La furia del pasajero
La ansiedad previa a un vuelo puede llegar a provocar incidentes a bordo de un avión. Retrasos, discusiones con el personal del aeropuerto, largas colas para recoger un billete o facturar el equipaje, problemas de espacio entre los asientos… Son situaciones comunes que hacen que muchos pasajeros suban al avión en un estado de alta tensión. Es lo que se conoce como furia del pasajero o furia aérea, un fenómeno con escasa repercusión pública pero que preocupa seriamente a quienes padecen sus efectos.
Fernando Chacón para Consumer.es
Casos cotidianos y casos extraordinarios
La furia del pasajero, air rage en inglés, recuerda más a un título cinematográfico que a un hecho real. Sin embargo, el director de Seguridad del Sindicato Español de Pilotos de Líneas Aéreas (SEPLA), Jesús González, explica que se dan más casos de lo que sería aceptable. “Lo que sucede es que las propias compañías aéreas evitan que estos incidentes tengan trascendencia. Lo que no está escrito, no existe. La tripulación lo ha gestionado así para evitar consecuencias negativas”, apostilla.
Lo que es una realidad para los pilotos no lo es tanto para las compañías. Desde Londres, British Airways afirma que la furia aérea “es un suceso poco habitual”. Entre abril de 2000 y marzo de 2001, la aerolínea contabilizó 232 casos, lo que equivale a un incidente por cada millón de pasajeros transportados. “Cada año vuelan con nosotros más de 41 millones de pasajeros y operamos más de 300.000 vuelos”, informan.
Jesús González, también investigador de accidentes aéreos, afirma que el aumento de estos episodios aún no ha provocado catástrofes, aunque podría hacerlo en el futuro. “Estamos muy preocupados, porque nosotros vemos todo el iceberg y a las compañías apenas les llega el 3% de los incidentes que se producen dentro”, explica.
Antes de que trascienda un caso, se intenta alcanzar un acuerdo entre la tripulación y el pasajero alborotador. “Llega un momento en que se le deja de servir alcohol. Incluso hay compañías que fichan al pasajero mediante impresos internos”, señala González. El problema es que, en la mayoría de los casos, estos hechos no se denuncian y quedan archivados dentro del avión.
Factores determinantes para convertirse en un pasajero furioso
“Los pasajeros estallan a bordo por las incomodidades que soportan antes de montarse en el avión”. Con esta frase podría resumirse la escalada del fenómeno. Razones personales o laborales, así como problemas derivados del propio viaje, provocan el descontrol en algunos viajeros.
“No pensamos que vengan predispuestos a la violencia, pero reaccionan con furia porque consideran que están siendo objeto de una agresión”, explica González. Pérdidas de conexiones, sensación de maltrato por parte de la compañía o del sistema aeroportuario, retrasos, largas esperas o discusiones con el personal son causas fundamentales en el agravamiento de la pérdida de control.
“El avión reúne todas las condiciones para que esto ocurra”, añade. “Es un espacio vital cerrado, la burbuja de protección personal se reduce, viajamos codo con codo, sentimos invadida nuestra intimidad y la comodidad es mínima. Además, la publicidad que habíamos leído no se cumple”. Todo ello contribuye a la pérdida de los nervios, aunque conviene recordar que un avión es el peor lugar para hacerlo.
Alcohol y tabaco
Además de los factores señalados, existen otros que influyen de manera decisiva en la tranquilidad de un vuelo, como el alcohol y, en menor medida, el miedo a volar. El alcohol es una causa claramente agravante, aseguran desde el sindicato de pilotos.
González se pregunta por qué las compañías prohíben fumar pero permiten beber sin apenas limitaciones. En vuelos largos, el efecto del alcohol se intensifica y agrava la tensión. Esta permisividad ha sido denunciada incluso por el Departamento de Información sobre Seguridad Aérea de la NASA.
La Organización Mundial de la Salud reconoce la furia aérea como una forma de comportamiento perjudicial asociada a los viajes aéreos. British Airways afirma que, cuando no se puede determinar la causa exacta del estallido, suele estar relacionada con el alcohol y con las restricciones para fumar. En estos casos, la aerolínea utiliza una “tarjeta amarilla” para frenar de inmediato conductas disruptivas.
Respecto al tabaco, Enrique Mapelli, presidente de honor del Instituto Iberoamericano del Derecho Aeronáutico, considera que la prohibición de fumar provoca estrés, inquietud y rabia en algunos pasajeros, y propone el uso de sustitutos de nicotina, como parches, disponibles en los aeropuertos.
El Real Decreto 1293/1999 prohíbe fumar en vuelos comerciales con origen y destino en territorio nacional. Iberia ha extendido la prohibición a todos sus vuelos, incluso a los de larga duración.
El perfil psicológico del alborotador
Según el director de Seguridad del SEPLA, existen dos perfiles principales de pasajeros que pierden el control a bordo:
Pasajeros de negocios. Viajan en primera clase, pagan billetes caros y suelen ser altos ejecutivos sometidos a gran presión. “Se creen con derechos sobre la tripulación”, explica González. Los conflictos se manifiestan en agresividad verbal y menosprecio, pero rara vez en violencia física.
Pasajeros en clase turista. Viajan hacinados y en vuelos muy largos, donde se suman turbulencias, mala comida o baños saturados. Los estallidos suelen darse en pequeños grupos y derivan con más frecuencia en episodios de violencia física.
La tripulación como víctima
La tripulación es la responsable de garantizar la seguridad a bordo y, por ello, se convierte a menudo en el blanco de la ira de algunos pasajeros. “En el interior de un avión se producen ataques verbales y físicos que ya son, por sí mismos, perseguibles”, denuncia González.
Si un tripulante es apartado de sus funciones por un incidente violento, la seguridad de todo el avión queda comprometida. La Organización de Aviación Civil Internacional, creada en 1944, establece que la primera necesidad del transporte aéreo es la seguridad, por encima de cualquier otra consideración.
¿Vacío legal?
La normativa obliga a las compañías a informar solo de lo que marca la ley, pero no de los riesgos asociados a la furia aérea. “Algunas son excesivamente permisivas”, denuncia González. En 1996, una conferencia internacional de pilotos abogó por informar claramente a los pasajeros de las consecuencias de provocar altercados a bordo.
Las leyes de navegación aérea consideran el vuelo como una expedición en la que el comandante es la máxima autoridad. Tiene poder decisivo sobre el inicio, la continuación y la finalización del vuelo, y es responsable de las consecuencias si la situación se deteriora.
En vuelos nacionales, el comandante puede solicitar sanciones judiciales, pero no imponerlas directamente. En trayectos internacionales, su decisión es inapelable: puede aterrizar en el aeropuerto más cercano y entregar al pasajero a las autoridades locales, sin posibilidad de reclamación.
En Estados Unidos y en la Unión Europea esta práctica es habitual. González recuerda el caso de una artista conocida que fue detenida tras negarse a apagar un cigarrillo en un vuelo interno. La compañía reclamó los gastos derivados del aterrizaje forzoso, que ascendieron a un millón de dólares, cantidad que la pasajera tuvo que pagar.
En el Reino Unido, las infracciones a bordo tienen carácter penal. Un pasajero violento puede ser condenado hasta a dos años de prisión, según la gravedad de los hechos.
#alaTV!!! Como hoy es jueves, ✈-avión y a IB3 para que podamos vernos esta tarde en magazine Cinc Dies #caralavada y aún me duran las risas de ayer en un #cumpleamills inolvidable .

