Me entrevista Nuria Sánchez para Notodo.com | Vender braguitas usadas y empoderamiento femenino

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Nuria Sánchez | Notodo.com julio 2018

Además de ser madre de dos hijos, periodista y escritora, con obras en castellano, catalán y portugúes (Asja es su última novela), Roser Amills vende sus braguitas usadas en unas de las webs más conocidas de nuestro país. Una web que muchos conocemos y pocos decimos conocer, mucho menos (y en tal caso) reconocer haber hecho uso de ella para vender o comprar prendas íntimas usadas.

La cosa todavía no está tan bien en esta España querida. Pero Roser, a través de un perfil público y nunca anónimo (por una cuestión de liberación como mujer), vende sus braguitas usadas a gente que se excita y juega con ellas: fetichistas que, en este caso, le conceden valor a unas prendas usadas (o muy usadas), cuyos precios rondan entre los 30 y los 80 euros en la mayoría de los casos. Ella fue una de las pioneras en nuestro país y quiso desde siempre mostrar su rostro a sus clientes potenciales, todo un acto de libertad y valor para la balear. En España, aunque la mayoría de forma anónima, actualmente muchas chicas forman parte de este negocio, el cual habla más del empoderamiento de las mujeres a la hora de decidir qué hacer con sus bragas usadas: si venderlas o lavarlas y guardarlas en un cajón hasta nuevo uso, que de los beneficios económicos en sí, nos cuenta la periodista.

El tema es polémico, y genera todo tipo de reacciones en nuestra sociedad, una sociedad que se muestra escandalizada ante esta práctica, incluso no duda en lanzar voces que aseguran que las mujeres que venden sus braguitas usadas ejercen la prostitución y/o forman parte del sector pornográfico, además de tildarlas de unas guarras y unas sucias en toda regla. Para estas personas, la guarrería y la suciedad, incluso la enfermedad, forman parte intrínseca de la compraventa de bragas usadas y piensan que este ejercicio ni es normal ni está justificado bajo ningún concepto. Aquí existe gente así, en Japón no tanto. Allí la cultura les hace diferentes, las máquinas expendedoras de braguitas usadas forman parte de las calles como si de una máquina de chocolatinas española se tratase.

Hablamos con Roser sobre empoderamiento, mujeres, flujo, regla, braguitas, miedo, represión, tabúes, seguridad, sexo, negocio, suciedad y educación.

“El empoderamiento es que tú te sientas segura a la hora de decir que haces esto porque te apetece, porque tienes valor y haciéndolo sigues siendo una mujer igual de respetable sin ningún miedo ni ningún estigma”

Las reacciones que despierta el tema en la sociedad es uno de los motivos que despertó mi interés. Creo que aquí en España, de alguna manera, nos seguimos llevando las manos a la cabeza cuando sabemos de alguien que dedica tiempo a vender sus bragas usadas.

Totalmente. Pero hay un empoderamiento de las mujeres. Muchas están empezando a decir “pero a ver, ¿por qué no puedo hacer lo que me dé la gana?”, y eso está muy bien. Es como que se está poniendo de moda en el sentido de que muchas mujeres están empezando a abrir sus mentes y ese contraste entre la gente que lo pueda criticar o escandalizarse y las mujeres que se dedican a vender sus braguitas usadas, es buena señal, sirve para algo.

Te hicieron hace un par de años una entrevista en 8TV, programa presentado por Sandra Barneda, y en la charla quedaron retratadas algunas de las reacciones más comunes que solemos tener las personas cuando sabemos que alguien vende sus bragas usadas.

Habrás visto que justamente en esa entrevista se ve muy claro que yo me estaba riendo, porque estaba viéndolas como señoras antiguas hablándome de temas como higiene o tonterías así muy cursilonas que justamente contrastan con la realidad de la vida actual y de las libertades que hay. Mi argumento todo el tiempo era “si esto es un trato entre personas adultas donde uno vende y otro compra, ¿qué problema hay?”. También se pueden vender unos calcetines usados, pero con los calcetines no se pondrían tan así. Ahí está el quid de la cuestión.

