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ser mallorquina

En la obra de Roser Amills, Mallorca no funciona como escenario, sino como punto de partida. Se crió en este territorio pequeño, atravesado por el clasismo y con desmemoria voluntaria, y eso marca una forma de mirar atenta a lo que se calla y a lo que se normaliza. A los 17, se marcha a Barcelona, donde se forma, trabaja, escribe y reside durante 28 años, y donde nacen sus dos hijos. Ese desplazamiento temprano y sostenido ordena la experiencia vital y literaria sin idealizar ni el origen ni los destinos posibles.