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Columna · revista Unbreak, sección «Me gusta el sexo» · agosto de 2013
Columna que Roser Amills entregó el 29 de julio de 2013 a la revista digital Unbreak para su sección «Me gusta el sexo»: sobre las palabras que excitan, Tallulah Bankhead y la censura.
Este año hay que afilar la lengua: el doble sentido y la travesura al poder
No existe un diccionario especializado que contenga las palabras que abren la puerta del deseo, pues la respuesta sexual es uno de los fenómenos menos clasificables y cada persona o cada pareja tiene sus propias palabras clave para encenderse. A mí, a veces me dices que soy graciosa y ya me tienes con una pierna en cada mesilla de noche…
No sé vosotros, pero yo poseo una imaginación extraordinariamente sucia y no exagero si afirmo que precisamente por eso estoy en la mejor etapa de mi vida. ¡Y quiero compartirlo! Compartir todo lo que sé sobre el sexo. No soy sexóloga, ni ex prostituta, actriz porno o una adolescente que desafía las reglas para escandalizar adultos. Me divierto. Me gusta divertirme.
Pues eso, allá van unos cuantos consejos.
1) Sé la más deslenguada, el más cerdo, que siempre funciona
En la cama está quizás ya todo inventado, pero lo que sí podemos mejorar es la actitud. No puedes cambiar de talla de sujetador o tener más bíceps fácilmente; lo que sí podemos y debemos hacer es enriquecer nuestro vocabulario y tomar conciencia de la importancia de una palabra bien dicha en el momento justo.
No en vano sabemos que una palabra mal colocada estropea el más bello polvo, pero también una palabra en su punto justo puede llevarnos de la chispa al incendio. Los jadeos, los susurros y algún comentario o indicaciones sutiles informan a la pareja sobre el grado de excitación, pero lo del lenguaje no tiene parangón.
Bien lo sabían los censores: no en vano uno de los aspectos más señalados por la censura en España era la utilización del lenguaje, que obligaba a un amplio uso del eufemismo, fundamentalmente en lo relativo a cuestiones sexuales. Con el tiempo se fue creando todo un código con la complicidad de lectoras y lectores: «el lecho» por la cama, que no se podía ni nombrar; el sexo era «la entrega»; gemir o jadear, «respirar ampliamente», y un largo etcétera.
Por suerte, censura y represiones pasaron de moda y ya hablamos antes, durante y después, y mucho. Los comentarios animan y confirman que el juego va por buen camino, y cuando aún no tienes mucha confianza con la pareja pueden servir de faro para evitar naufragios. Pero no una palabra cualquiera, claro. Vamos a darle unas vueltas a todo esto del lenguaje a cuatro patas.
2) Si algo te gusta mucho, dilo más de una vez
Dilo más de una vez y de formas distintas (no todo va a ser «sí, sí, más»). Elabora tu «diccionario de sinónimos» personal e intransferible. ¡Y explótalo!

El ejemplo: Tallulah Bankhead, descarada vintage
Esta muchacha, a la que admiro, fue un icono de la provocación. Una mujer atrevida de los años veinte, no sujeta a las reglas que dictaban los hombres, que fue además bisexual sin esconderse de nada y lo mismo le daba Greta Garbo que Marlon Brando o Billie Holiday.
Una actriz que vivió de forma extrema y nunca tuvo problemas para expresarlo, haciendo apología de sus diversos vicios, que no eran pocos ni aburridos. Suya es la frase «la cocaína no crea adicción, lo sé porque llevo tomándola desde hace años» y la no menos popular «si volviera a nacer cometería los mismos errores, pero mucho antes». La cito a menudo en mi blog y en Twitter: siempre inspira ganas de ser traviesos y dejarnos de mojigaterías.
Era, además, guapa y sexy, pero lo más jugoso de Tallulah sigue siendo su deliciosa lengua de víbora y las perlas que nos regaló.
La anécdota periodística: en una ocasión en que un periodista le preguntó qué habría sido de no ser actriz, ella respondió: «Dudaba entre madre superiora, puta y presidente de los Estados Unidos. ¡Espero que pongas en tu libreta que habría hecho de maravilla las tres cosas!».
En otra ocasión un doctor le recomendó para superar su alcoholismo que tomara una manzana cada vez que sintiera la necesidad de agarrar la botella, a lo que Tallulah respondió: «¡Pero doctor!, ¿sesenta manzanas al día?».
También son multitud las anécdotas que forman la mitología de las apariciones de la estrella: en una fiesta a la que acudió como invitado Truman Capote propuso que todos los invitados se bañaran en la piscina. Ella apareció vestida solo con sus perlas; decía que lo hacía para demostrar que era una rubia natural.
