Gabi Rodas, Diario de Mallorca, 19/01/2026
¿Qué buscaba en una canción como Amor a tropiezos?
Mi pareja, Miguel Ángel Cordero Diez, empresario de Trabajos Verticales y superviviente de los estragos los 80 y la heroína en Mallorca, tiene un proyecto de música punk desde hace años. Es un proyecto muy personal, no tiene nombre, de momento él lo explica como canción protesta para remover conciencias y tiene media docena de temas. Con él hablamos de lo que es el punk hoy, de su evolución, de que el punk llega a España con violencia, tras la dictadura… no era un movimiento estético, era una necesidad política, que sigue vigente. Y decidimos escribir una letra juntos. Sobre nuestra relación y lo que hemos aprendido. En un mundo que deshumaniza, poner palabras a lo íntimo es un acto de resistencia.
¿Escribir a cuatro manos siempre resulta más placentero?
Escribir canciones tiene siempre para mí el aliciente del reto (ya había escrito, en el pasado, tres letras para un fallido grupo indie de Barcelona, Senyors Tranquil) y la verdadera diversión es hacerlo a cuatro manos. ¡Nos hemos divertido mucho!
¿Escribir esta canción les ha servido de ejercicio sanador?
Nos ha permitido tomarnos menos en serio nuestras respectivas visiones de cómo somos, que es un gran logro en pareja, y compartirlo es una manera de ser consecuentes y afianzar que todos somos como somos y está bien, si hay conciencia. Las parejas que la escuchan nos dicen que se identifican.
¿El amor verdadero siempre es a tropiezos, no hay amor sin baches?
Claro. Amar a ratos y sin conciencia es fácil. Amar, a largo plazo, es a tropiezos, y requiere aprender a afinar la puntería para aceptarse y, en consecuencia, aceptar al otro.
Antes me dijo que tuvo un grupo fallido en Barcelona. ¿Por qué no funcionó la historia de Senyors Tranquil?
Los grupos siempre son intentos que se sostienen o se interrumpen, nunca se sabe qué pasará tras conocerse mejor creativamente. Este se interrumpió pronto, hacia 2010. El único disco de Senyors Tranquil se titula como un poema mío, Tenir-ho tot. Escribí tres canciones, textos muy ligados a mi mirada como escritora, pequeñas escenas de relaciones urbanas, observadas desde el barrio de Gràcia, y seguí con otros proyectos personales.
¿Qué le ofrece la música que no lo logre la literatura?
Para mí la expresión musical es una forma más de trabajo. Mi afán de comunicar no se limita al libro ni a un formato: es una mirada sobre el mundo que puedo trasladar a la performance —como cuando pasé un día firmando libros en el escaparate de La Mallorquina en Barcelona—, a vídeos gamberros como 1714 o El plaer de la lectura, a obras de teatro, a una charla TEDx, a la música o a cualquier otra disciplina. El escritor aprende cuando sale de su zona de confort y alimenta la escritura futura. Nada se pierde: todo suma y acaba regresando al texto de una manera u otra.
¿Considera fundamental el punk para esta nueva era Trump?
Con Trump y el auge del fascismo global es más urgente que nunca oponer resistencia desde la inteligencia crítica. En ese sentido, el punk sigue siendo eficaz: desmonta discursos establecidos, genera ruido donde se espera obediencia y descoloca al poder. «Contra maldad, travesura», ha sido uno de mis lemas vitales. La ironía y el desvío de lo previsto erosionan los relatos autoritarios y preservan algo esencial: la capacidad de pensar. Punk contra Trump. Inteligencia contra Trump.
¿Cómo se entiende que haya quien defienda un nobel de la paz para un señor de la guerra?
Del mismo modo que hay quien defiende a maltratadores, justifica abusos de poder, niega desigualdades, encubre a corruptos o pederastas en la Iglesia o relativiza cualquier atrocidad. Siempre habrá personas dispuestas —de forma más o menos consciente— a seguir el juego al poder y a los abusones. No es algo nuevo ni excepcional: forma parte de un mecanismo muy antiguo de sumisión, miedo o cinismo.
¿Les podremos ver alguna vez en directo sobre un escenario defendiendo Amor a tropiezos?
Estamos abiertos a cualquier propuesta, por ejemplo del Mallorca Live (risas). En directo lo damos todo: cantamos, bailamos, nos lo pasamos bien. Sí, la idea es seguir escribiendo canciones juntos e ir ampliando el repertorio. De momento hemos lanzado el videoclip de Amor a tropiezos y ojalá se viralice y acabe siendo una de esas canciones del verano 2026 (más risas).