8TV | Sandra Barneda entrevista a Roser Amills

¿Qué cosas importantes has identificado dentro de la venta de tus braguitas usadas? ¿Cómo terminaste vendiendo tus bragas usadas y qué tipo de reacciones ha tenido la gente a raíz de que optaras por tener un perfil público  (al contrario que hace la mayoría, que prefieren mantener el anonimato de su cuenta) en la página donde pones a la venta estas prendas?

Yo comencé en esto porque una amiga mía, que había entablado amistad con una amiga modelo en Japón, se había enterado de que su amiga que estaba en Japón estaba vendiendo sus braguitas y estaba ganando bastante dinero. Entonces ella, mi amiga, que es maquilladora profesional -una chica totalmente normal, criada en una familia totalmente normal, apuntes que es importante también que hagamos visibles, porque vender tus braguitas usadas no es algo oscuro o que hace gente que ya está metida en el mundo del erotismo y tal, sino personas normales- dijo que quería atreverse y que quería hacerlo. Lo habló primero con su novio y luego con su familia y montó la web de venta de braguitas usadas.

Cuando ella me lo contó, me dijo: “oye, Roser, ¿me podrías echar una mano?”… Yo soy experta, entre otras cosas, en redes sociales y por eso esta amiga mía me pidió que le echase una mano, para hacer algún vídeo viral que transmitiera la idea de luminosidad, libertad, diversión que hay detrás de vender tus braguitas usadas. Hablando con ella, ya desde la primera reunión, yo le dije que quería probar y poner a la venta mis braguitas porque me parece, personalmente, una forma más de demostrar, ante un mundo que está con la mente cerrada, que vender tus braguitas usadas es una tontería. Mi propuesta fue un poco atípica porque desde un primer momento quise salir dando la cara, poniendo mi nombre real y sin miedo. Vendo mis braguitas y mi discurso será braguitas de escritora, y calcetines, y bambas… Porque recordemos que el fetichismo no es sólo de la braguitas, sino de más elementos.

Lo hice y luego mi amiga, que como es maquilladora había tratado con María Lapiedra, convenció a María también para que se metiera en la historia. Pero lo de María Lapiedra lo enfocamos de otra manera: ella también había publicado libros y se encontraba en la red de escritoras, como yo, aunque cada una dentro de su estilo. María es muy simpática y muy divertida, y tenía lo positivo de que es una persona realmente muy famosa. Yo vendo mucho en las redes pero no soy una famosa, ella sí lo es. Entre las dos grabamos un vídeo, nos reímos un montón y lo colgamos.

María Lapiedra y Roser Amills venden sus braguitas online

¿Qué pasó después del vídeo? Imagino que comentarios muy locos, movidas de todo tipo…

En ese momento recibimos una avalancha de entrevistas que ya iban enfocadas hacia lo que tú justo me resaltabas antes: “¡qué escándalo!, ¡¿no te da vergüenza?!, etc. incluso comentarios locos de si iban a hacer algo con mi material genético (risas). Sí, sí, yo de verdad que me partía de risa. Lo que vi y pude comprobar, es que cuando la gente de enfrenta a algo nuevo y desconocido, la tendencia es al miedo, a asustarse, a que salgan los fantasmas.

El tema de la higiene fue gracioso porque yo ya lo traté hace años en un libro de poesía que hice, que se titula Morbo; y en Morbo, justamente, la etimología de la palabra morbo está asociada con enfermedad, con podredumbre, con algo que está en mal estado. Justo esa es la idea antigua que había de cualquier desviación sexual, cualquier cosa que no era lo convencional entre marido y mujer. Tú recuerdas que en 1900 se clasificaba todavía a las personas que se masturbaban mucho y se decía de ellas que estaban enfermas y que tenían que ser sometidas a prácticas de electrosohocks. Pasa una cosa entonces: la gente va y asocia enfermedades, material genético y tal con esto, que no es nada más que el flujo femenino en unas braguitas usadas, esta es la historia, no tiene trampa ni cartón.

“Hay toda una serie de pequeñas fobias relacionadas con el sexo y con los flujos”

Ahora que hablamos de la “falta de higiene”, en la entrevista que te hicieron en 8TV, una de las chicas del plató te preguntaba que si tú te pondrías la braguitas usadas de otra persona. Tu cara era de asombro porque imagino que no se trata de eso. Como si la suciedad, la falta de higiene y el sexo libre fuesen de la mano.

