cornudos y alcobistas profesionales

Roser Amills/ octubre 24, 2011/ Inspiracion digital/ 0 comentarios

Como decía George Herbert, poeta y sacerdote del siglo XVII, el adulterio y los triángulos se justifican porque “el alma necesita pocas cosas y el cuerpo muchas”, mientras Simone de Beauvoir aseguraba que “El matrimonio encuentra su satisfacción natural en el adulterio”. A Enrique IV se le conocieron cincuenta y seis amantes, sin contar no inventariadas. El escritor y filósofo británico H.G. Wells (1866-1946), aunque feo y de voz estridente, era especialista en seducir a varias damas por noche; Charlie Chaplin (1889-1977), bajito y poco agraciado, se hizo también con un abultado historial. Otros personajes se dedicaron a forjar su leyenda sexual desde el trono: califas y reyes saturaron harenes de bellas huríes, como el rey Ibn Saud de Arabia Saudí (1880-1953), que disfrutaba de la compañía de tres mujeres distintas cada noche hasta que murió, a los 72 años. Atila (395-453), el “rey de los hunos”, tuvo 453 esposas y falleció mientras hacía el amor, claro. Pero posiblemente ninguno como el rey Salomón (973-933 a. C.), que tuvo 700 mujeres y un sinnúmero de amantes de las que la historia ha perdido la cuenta. Por otro lado, en la autobiografía “Stone Alone”, del bajista de los Rollings Bill Wyman (1936), confesó haberse acostado con más de 400 chicas sólo durante los dos primeros años del grupo. Esta abundancia puede dar problemas, confiesa Rod Stewart (1945): “No, no puedo acordarme, y no es algo de lo que esté orgulloso. Las que uno recuerda desde luego son las que te enseñaron a ser un poco perverso”. Tiene ocho hijos de cinco mujeres distintas. Además, el tema ha generado no pocas anécdotas graciosas: el presidente de Bolivia, Evo Morales (1959), afirma sin empacho que los culebrones son los culpables de la infidelidad actual, pues dan ideas. Y para enfados causados por adulterio, el que presenciaron los Beach Boys a finales de 1964, cuando durante el vuelo que les llevaba a un programa de televisión, Brian Wilson (1942) sufrió una crisis nerviosa y cogió una almohada e intento ahogar a Mike Love (1941) con ella. Después de controlar a Brian entre todos, éste se agachó y lloró: sufría la paranoia de que su mujer y Mike tenían un lío.

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