Solía acudir a los rodajes de sus películas sin ropa interior, lo que generaba gran alborozo y numerosas críticas. Creo que toda mujer tiene que dejar las bragas en casa de vez en cuando; yo lo hago y es muy divertido, prueba porque cuesta poco y divierte mucho (a ti y a quien informes de tu secreto).
Tras esa frívola imagen de mujer fatal había una mujer de pasiones irrefrenables, a la que no pudo vencer su educación en un convento ni los tabúes de una sociedad hipócrita, dispuesta a vivir y amar más allá de los límites impuestos por la sociedad de señoras que hacen ganchillo en la que vivía, con toda la intensidad necesaria para sentirse viva de la cabeza a los pies, no privándose del uso de sustancias artificiales que le proporcionasen el ansiado y probablemente nunca saciado placer (esa fue su perdición, claro, pero que le quiten lo bailado). No destacó por su carrera en el cine (Marlon Brando decía que fue debido a sus adicciones al alcohol y al sexo), pero hizo historia.
3) Clase práctica
A modo de clase práctica, prueba a jugar con tu pareja a fabricar frases con algunas de las palabras que listo a continuación, ensayad y escenificad su uso para reíros y relajaros, comentad juntos su significado exacto en posición horizontal consultando el diccionario, etimológico si hace falta (parece snob y repipi, pero es divertido, sobre todo si no os tocáis durante la lección: el sexo se construye mediante la anticipación, y cuanta más cosechéis mejor os lo pasaréis luego): espasmo, nardo, vehemencia, deslizarse, rozar, revoloteo, encaramarse, explorar, afanarse, acomodar, juguetear, girar, demorarse, adherirse, sacudir, fierecilla, vibrar, arrastrarse, retozar, ímpetu, escarceo, arrebato, fruición, carne, turgente, lascivo, balbucir, voluptuoso, mullido, libidinoso, lúbrico, arrobo, rubor, ronroneo, mórbido, lustroso, ansias, sonrosado, ablución…
4) El siguiente nivel: escribíos
Si en cambio ambos ya manejáis con gracia y soltura las conversaciones eróticas y por tanto estáis en el siguiente nivel, animaos a darle un giro al método y hacedlo mediante cartas o correos electrónicos (si os veis a diario y pensáis que no es necesario, ¡precisamente por eso os hace falta escribiros, para distanciaros!). Buenos ejemplos son las cartas que intercambiaron James Joyce y su esposa, Nora Barnacle, como la que él le escribió desde Dublín el 9 de diciembre de 1909, recogida en Cartas de amor a Nora Barnacle.
Y ya está por hoy: procurad además susurrar mucho. Es sexy. Relajaos y… dejad que el juego oral surta efecto y os lleve a otras actividades, no necesariamente tan filológicas, como exploraciones (ya sean genitales o no, tampoco hay que centrarlo todo en eso), besos, caricias. ¡Y daos las gracias al final, que la educación siempre viene bien!
Ni caso a las mentes censoras: la anécdota de Berlanga
Quizá la anécdota más graciosa que conozco de censura erótica en España es esta, que tiene como protagonista a Luis García Berlanga, precisamente el autor de Bienvenido, Mister Marshall (1953). Berlanga era muy temido por la censura porque era un tipo muy inteligente. Bienvenido, Mister Marshall tenía que ser una película de propaganda española, pero lo que fue es una ácida crítica de la situación.
En los tiempos que ahora relato, en la Gran Vía de Madrid había una sala de fiestas, Pasapoga se llamaba, que tenía fama de ser antro de perdición (al estilo de la época, no os vayáis a creer que era gran cosa, pero escandalizaba). Pues bien: al someter Berlanga el guion de una de sus películas a la censura, un censor leyó: «Toma aérea de la Gran Vía». Tomó el lápiz rojo y tachó la escena. Otro compañero le dijo: «Pero, macho, ¿qué tiene de malo esa escena?». «Quita, quita», le contestó el otro; «tratándose de Berlanga, es capaz de meter en el plano general a un obispo saliendo de Pasapoga».
Censura actual: se pidió la dimisión de Olvido Hormigos por un vídeo en el que se masturbaba (¡en su tiempo libre!).
La reflexión: ¿acaso una mujer no puede masturbarse porque le da la gana, sea cual sea su cargo político, laboral o familiar? Yo me masturbo porque me da la gana y sin sentimientos de culpa, sin dar explicaciones a nadie, y espero que todos vosotros… ¡también!
Texto que Roser Amills entregó el 29 de julio de 2013 a la revista digital Unbreak para su sección «Me gusta el sexo». El número de agosto de 2013, con su sección, se podía descargar entero y gratis.
Más columnas de la sección en Unbreak y en Me gusta el sexo.
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