Sentada en la calle

… que el mejor guarda de la viña es el miedo a que el guarda venga, por tanto se aconseja comenzar venciendo el miedo, después veremos si el guarda aparece.

José Saramago

Sentada en la calle

Un día Macabea conoce a un hombre, nordestino como ella, y él pasa a ocupar en la jerarquía de sus placeres el lugar anteriormente otorgado al dulce de guayaba con queso. La primera conversación marcará el tono de su amor :

«-Disculpe, señorita ¿puedo invitarla a pasear?
-Sí -respondió atolondrada, deprisa, antes de que él cambiara de idea.
-Si me permite, ¿cuál es su nombre?
-Macabea
-Maca ¿qué?
-Bea -se vio obligada a completar
-Disculpe pero parece el nombre de una enfermedad , de una enfermedad -de la piel.
(…)
Los dos ignoraban cómo se pasea. Caminaron bajo la lluvia densa y se detuvieron delante del escaparate de una ferretería donde había expuestos caños, latas, tornillos grandes y clavos.
Macabea , temerosa de que el silencio ya significase una ruptura, dijo al recién-enamorado:
-A mí me gustan mucho los tornillos y los clavos, ¿y a usted?»

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