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Cuando el joven García Márquez conoció a Ramon Vinyes en Barranquilla

García Márquez llegó a Barranquilla en diciembre de 1949, con veintidós años, una novela a medias y ningún dinero. A principios de 1950 volvió a sentarse a la mesa de Ramon Vinyes, el viejo librero catalán al que todos llamaban maestro, que ya había leído su primer manuscrito y lo consideraba un cuentista prometedor. De aquel encuentro salió una amistad breve que García Márquez convertiría, diecisiete años después, en un personaje de Cien años de soledad.

Un periodista sin carrera

García Márquez había dejado Derecho en Bogotá tras el Bogotazo y trabajaba de periodista en Cartagena. En Barranquilla encontró trabajo en El Heraldo, donde firmaba la columna «La Jirafa» con el seudónimo de Septimus, y amigos que leían a Faulkner y a Virginia Woolf. En sus memorias, Vivir para contarla, recuerda que conocer al «sabio catalán» le inspiraba tanto deseo como miedo.

Ramon Vinyes y Gabriel García Márquez con el Grupo de Barranquilla
Ramon Vinyes y Gabriel García Márquez con sus amigos del Grupo de Barranquilla

El encuentro en el Happy Land

En El librero de Macondo, Roser Amills imagina ese encuentro en el Happy Land, un bar de borrachos de diario y fiestas de fin de semana. Gabriel necesita dinero para acompañar a su madre a Aracataca a vender la casa de los abuelos, el viaje que, según él mismo contó, lo convirtió en escritor.

Barranquilla, febrero de 1950. El lugar, el Happy Land, una tienda de abastos con botellas tras el mostrador que adquirió la consideración de café y, finalmente, de bar, con sus borrachos de diario y las fiestas de fin de semana. […]

El ventilador y la sordera de Vinyes entrecortan sus palabras. Oye, como en un telegrama: «Gabito, mi madre, diez pesos, Aracataca».

¡Bum! Reconoce al recién llegado.

Roser Amills, El librero de Macondo

Lo que Vinyes le enseñó

Vinyes tenía sesenta y siete años y medio siglo de lecturas. Le prestó libros, le comentó el manuscrito de la novela que entonces se llamaba La casa y le repitió un consejo que García Márquez no olvidó: leer a los clásicos, trabajar cada página y no tener prisa por publicar.

–No se adquiere un buen estilo si no se leen al menos media docena de autores de primera cada mes. Un escritor se nutre de escritores, no hay más.

Roser Amills, El librero de Macondo

Una amistad por carta

En la primavera de 1950 Vinyes volvió a Barcelona y el Grupo de Barranquilla lo despidió con una fotografía. Siguieron escribiéndose. Cuando la editorial Losada rechazó La hojarasca con una carta demoledora de Guillermo de Torre, Vinyes le respondió comentando la novela párrafo a párrafo para que no abandonara. Su único cuento en castellano, «Un caballo en la alcoba», está dedicado a García Márquez. La huella de esa amistad se analiza en García Márquez y Ramon Vinyes: lo que fue real y lo que es literatura.

Fuentes

Serie «Ramon Vinyes, el sabio catalán»

Ramon Vinyes es el protagonista de El librero de Macondo, la novela de Roser Amills que ganó el XXIX Premio de Novela Ciudad de Badajoz (Fundación José Manuel Lara, 2026).

Más en El librero de Macondo, la ficha de la novela, el Grupo de Barranquilla y lo que fue real y lo que es literatura.

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Etiquetas

Ramon Vinyes joven y su libro A la boca dels núvols. Entre sambes i bananes

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