No va de eso, exacto. La gente asocia la suciedad con el sexo libre y desenfadado, porque hay toda una serie, con el tema del erotismo, de pequeñas fobias relacionadas con el sexo y con los flujos y todo esto que hoy todavía siguen en mentes de muchos. Esto se estudia en psicoanálisis: gente que se lava las manos constantemente, que tiene miedo a los gérmenes, que no vive tranquila de tanto pensar en la higiene… Detrás de todo eso hay mucha represión y muchos miedos relacionados directamente con la sexualidad, esto no es ningún secreto. Pero bueno, no hace falta que entremos tan a fondo, yo te lo cuento para tú veas la de vueltas que mi cabecita le ha dado a todo esto. También sabemos tú y yo que la gente que es demasiado meticulosa con la higiene también tiene problemas de todo tipo: de autoestima, de dificultad para relacionarse, dificultad para abrirse al mundo, en el fondo todo eso son expresiones de que tienes miedo.

Lo interesante de este tema es que la gente empieza a decir ¡jo, qué guarrada!, pero es que justo esto responde a la tradición histórica que hay de maltrato a la mujer en el tema del erotismo: “el coño huele mal, los flujos hay que esconderlos, las compresas son de color azul cuando salen en la tele pero como salgan del color de la sangre, rojas, no se ve demasiado bien que las mujeres sangren porque la sangre menstrual es algo sucio”… Nos escondemos, nos tapamos, usamos desodorantes porque en definitiva: la expresión de la sexualidad femenina tal cual es da miedo, da miedo por represión y todo esto que te he contado.

Han existido movimientos en los últimos años muy importantes de artistas que han comenzado a pintar cuadros con flujo o con la sangre menstrual; también han habido pintores que luego han contado que se habían hecho una paja en el pigmento y habían pintado el cuadro… Digamos que se trata de una transgresión que tiene que ver con denunciar la hipocresía de la sociedad. Pero claro, estamos en una sociedad en la que se monta un revuelo nacional porque ha salido un pezón en EEUU. Somos consciente de que la herida está abierta y que debemos curar toda esta tontería, pero la cosa está ahí todavía. Cuando a la gente le pones “braguitas” y “usadas” va directamente a estas cosas tan antiguas de “huele mal”, “es una guarrada”, “las chicas buenas no hacen esas cosas”, “de esto no se habla en público”…

Incluso he llegado a leer comentarios que dicen que por vender braguitas usadas se ejerce de alguna manera la prostitución o la pornografía.

Una buena chica es una chica que esconde que tiene vagina, que tiene deseo, que tiene flujo, que tiene un montón de cosas de las que no se habla socialmente. La mujer que es capaz de decir “sí, tengo la regla, tengo flujo, hago lo que me da la gana con mis bragas, cuando me excito lubrico más…” es una mujer valiente, es una mujer que se quita de encima un montón de represiones antiguas, que es como una mochila que cargamos todas desde que nacemos y que, por suerte, ya las nuevas generaciones están dejando atras: todas las muchachas que deciden no depilarse los sobacos, o que deciden sacar un tampón en un bar e irse al lavabo con el tampón en la mano sin miedo, o que le dicen a su novio que le gusta que se lo coman o que no le gusta… Esto es el empoderamiento de la mujer. La tenencia es pensar que este empoderamiento responde a la lujuria, a la mala vida, a que somos unas guarras, unas perdidas, unas frescas, mujeres promiscuas…

Pero justo lo que te contaba al principio, Nuria, lo importante es que esto lo estamos haciendo mujeres normales y corrientes (yo soy mamá, tengo dos hijos). Todo esto no tiene nada que ver con la parte oscura. Lo equiparo bastante a toda la movida que ha habido con lo hechos que ahora ya son lugares luminosos, con puertas abiertas, donde uno ya entra sin esconderse y a plena luz del día… Ya pasamos por la calle y es normal que nos encontremos una tiendecita con vibradores en el escaparate, quiero decir que ya nadie se escandaliza como se escandalizaba la gente antes. Antes, casi que tiraban piedras a los escaparates.

