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Érase una nariz a una vida pegada

Columna · 25 de marzo de 2007

Retrato en blanco y negro de Roser Amills con los ojos entornados, en su casa, en 2007

Creo que lo llamaban en mi país «il nariggonne». Los más astutos y modernos dicen que era simple y llanamente una metástasis mal resuelta. ¿Por qué se hizo retratar así, cuando fue el quattrocento italiano una de las épocas más hábiles (quizás la primera) para el lucimiento del cuerpo humano? En la época de dicho cuadro Michelangelo estaba casi en pañales soñando que algún día algún condenado papa le encargara alguna capilla sixtina. ¡Lástima de cirugía plástica! ¿Qué coño pretendía el retratado? ¿Por qué no se puso (a falta de una buena rinoplastia) un trozo de plastilina en la napia? ¡Uf! Las ganas del retratante de retratar al retratado. Tal como mi texto así es el cuadro. Hermosas vestimentas, hermosa acompañante.

Retrato de perfil de Federico da Montefeltro con gorro rojo, pintado por Piero della Francesca, ante un paisaje con un lago, barcas y montañas
Piero della Francesca, Federico da Montefeltro, de los Retratos de los duques de Urbino (hacia 1473-1475), Galería de los Uffizi. Dominio público, Wikimedia Commons.

El valor indudable del cuadro reside en el espacio que deja libre su nariz. ¡Vaya, que te lleva dentro del cuadro! Que te descubre un paisaje, que en cualquier otro cuadro pasaría totalmente desapercibido. Un barco que entra al puerto, las montañas al fondo, el agua que brilla. Podría ser Sofía Mazagatos disfrazada de dálmata. Como tantas veces el bosque nos hace perder de vista el bosque. Hace que nuestro ojo quede desenfocado. Nos convertimos en un prismático buscando un pajarito en el cielo. Pobre pintor que se vio obligado a tanta realidad. Dentro del paisaje siempre existe paisanaje. Profundidad de campo, anomalía física disfrazada de escrúpulo.

El coño de Sofía Mazaperro dálmata es negro peludo, como uno solo de sus sobacos. Lo demás se confunde con el paisaje. Quizá porque después de un polvo, Sofía solo sabe hablar de Vargas Llosa (¡qué aburrido aunque le siga sin haberlo leído!). Estar en el «candelabro» es lo único que merece la pena. Como el de la nariz partida, aunque lo importante sea el paisaje que le rodea. Ahora que todos estamos inmersos-sujetos a la res. Ahora que todos somos importantes, eternos, digitales… ahora debemos plantearnos qué hacer con nuestro aburrido ego de nariz partida. Da igual estudiar que arreglarnos las tetas. Lo importante es el paisaje del fondo, lo que nos somos.

Más en Columnas de opinión y Aviso para navegantes: Nora Smith.

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