no salto tanto como antes sigo teniendo a mi público. Creo que todo lo que he perdido de gimnasia lo he ganado en vocalización.

Por ti no pasan los años. Ni calva ni barriga… ¿Es esa gimnasia tu secreto?

Siempre me ha gustado mucho el deporte, y precisamente esa ha sido mi principal actividad para cuidarme, sobre todo cuando me había pasado demasiado con las fiestas, los conciertos, la buena vida… También debo mucho de mi bienestar a la enorme suerte de haber podido dedicarme profesionalmente a algo que me enriquece y llena de felicidad.

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