“La gente que es demasiado meticulosa con la higiene también tiene problemas de todo tipo: de autoestima, de dificultad para relacionarse, dificultad para abrirse al mundo, en el fondo todo eso son expresiones de que tienes miedo”

La primera tienda que hubo de sex shop en Barcelona la montó una chica francesa, su historia es bonita: ella venía de un país donde había un poquito más de libertad que en la España franquista y se imaginaba que aquí teníamos la misma libertad. El caso es que abrió su tienda tan tranquila y todas las señoras, que tenían miedo que sus maridos fueran ahí y se convirtieran en unos perdidos, comenzaron a tirarle piedras a su escaparate (el súmmun de la tontería).

Pero esto sigue pasando. Que las mujeres se lancen a vender braguitas usadas me interesa no porque vayan a ganar dinero con eso (eso es nada, una anécdota)… Lo que es relevante como liberación de la mujer es que la mujer, vendiendo sus braguitas usadas, está diciendo al mundo que hace lo que le da la gana con su cuerpo y con las bragas que se pone, como son suyas, si quiere las vende y gana dinero con ellas, sin tener que dar explicaciones a nadie, sin miedo a que le excomulguen, sin miedo a que su familia le deje de hablar y todo eso.

Cuánto influye en todo lo que nos rodea la educación que recibimos dentro y fuera de casa. El sistema educativo de este país deja mucho que desear, también te digo, y ahí yo veo un problema que urge solucionar. A veces fantaseo con que se incorporen asignaturas que traten el empoderamiento de la mujer actual y todo lo que aún hay que hacer para lograr la igualdad.

¡Ay!, sí… Lo más importante de todo es la educación. Yo tengo dos niños, son pequeños, pero ellos también necesitan este tipo de charlas. Yo les he inculcado al máximo el respeto por las personas. Lo que falta en este país concretamente es respeto. Más que hablar de empoderamiento, debería inculcarse el respeto. Porque si tú das por hecho que un chico y una chica tienen los mismos derechos, el mismo coeficiente intelectual y las mismas capacidades,  ya no te entra toda la tontería del feminismo y el machismo llevados a un extremo donde parece una  guerra. Yo pondría clases de expresión corporal, de conocer el propio cuerpo, de aprender a llevar las emociones bien… Está muy bien hablar del empoderamiento pero lo veo demasiado teórico cuando lo que falta, realmente, es respeto. Que las mujeres amemos nuestros cuerpos y que los amemos de verdad con todo lo que es, desde cuando retienes líquidos porque te va a venir la regla hasta la celulitis o los cambios de color del flujo… Todo eso hay que mirarlo con cariño, con conocimiento e inteligencia nosotras primero. Luego también los hombres deberían cambiar ciertos comportamientos, algunos dicen “mi chica tiene eso” para referirse a la regla…

Lo importante es que no hay autoestima. Los hombres que son machistas en realidad también tienen una baja autoestima, se hacen los gallitos porque tienen carencias. Sí que defiendo que se hable de todo esto porque las niñas y niños de hoy en día lo necesitan; me apasionan todos los proyectos de dar a las niñas referentes de mujeres que han hecho Historia con tal de que las niñas entiendan que pueden dedicarse a muchas más cosas y no sólo a ser modelo de Playboy, porque hay otro montón de cosas que nosotras queremos querer ser.

“Que las mujeres se lancen a vender braguitas usadas me interesa no porque vayan a ganar dinero con eso, sino porque la mujer, vendiendo sus braguitas usadas, está diciendo al mundo que hace lo que le da la gana con su cuerpo y con las bragas que se pone”

Si todo lo  que me dices se diera, seríamos más libres…

La libertad de una sociedad justamente va con la cultura, que es importantísima: alguien que haya viajado y haya visto mundo, ya te digo que no se va a escandalizar con la venta de braguitas usadas, porque una persona que se escandaliza es porque le falta cultura, así de simple. La gente que se me pone más tonta y más tiquismiquis es gente que tiene un mundo muy cerrado y muy pequeño.

