Ramón Gaya
Va camino de los 94 años. Es un pintor de origen murciano, militante del intento de revolución cultural que pretendió la II República –en las famosas Misiones Pedagógicas, por ejemplo–, exilado tras la Guerra Civil. Pasó por un campo de concentración francés –es decir, organizado por franceses, no por nazis alemanes–, vivió en México, en Italia. Es un artista exquisito. Obtuvo el Premio Velázquez en 2002, en su primera edición, como no podía ser de otra forma.
Gaya es , también –y por ello aparece en esta Errata–, un notable escritor. Poesía, ensayo y diarios son los géneros que ha cultivado a lo largo de su vida.
De pintor a pintor (1978)
“Pintar no es ordenar, ir disponiendo,
sobre una superficie, un juego vano,
colocar unas sombras sobre un plano,
empeñarte en tapar, en ir cubriendo;
pintar es tantear –atardeciendo–
la orilla de un abismo con tu mano,
temeroso adentrarse en lo lejano,
temerario tocar lo que vas viendo.
Pintar es asomarte a un precipicio,
entrar en una cueva, hablarle a un pozo
y que el agua responda desde abajo.
Pintura no es hacer, es sacrificio,
es quitar, desnudar; y trozo a trozo,
el alma irá acudiendo sin trabajo”.
