Roser, bienvenida. Cuéntanos, ¿cuándo nace en ti esa pasión por las letras y la escritura?
Fui muy precoz, y no como una “pasión”. Crecí en un entorno desestructurado donde había muchas cosas que no se decían, mucho dolor, y eso generó de manera natural las ganas de refugiarme en la lectura y la escritura. Por pura necesidad. A los siete años ya decía que quería ser escritora, seguramente porque ahí sí tenía voz. En ese contexto, mi abuelo me regaló una máquina de escribir, una validación y un apoyo afectivo, y una herramienta poderosa. Desde entonces, empecé a teclear, a corregir, a esforzarme por expresar cada vez mejor lo que no se dice, tanto mío como de los demás.
De Mallorca a Barcelona. ¿Cómo influyó cada ciudad en tu camino?
Mallorca es el lugar donde nací y desde donde aprendo a callar, leer, observar. Mi origen, con su historia de silencios —chueta por parte de madre, minera por parte de padre— me sitúa desde pequeña en una estructura de exclusión que, como te contaba, ayuda mucho a rumiar. Barcelona, a donde huyo para estudiar, con 17 años, se revela en cambio como un espacio de mucha extroversión, posibilidades de abrirme, y también por todos los escritores que leo y conozco personalmente, de técnica, profesionalización y auto exigencia. Me había marchado a estudiar filología con una beca, trabajé de canguro y camarera para mantenerme y terminé siendo correctora ortotipográfica, fui madre muy joven y paralelamente entré en el circuito cultural catalán más alternativo con mucha facilidad. Resumiendo: Mallorca me dio la materia —esa tensión, esa mirada— y Barcelona me obligó a convertirla en algo cada vez más eficaz: con mucho trabajo, muchos textos y libros de todos los géneros, en oficio.
Con tan solo veinte años ganas el Premi de Narrativa Sant Jordi de la Universitat de Barcelona. ¿Qué recuerdos tienes de esa experiencia? ¿Dirías que marcó un antes y un después en tu carrera literaria?
Lo recuerdo dentro de un contexto muy concreto: estaba estudiando, trabajando y criando a mi hijo, y Joan Perucho y varios profesores que eran también miembros del jurado eligen mi cuento. Ese mismo año gano el de poesía de la Universidad Politécnica de madrid y hay que decir que, ahora lo veo, ambos premios no aparecen porque sí, sino en el contexto de un acumulación de esfuerzo y responsabilidades expresivas mediante la escritura que hacen que logre refugiarme más que nunca en esa voz escrita: terminé mi primer poemario completo y ese cuento, y los presenté a esos premios. Ganar ambos tiene un efecto claro: hace que crea en mi vocación y me tome en serio la voluntad de mejora continua. Es una gran suerte que eso me suceda con veinte años.
Con más de veinte libros publicados, ¿tienes alguna creación predilecta? Esa a la que le tengas un cariño especial… Si es así, ¿cuál es?
No trabajo desde la idea de “libro favorito” porque cada texto que le entrego al mundo responde a una necesidad concreta, a veces más racional, a veces visceral. Me he retado a escribir lo que me cuesta, hace poco me formé y escribí teatro. Luego, cada proyecto finalizado y entregado al mundo se recibe con más o menos fortuna, tiene más o menos lectores, pero siempre siento que hay un progreso. En todo caso, no hay preferidos por mi parte, sino compromiso honesto.
No solo eres escritora, también has trabajado en comunicación, periodismo o televisión. ¿Cómo se construye una carrera tan diversa?
Tenía que sostener a mis hijos. Tuve la suerte de que todo eso también se me daba bien. Todo es comunicación, y para mí sea lo que sea que viva, forma parte de lo mismo y se construye desde la misma necesidad, y no hay un plan previo: espero el autobús y escribo, muere mi abuelo y escribo, conozco de primera mano una tragedia y escribo. He trabajado en radio, en televisión, en crítica cultural porque tenía facilidad, y así sacaba adelante mi vida personal. Todo suma. Cada uno de esos espacios te obliga a sincronizar el lenguaje y el pensamiento: sintetizar, escribir con exigencias y plazos, analizar al receptor de cada medio… así, la escritura literaria posterior se vuelve más rica, precisa y eficiente.
Con todas esas vivencias, no debe ser complicado inspirarse. ¿Cómo surgen las historias en tu mente? ¿Sigues algún ritual a la hora de escribir?
No trabajo con la obra como algo abstracto que llega, sino como preguntas muy concretas que quiero responderme. Las historias surgen cuando miras de frente una fricción, un malentendido, una sorpresa: cada elemento que no encaja, cada contradicción, es una relación de comunicación mal resuelta y trato de enmendarla. A partir de ahí empieza el trabajo duro y tengo rituales en el sentido simbólico pero sobre todo lo que hago es obsesionarme y trabajar mucho. Escribir cada día, releer, corregir, hasta que logro entenderlo. Es un proceso de insistencia más que de iluminación o inspiración.
¿Qué referentes has encontrado en tu camino? ¿Cuáles son esos libros o escritores que recomiendas leer?
Muchos libros, muchos autores, todo ha sido importante. Y las tertulias, el contacto con escritores como José Agustín Goytisolo, Joan Brossa o Ana María Moix, que me enseñaron a sentir el texto desde dentro. No solo qué se dice, sino cómo está construido dentro de ti. Si tuviera que recomendar algo, es leer cuanto caiga en tus manos sobre cualquier asunto y tirar de todos los hilos sin pausa. Un libro te llevará a otro y construirás tu personal universo lector, no hay más.
Háblanos de tu última publicación, ¿de qué trata?
Esta novela, con la que he obtenido el Premio Ciudad de Badajoz 2025, y a la que he dedicado la quinta parte de mi vida, casi 10 años, parte de la relación entre Ramon Vinyes, un dramaturgo catalán exiliado, y un muy joven Gabriel García Márquez, en Barranquilla. Lo que me interesaba no era contar una anécdota biográfica, sino estudiar cómo se aprende a escribir, cómo todo influye en la construcción de otra voz, que es justo lo que me preguntabas antes. Poder presentarla ahora, ofrecérselo a los lectores en forma de novela de aventuras con muchos viajes, varias guerras, algunas intrigas y un par de asesinatos es una consecuencia de un proceso largo, no el punto de partida, tanto para mí como para Gabriel García Márquez y Ramon Vinyes.
Y ahora, ¿qué proyectos y/o eventos tienes entre manos?
Sigo escribiendo y mantengo, como de costumbre, varias obras en marcha. Trabajo de administrativa mientras dirijo y presento el programa cultural L’Illa sense calma, desarrollo performances como la reciente Hilo de voz en Ibiza, donde la escritura se traslada al espacio y al cuerpo, y puntualmente doy talleres donde acompaño a otros autores en sus procesos con mi proyecto de sherpa editorial “Cafè de lletres”. Cuando tenga maduro algo de lo que escribo me volveré a encerrar hasta que lo termine y te lo podré contar.
Para despedirnos, dinos dónde podemos encontrar ejemplares de tus trabajos literarios.
Los libros están disponibles en todas librerías y plataformas habituales, y quien quiera saber más o desee descargar alguno ya descatalogado puede entrar en mi web, donde lo archivo todo, y donde encontrarán también material inédito y muchas inquietudes y peripecias que no hemos hablado. Mi web es el hilo de Ariadna de lo que he aprendido del mundo escribiendo, también para mí.