Aparte del empoderamiento de la mujer que vemos en el negocio de las compraventa de braguitas usadas y de todo lo que significa que la mujer de hoy haga con su cuerpo y sus bragas lo que le dé la gana (mujeres libres), también podemos hablar de la seguridad en las redes a la hora de llevar a cabo la venta. ¿Es aconsejable que las chicas que venden sus braguitas no queden con los/las compradores?

Sí, por eso están estas webs, que permiten esa seguridad.

¿Estas webs actúan de intermediarias?

Bueno, te hacen de filtro de seguridad para que no te venga un loco que se obsesiona contigo y se presenta en la puerta de tu casa porque tiene tu dirección. La web sirve pues como sirven las redes sociales, para mantener el grado de intimidad de protección que tú desees: tú puedes tener tus redes totalmente abiertas o puedes tener contenido que sólo puede ver la familia y los amigos. La venta de braguitas usadas también necesita un filtro. Una vez que te has decidido a vender tus braguitas después de usarla y te has liberado, la otra parte es esta segura e informada de cómo funciona todo esto. No es que por vender braguitas te vaya a venir un loco o una loca… Es como lo de las violaciones: no por llevar una minifalda te van a violar. No por vender tus braguitas te va a atacar un loco o una loca, aunque haberlos haylos.

Nosotras haciendo esto lanzamos al mundo el mensaje (como yo lo he hecho, dando la cara, o anónimamente) de que nos sentimos dueñas de nosotras mismas y que por eso vendemos cosas nuestras íntimas, porque nos da la gana. Aclaro que todo el tema de prostitución y tal me parece únicamente que ridiculiza al que lo dice. Pero es necesario que esto esté organizado, pero como si vendes cualquier cosa: si te pones a vender tus fotos porque eres fotógrafa, obviamente no vas a quedar con todo el mundo que te pide la foto, vas a tener un mínimo de criterio a la hora de filtrar cómo quedas con las gente que quiero comprar tus fotografías. Pues con las braguitas es lo mismo, ¿sabes?, guardas una seguridad mínima para poder mantener una intimidad y no tener que facilitarle ningún dato al comprador, más que nada porque se trata de eso, de que tú vendes algo y no quieres que te den la tabarra.

“Estamos en una sociedad en la que se monta un revuelo nacional porque ha salido un pezón en EEUU”

Tú vendes tus braguitas a través de un perfil público, pero la opción del anonimato imagino que hace que muchas mujeres sientan mayor seguridad…

Yo te digo que mi caso es raro, excepcional, no tengo miedo. Llevo tantos años luchando por la liberación… He hecho tantas cosas, que ya no tengo miedo. Que me llame un loco de esos que respiran, o uno que se presenta en la calle porque me reconoce o lo que sea… No tengo miedo porque yo ya sé cómo tratarlos, además (en el fondo) son inofensivos, así que tranquilidad. Pero una chica que decide hacer esto y no tiene mucha idea es como una cita a ciegas: no quedes para una cita a ciegas en un bar perdido de una calle que no conoces, queda en una zona donde te sientas segura.

Las chicas que venden las braguitas tienen la opción (y es la mayoría) de mantener el anonimato. Entra dentro de la lógica, ¿sabes?, de que yo lo veo bien porque, en el fondo, es un acto que haces de empoderamiento personal y que luego ya, rizando el rizo, depende de la evolución que tú quieras hacer cuando tomas la decisión de vender tus braguitas: te puede pasar que te vuelvas mucho más comprensiva con los fetichistas que van a comprar esas braguitas, porque te das cuenta que no tiene nada de malo esta práctica y que, oye, si a alguien le hace feliz algo tuyo pues mira qué bien. Tú das algo a cambio de dinero.

El empoderamiento es que tú te sientas segura a la hora de decir que haces esto porque te apetece, porque tienes valor y haciéndolo sigues siendo una mujer igual de respetable sin ningún miedo ni ningún estigma.

“Las mujeres tenemos que amar nuestros cuerpos con todo lo que es: desde cuando retienes líquidos porque te va a venir la regla hasta la celulitis o los cambios de color del flujo”

Muchas chicas dicen que se metieron en el negocio porque les suponía una ayuda a la hora de pagar sus facturas. ¿Se gana pasta con esto?

