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Hablar de sexo es tan moderno y necesario como criticar: columna de Roser Amills en Última Hora (2012)

Columna · Última Hora · 25 de agosto de 2012

Segunda columna de opinión mensual de Roser Amills en el diario mallorquín Última Hora, publicada el 25 de agosto de 2012.

📄 La columna tal como se publicó en Última Hora (PDF)

Página de opinión de Última Hora del 25 de agosto de 2012 con la columna de Roser Amills «Hablar de sexo es tan moderno y necesario como criticar»
La columna en la página de opinión de Última Hora, 25 de agosto de 2012

Hablar de sexo es tan moderno y necesario como criticar

El poder de convocatoria de una crítica es inmenso. Un culto que recibe millones de fieles a diario. En latín, un autor anónimo dijo: «Latrant et scitis estatint praetesquitantes estis» («Ladran y sabéis que cabalgáis en vanguardia»). Se refiere a que el pionero no mira hacia atrás, busca su meta; tiene enemigos que, como perros, le siguen y ladran para descomponerle, acaso para que caiga o cese en su búsqueda. Criticar cuanto se sitúa fuera de las convenciones es tan nuestro como errar.

Precisamente por un error humano hay quien afirma que en El Quijote aparece esta frase latina, «Ladran, luego cabalgamos», pero tras una búsqueda en un eBook comprobamos que la frase no está en toda la obra de Cervantes. Otro error de bulto consiste en sospechar que la buena literatura se va a acabar por culpa de «50 sombras de Grey», de E. L. James. Ha vendido millones de ejemplares en todo el mundo y ha enconado un debate que bulle en cualquier foro que se precie con feminismo, sado, amas de casa, sumisión o revolución editorial. Incluso ha acuñado nombre para el género que inaugura: porno para mamás.

¿Quiénes y por qué ladran? Entre otros, Mario Vargas Llosa, que desde su púlpito afea la mala calidad del libro, escandalizado además por el asunto pornográfico. Los intelectuales, ante el fenómeno de masas, adoran cerrarse en banda y reprochan a los demás que no tengan las cualidades que ellos creen poseer. También necesitan marcar territorio. Si un libro gusta al grueso de la población, los intelectuales se declaran en huelga de párpados caídos y afirman que ni lo han leído ni lo leerán, que los personajes son planos y los monólogos chapuceros… Y así, con sudor de tinta y rechinar de dientes, generan debate.

Vargas Llosa no es el único que se ha significado, pero sí quizás el más genuinamente intelectual. Casi como cuando empezaron las telenovelas en España y todos aseguraban que no las veían, delatándose pues conocían, sin embargo, los detalles de cada capítulo. A veces, los intelectuales intransigentes se vuelven muy «señoras criticonas».

Todo esto, en términos religiosos, equivaldría al morbo que produce el pecado. Ya lo dice el sabio refranero, «lo contrario del amor no es el odio, sino la indiferencia». Así que calmémonos y aceptemos menos enconados y prejuiciosos que si este libro ha calado es porque interesa. Hay que reconocer que ha puesto el asunto sobre la mesa, también la de la cocina, quizás a cuatro patas y con poca elegancia, sí, pero qué importa. Por mucho que nos hagamos los modernos, no todo el mundo sabe y puede hablar de sexo con libertad: hay aún muchas personas que no pueden siquiera besarse por la calle sin sentirse culpables, así que generemos movimiento, apertura, que algo queda. Como escribió Boris Vian, «leer libros eróticos, darlos a conocer y escribirlos es preparar el mundo del mañana y abrir la senda de la verdadera revolución». Vamos allá.

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