Discurso de aceptación del Premio Ciudad de Badajoz 2025
Roser Amills
Hace cuarenta años, el responsable de la sala de cine, de la tienda de recambios de radio y corresponsal literario de Algaida —mi pueblo natal, en el interior de Mallorca— me regaló una máquina de escribir.
De joven, antes del boom turístico y de los primeros televisores, aquel mallorquín hijo y nieto de artesanos y campesinos quiso ser escritor. Envió guiones de cine a Hollywood bajo el seudónimo de Michael Smith.
Les hablo de mi abuelo materno, Miguel Bibiloni Sastre: un sabio austero que renunció a sus vocaciones más utópicas para convertirse en agente de seguros y garantizar que a mi madre y sus hermanas no les faltara nada.
Era melancólico. A los nietos no nos regaló juguetes, pero sí muchos libros. Y a mí, con aquella Olivetti gris, me pasó el testigo de sus sueños.
Me lo tomé muy en serio. Escribir ha sido mi oficio.
Animada por su confianza, a los veinte años gané un premio en Madrid, publiqué mi primer libro en la editorial Calambur y no paré.
Recibo este premio como un nuevo hito en mi carrera y una recompensa a la obstinación.
Agradezco de corazón al jurado su deliberación amable y unánime, y al Ayuntamiento de Badajoz su defensa y celebración de la cultura.
La novela premiada la inspiran otros dos soñadores: Gabriel García Márquez y don Ramon Vinyes, dramaturgo de Berga —el pueblo del Pirineo de mi padre—, maestro y amigo de un jovencísimo Gabito.
Su exilio y la librería que abrió en Barranquilla aquel sabio catalán que había leído todos los libros están documentados por García Márquez en sus memorias y en Cien años de soledad, como descubrirán los lectores cuando la Fundación José Manuel Lara publique mi novela gracias a este premio.
Celebrarlo hoy con ustedes es casi tan emocionante como aquel abrazo de confianza de mi abuelo a la niña que leía sin parar. Y es también el abrazo de Badajoz a la mujer que ha trabajado duro, ha criado sola a sus hijos y nunca se ha rendido para llegar hasta aquí.
Se lo dedico a mis hijos, Marcel y Juan, por haber compartido a su madre con la escritura; a mi abuelo Miguel; y a mi pareja, también Miguel, aquí presente, por sostenerme con amor incondicional.
Gracias, señor alcalde. Gracias, Ayuntamiento de Badajoz, por poner la cultura donde debe estar: del lado del esfuerzo, de los sueños y de quienes vivimos por los libros y la escritura, pase lo que pase.
Pido un gran aplauso para el Ayuntamiento y para el jurado, y por seguir apoyando a los obstinados que, en el futuro, acudirán a Badajoz a ser tan felices como yo.
