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Miguel Ángel Almodóvar en Nueva Tribuna: El librero de Macondo

De entre el relativamente magro colectivo de escritores que han firmado en la pasada Feria del Libro de Madrid, subsumidos entre una barahúnda de miles de influencers narcisistas, bookstagramers, aquejados por el efecto Dunning-Kruger, mindfulnessrianos, ultracrepidianos, booktubers, y pacientes de síndrome de Hubris, a quien esto escribe le ha fascinado sobremanera El librero de Macondo, la última novela de Roser Amils, ensayista, traductora, narradora, poeta, dramaturga y presentadora de radio y televisión.

Publicado el 25/06/2026 por el gran Miguel Ángel Almodóvar en Nueva Tribuna

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El librero de Macondo y Roser Amils

Ganadora del XXIX Premio de Novela Ciudad de Badajoz, el libro gira en torno a la relación entre un grande de las letras catalanas, Ramón Vinyes i Cluet y el escritor colombiano Gabriel José García Márquez, quien, en su libro Cien años de soledad, publicado en 1967, describe al catalán como sabio y librero grafómano (adjetivo y sustantivo que remite a un impulso incontrolable y compulsivo por escribir), que había leído todos los libros. Mucho más tarde, en 2002, Gabito, ya añoso, volvería a referirse a él en su autobiografía Vivir para contarla: “Don Ramón Vinyes, el sabio catalán que tanto ansiaba y tanto me aterraba conocer, había ido aquella tarde a la tertulia de los seis, Cuando salimos del café, con cinco tragos a cuestas, ya teníamos años de ser amigos”.

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Gabriel García Márquez y Ramón Vinyes

Ese sabio es escasamente conocido en España, más allá de la cita del Gabo, que ha impulsado bastantes estudios académicos sobre su figura, pero sí muy admirado en Colombia, donde desarrolló una ingente labor de dinamización cultural que caló entre los sectores más vanguardistas de su literatura, incluyendo el llamado grupo de Barranquilla, convirtiéndole en figura esencial en el desarrollo cultural del país.

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El grupo de Barranquilla

Vinyes fue un escritor, traductor, dramaturgo y librero, cuya vida transcurrió, básicamente, entre Barcelona y Barranquilla. En Colombia estuvo al frente de la innovadora e influyente revista Voces que salió a la calle entre 1917 y 1924 y que catalizó a figuras tan prestigiosas como el escritor y gestor cultural Julio Gómez de Castro, el filósofo y profesor Enrique Restrepo, los grandes poetas León de Grieff y Vicente Huidobro, el político, abogado y escritor Germán Vargas y el propio García Márquez.

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Revista Voces

Por lo que se refiere a su labor en Cataluña, allí estrenó una veintena de obras teatrales, entre las que destacan Al florir els pomers (1910), Qui no és amb mi… (1929), Peter’s Bar (1930) y Comiats a trenc d’alba (1938), y publicó la recopilación de prosa poética L’ardenta cavalcada (1909). A más a más, en México, en 1946 dio a la imprenta una recopilación de narrativa corta con el título de A la boca dels núvols.

Su obra, tanto tiempo desterrada en el baúl del olvido, empezó a editarse y recuperarse a finales de la década de los ochenta del pasado siglo, casi siempre por primera vez, y la crítica empezó a interesarse por ella, para, finalmente, llegar a situar su nombre dentro de la historia de la literatura catalana.

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Ramón Vinyes

En este itinerario reivindicativo de su figura también ha influido de manera notable el Ayuntamiento de su ciudad natal, Berga, capital de la comarca del Berguedá, impulsando la conmemoración del centenario de su nacimiento en 1992, promocionado rutas literarias, comisionadas por el experto Jaume Huch, homenajeando su figura con el traslado de sus restos al Panteón de Berguedans Ilustres, con la erección de un busto con su imagen en el centro de la ciudad, o con la designación con con su nombre de la biblioteca municipal.

Parte de esto y muchísimo más está recogido en la extraordinaria novela de Roser Amils, El librero de Macondo, subyugante no solo por su alta calidad literaria y su prosa vivísima y vivificante, elegante, sobria y ajena a cualquier afectación artificiosa, sino por la escrupulosidad con la que maneja los datos recogidos pacientemente a lo largo de una década, ofreciéndolos al lector sin el menor atisbo de erudición o autocomplacencia. En paralelo, entremezcla los episodios de las protagonistas de su obra con su propia y durísima peripecia personal, en la que van apareciendo éxitos y desahucios, las relaciones con su abuelo, su padre y sus hijos, sus amores y desamores idos o los conflictos con su pareja actual, que, muy lejos de percibirse como exhibicionismo, resultan casi imprescindibles para comprender la aventura epopéyica de la redacción de su novela.

En cuanto a la materia que da título a esta sección, Memoria del Paladar, Roser, salpica su obra con algunas referencias culinario-gastronómicas como la del pescado frito con patacones que Vinyes pide en el Happy Land, que, William Castro Atencia, profesor e investigador en literatura española en la Universidad de Toulouse describe como: “… pequeña tienda fundada sobre el callejón de Ricaurte (…) que de cliente en cliente fue adquiriendo la dimensión de “café”, hasta años más tarde asumir la perspectiva de “bar”.

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Pescado frito con patacones

El plato de referencia, uno de los favoritos de García Márquez, se prepara marinando peces como mojarra, pargo rojo o tilapia, siempre enteros, con ajo, sal, pimienta y limón, para después pasarlos por harina y luego freír hasta que quede crujiente. Se sirve tradicionalmente con patacones -trozos aplanados y fritos de plátano verde-, arroz con coco y ensalada fresca.

Líneas más adelante, nos habla de otro plato, sábalo con pasas, que le prepara Copelia, la criada de su peripuesta esposa. Se trata de un bocado de clara influencia española, en el que se intenta suavizar el fuerte sabor del sábalo, chupabarro o barrero, creando una mezcla agridulce con uvas pasas.

Muy probablemente, aunque Roser no los cite, porque es evidente que su novela no es un libro de recetas, Vinyes y el Gabo, compartieron recetas que sabemos fueron también muy queridas para el Nobel colombiano, y en este punto parece oportuno poner sobre la mesa un triplete con vitola ganadora.

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Sábalo con pasas, cayete, carimañolas y posta cartagenera

Es el caso del cayete o mote de guineo verde, típico de la orilla occidental del río Magdalena, que, como su nombre indica, se prepara con guineos o plátanos verdes cocinados y posteriormente machacados, acompañados de queso costeño rallado, al que se suele añadir mantequilla y un sofrito de tomate y cebolla; de las carimañolas, empanadillas fritas y rellenas con masa de yuca cocida, carne picada y aliñada, queso fresco y pollo desmechado; y posta cartagenera, corte de carne de res, generalmente muchacho o redondo, cocinado a fuego lento en una salsa oscura, dulce y ligeramente salada, aromatizada con especias y vegetales.

Me alejo de esas mesas y vuelvo la mirada hacia Roser que, justo en ese instante, está escribiendo algo que me atañe: “Al final, no es tanto lo que buscas, como lo que te encuentra, y aunque la vejez nos vuelva borrosos e incomprensibles para quienes nos rodean, no dejamos de existir como éramos, sino solo con las pulsaciones cada vez más lentas. Sin embargo, son suficientes para hacer difícil aceptar marcharnos”.

Ramon Vinyes i Cluet, pasaporte

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