No… No, no, no. Yo te digo que hay mucho mito. La chicas no se forran, no nos forramos. Los que ponen la web en marcha cobran una comisión por hacer prácticamente nada. A ellos ya les interesa que existan muchas chicas ilusionadas queriendo abrirse su cuenta para vender las braguitas, incluso les cobran a las chicas por tener las braguitas a la venta. Sospecho que es como todo, han visto negocio en hacer creer al mundo que se va a forrar pero yo te digo (que llevo muchos años conociendo, entrevistando, tratando con fetichistas) que las personas que compran braguitas usadas no se van a volver locas comprando braguitas. Te compran unas cuantas porque les hace gracias y tal, pero igual vendes…

Pon que, como mucho, vas a vender 10 en un mes y pon que cada braguita la vendes por 50 o 60 euros… Entre el envío y lo que se lleva la web, al final tampoco es tanto dinero. Creo que más bien esto es una mezcla entre instigar a los sectores fetichistas a que les apetezca (todo el mundo está comprando braguitas, ¿cómo es que tú no?) y publicidad engañosa… Pero repito, sólo creo. También te digo (con toda la prudencia) que yo ya tengo una edad y no me creo los cuentos, y te lo digo por mi experiencia (que he salido en la tela hablando de esto y tampoco he vendido tantas). No es un negocio para ganar dinero.

En otros países la compraventa de braguitas usadas está muy normalizada. Allí es muy común encontrar máquinas expendedoras en plena calle.

Exacto. En Japón están más acostumbrados. Aunque no es esto lo único, tienen otros juegos y otras historias que a nosotros todavía nos escandalizan y para ellos son de lo más normal. Ellos son expertos en el tema.

“Los hombres que son machistas, en realidad también tienen una baja autoestima: se hacen los gallitos porque tienen carencias. Una persona que se escandaliza es porque le falta cultura, así de simple”

¿La cultura japonesa es propensa a ejercer esta práctica de una forma tan normal  por algo en especial?

De todo lo que he investigado, la compra de braguitas usadas dentro de la cultura japonesa está justificada porque se trata de una cultura a la que cuesta mucho tener contacto físico, un contacto físico entendido como el que tenemos nosotros, que nos abrazamos, nos tocamos con amigos, en la calle, tomando unas cervezas… Digamos que en nosotros ocurre esto porque somos mediterráneos o latinos o lo que quieras. A ellos les cuesta mucho y parece que han adoptado esta historia con mucho fervor y mucha ilusión porque para ellos, en el fondo y simbólicamente, es un contacto íntimo el tema de la braguitas.

Es como si se acercaran a esa chica. Y pensando y pensando en el tema, yo creo que estas cosas van ocurriendo en las grandes ciudades sobre todo, ya que la despersonalización hace que nos vayamos pareciendo a los japoneses: todo el día trabajando y ya no tenemos tiempo ni para mirarnos a los ojos. Seguramente, el fetichista que accede a comprar estas braguitas en nuestro país es porque tiene una sensación parecida a la que tienen los japoneses de mira me apetece jugar con las braguitas de una desconocida pero no me apetece irme a una discoteca a ligar. Yo creo que va por ahí, pero bueno, estas teorías ya sí que no me atrevo a dar como clases magistrales ni nada, son simples cositas que yo he ido pensando.

O más simple. Puede tratarse de una persona que esté aburrida de su rutina sexual y quiera experimentar nuevas experiencias.

Totalmente. He tenido clientes que me han contado que no lo habían hecho nunca y que lo hacen por curiosidad. Otros me han dicho que hacía años que tenían ganas de hacer algo así y ya que pueden, pues lo hacen. Digamos que no es una cosa relacionada con gente torturada que sólo se excita con unas braguitas usadas de por medio. Ya sabes que el único problema que pueden tener los fetichismos es que la persona esté limitándose y ya sólo se pueda excitar de esa manera. Si una persona sólo se puede excitar con unos tacones o unas braguitas y luego cuando está con otra persona y sin tacones o sin braguitas no le pone nada, pues mal; más que nada es porque le limitan, no le llamo enfermedad, como hacían en el siglo XIX… Simplemente digo “oiga, amplíe un poquito sus juegos”.

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