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maniquíes, robots y estatuas indefensos

Fantasías con objetos

Islote rocoso con pinos junto al mar, en una cala de Mallorca, al atardecer
Foto de Roser Amills, 25 de julio de 2012.

Como dejó escrito Gabrielle Colette (1873-1954), “hay menos maneras de hacer el amor de lo que se dice, pero más de lo que se cree”, y cuando a Diógenes (412-323 aC) le preguntaban que por qué rezaba a las estatuas, respondía que estaba practicando el desencuentro. De estatuas -en ese caso se conoce como agalmatofilia- y demás esclavas va este capítulo: amores o enamoramientos con robots –gran ejemplo Brigitte Helm, la mujer/robot de la película “Metrópolis”-, maniquíes y muñecas hinchables, como el protagonista de “Tamaño natural”, de Luis García Berlanga (1921-2010) y su muñeca inflable. Otro caso célebre de pigmalionismo se produjo en Londres en 1877, según cuentan las crónicas de la época: un jardinero se enamoró de una réplica de la Venus de Milo y fue descubierto practicando un complicado coito con ella. Igualmente, la bella escultura de Leucade, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, a la que dio forma Moisés de Huertas en 1910, está documentado que ha turbado a muchos hombres. Por otro lado, el androidismo, relaciones sexuales entre seres humanos y máquinas humanizadas, aparece en películas como “Barbarella”, “Flash Gordon” o “Blade Runner”, cuyos directores han especulado o insinuado la posibilidad de actividad sexual entre humanos y máquinas seductoras o como esclavos sexuales. Curiosidad: en la serie «Star Trek: la Próxima Generación», el personaje que más cartas de admiradoras recibía era Data, el androide.

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