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La poesía no escrita, según Diodoro: oda a las calabacitas y otros temas olvidados

Texto de Diodoro que Roser Amills comparte

Cactus en una maceta

¿No está cansado de que cuando abre un libro de poemas, lo único que encuentra es poesía sobre amores, sobre sexo (explícitamente o no), sobre la naturaleza, el dolor, la melancolía o ese tipo de lugares comunes? ¿Acaso nunca ha tenido un morboso deseo de leer una poesía desgarradora sobre el mal aliento matutino o el deseo asesino hacia los clientes de un local de renta de internet (perdón por la catarsis)? Seguramente no. Pero eso no significa que no haya una cierta belleza en ese tipo de situaciones, ¿o sí? Por eso, en este foro de libre expresión y en esta semana de poesía, haré una breve reflexión sobre la belleza que existe en los temas no escritos por los poetas.

Por ejemplo, en estos días de enero siempre he buscado y nunca he encontrado una poesía sobre las mejillas congeladas por caminar en la mañana sin bufanda:

Día de enero y exequias de las palabras
aterradas y atrapadas en ataúdes
fabricados de carne helada
piensan con dolor en el café
pero las palabras muertas no pueden volar.

Nieguen la belleza, la expresión sincera, la increíble simpleza de la forma y aun así lo entera de las metáforas sobre la vida común. Pero basta, basta de esto momentáneamente. Pensemos en otra situación: desde que Neruda hizo una oda a las alcachofas y a las cebollas, el potencial poético de las verduras se incrementó, pero ha sido desperdiciado:

Oda a las calabacitas

A pesar de desgarrar tu nauseabunda carne
y aspirar tu melancólica esencia
los recuerdos de mi pobreza
y mis sueños de poesía
impiden remplazarte por esencias más dulces.

Bellísimo, ¡oh, sí!, bellísimo. ¿Pueden sentir la repulsión hacia estas verduras? ¿El dolor indescriptible de consumirlas, pero la necesidad implícita de hacerlo? ¿Alguien entiende por qué «melancólica esencia»? Sí, bueno, yo tampoco… pero lo importante es la belleza lograda.

Se me ha hecho raro que los poetas no hablen de su amigo más importante (no el alcohol): el plagio:

Me gusta cuando callas porque estás como callada
y me oyes desde lejos como si estuvieras bien pinche lejos
parece que los ojos te hubiera arrancado
y una grapa cerrará tu boca.

Así como están las cosas en el mundo del poeta y la poesía nadie me demandaría por el plagio, y además salió bonito, como de vanguardia…

Hay muchas otras cosas de las cuales la poesía podría hablar («Cuando el chicharrón sale con pelitos», «Ver una mala película y perder medio domingo», «El sospechoso dolor del brazo izquierdo», «La náusea después de ver un programa de La Academia»), pero no hay espacio ni tiempo para explorarlas todas, así que limitaré la entrada a uno de mis favoritos, «el pendejo que critica a los poetas porque sabe que nunca va a ser uno»:

Y en el último día, se levantará con nombres falsos
publicará oleada tras oleada de críticas y sarcasmo
se sentará como rey citando a los grandes
pero será descarnado por contemporáneos.

Funesto destino para el no-poeta.

Sí, bellísimo, bellísimo.

Si usted tiene un tema que los poetas no abarquen, no dude en mandarlo. Yo haré lo posible por servirle.

Diodoro

Texto de Diodoro; todos los derechos pertenecen a sus titulares.

Más en Para pensar.

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