Para la autora, la felicidad sexual tendría que ser uno de los derechos humanos

Es provocadora, abonada al morbo y a la diversión, se la ve feliz en todas las facetas de su vida y no tiene ningún inconveniente en gritarle al mundo que le gusta el sexo. Roser Amills ha editado un manual sexy y provocador que da claves para poder disfrutar plenamente de la libertad sexual. De su libro ¡Me gusta el sexo! se extrae una conclusión: nadie lo sabe todo sobre sexo. Ni el paso de dos revoluciones sexuales, ni la cada vez más notoria liberación de la mujer de sus roles arcaicos nos pueden llevar a afirmar que el sexo se ha normalizado en nuestra sociedad. Continúa siendo uno de los grandes tabúes del ser humano, especialmente a la hora de hablar de él o comunicar ciertas cosas a tu pareja. Amills deja claro que deberíamos recordar que todos existimos gracias a ese sexo, y nos invita a sentirnos más libres y a hablar de él con más naturalidad. El final del camino sería, según ella, que afirmar que nos gusta el sexo no sea un motivo de vergüenza, sino de sinceridad y felicidad que, con un poco de suerte, se vaya contagiando día a día a los demás.
