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Ésta es la magia con que nos quedamos, cervecita en mano, tras el programa sobre fetichismo que grabamos. Muy pronto lo comparto para que lo escuchéis!!

Las fantasías eróticas pueden vestirse con mil detalles de atrezo: desde los susurros o los gritos hasta los disfraces exóticos, los uniformes, los alimentos retozones, el sometimiento, las cadenas y los cinturones. Cada cual se estimula como quiere o como puede. Pero hay algo que lo supera todo: las feromonas que impregnan una prenda usada, algo que los personajes de la cultura han tenido muy claro a lo largo de la historia.

¿Sabías que la nariz puede reconocer hasta diez mil olores por separado? Bien lo han sabido hombres y mujeres desde el principio de los tiempos, aunque no siempre se haya podido contar abiertamente. Vamos a hacer un poco de memoria. Documentarme ha sido de lo más divertido y estimulante: he leído cientos de correspondencias íntimas, biografías y crónicas para rastrear fantasías, marranadas, inspiraciones gloriosas y anécdotas sexys relacionadas con el fetichismo de las prendas usadas.

Y de paso me he enterado de las preferencias eróticas de algunas celebridades: Scarlett Johansson adora los asientos traseros del coche; Eva Longoria, ser atada con pañuelos de seda; Tarantino, los pies; y Jagger, el chocolate entre las piernas de su pareja. Al fin y al cabo, las fantasías eróticas son los cuentos de hadas para adultos y siempre apetece que te cuenten uno, ¿o no? También ha sido interesante analizar la historia erótica de cada época: hay fantasías que, directamente, han cambiado la historia.

Pero vayamos al grano. Si cualquiera de nosotros pusiera por escrito con sinceridad sus fantasías eróticas, seguro que a alguien le pondríamos los pelos de punta. Simplemente, estos personajes, al ser públicos y célebres, no pudieron esconderlas tanto como nosotros. Recordarlos es, además, un ejercicio de tolerancia, porque demuestran que lo que guardamos en nuestra intimidad es más habitual de lo que imaginamos.

Mi favorito es el célebre escritor James Joyce (1882–1941), autor de “Ulises”, pero también de unas deliciosas cartas. En ellas relata a su amada esposa lo mucho que le gustan las braguitas aromatizadas.

Quizá por una especial sensibilidad erótica hacia este aspecto, en diciembre de 1919 Joyce escribe a Nora, su esposa: “Mi dulce y traviesa pajarita folladora. Aquí está otro billete para comprar lindas bragas o medias o ligas. Compra bragas de puta, amor, y asegúrate de rociarlas con algún agradable aroma y también de mancharlas un poquito atrás”. Cabe señalar que las bragas son una constante en la correspondencia de este felicísimo matrimonio.

También a nivel internacional, otra fantasía literaria que me encanta por su delicadeza es la que aparece en “La alfombrilla de los goces y los rezos”, de 1657. Como la mayoría de novelas eróticas chinas, se publicó bajo seudónimo, aunque pronto se supo que era obra del ensayista, poeta y dramaturgo Li Yu. Contiene ideas pioneras relacionadas con la ropa interior: “Volver a ponerme las prendas íntimas de la noche anterior, sin lavar, me transportaba al momento en que él volaba a mi cama y me empujaba con todas sus fuerzas boca abajo”.

En la literatura española también encontramos numerosos ejemplos, casi siempre ligados a la polémica. Es el caso del premiado Juan Marsé. Dudó cuando le pregunté, porque confesó tener muchas fantasías y no saber cuál elegir, pero tras pensarlo un poco me contó una que no deja indiferente a nadie: camina por una calle desierta y una desconocida, atractiva y apetecible, se desmaya delante de él, lo que le deja vía libre para “hacer cualquier cosa con ella”. Por ejemplo, robarle las bragas.

Como señalaron Masters, Johnson y Kolodny en 1987: “Nuestros valores personales y sociales pueden diferir de nuestras fantasías, del mismo modo que los personajes interpretados por un actor pueden no tener nada que ver con su personalidad real”.

Si hablamos de talento unido a la polémica, hay que citar a Francisco Umbral. El Premio Cervantes, progre ácrata y controvertido —cuando escribió “La hembra violada parece que tiene otro sabor, como la liebre de monte” enfureció a las asociaciones de defensa de los derechos de la mujer—, cultivó una sexualidad singular y no tuvo reparos en revelarla en sus libros, casi siempre autobiográficos.

A Umbral le iban los fetichismos traviesos con la ropa interior y en más de una ocasión reconoció haber robado braguitas a sus amantes. En “Los amores diurnos” dejaba clara su inclinación por esta prenda: “Dulce braga femenina, pequeña braga joven, triángulo leve y calado, mariposa de lencería sexual, funda gentil donde ella, ellas, enfundan lo más compacto y resuelto de su cuerpo, de su alma”.

La historia política y militar tampoco se libra de este repaso. Hermann Goering, mariscal del III Reich, adoraba cualquier prenda femenina. Drogadicto, travesti, histrión, corrupto y ladrón de obras de arte y de todo tipo de prendas, era tan poderoso como temido, y le encantaba disfrazarse de mujer con el pretexto de exhibir su colección de joyas y diamantes.

Texturas, materiales, transgresiones, colores… Podemos usar cualquier tipo de bragas, pero no todas tienen el mismo poder. Bien debía saberlo la estrella del Hollywood dorado Greta Garbo, quien a menudo pedía a las novias de sus amigos que le enseñaran la ropa interior que llevaban puesta, y que en alguna ocasión también robó.

De hecho, según “Greta Garbo & Marlene Dietrich, Safo va a Hollywood”, de Diana McLellan, su amiga Marlene Dietrich fue una de las bisexuales más activas de Berlín, seductora incansable de directores, actores, actrices y activistas, por puro gusto, por el escalofrío y por el placer de épater les bourgeois.

El actor Klaus Kinski cuenta en su autobiografía la historia de su antigua novia, Edith Edwards, y su relación con Marlene. En una ocasión, Marlene rompió las bragas de Edith entre bastidores de un teatro de Berlín, se las guardó en el bolsillo y, usando solo la boca, la llevó al orgasmo.

Y hasta aquí hemos llegado. He querido que este texto sea fundamentalmente ameno y divulgativo, y que propicie charlas de sobremesa y temas de conversación para parejas y fetichistas con inquietudes culturales. Ya me contaréis qué os ha parecido.

Roser Amills con su equipo en el programa de Radio Los danko a mil en Scanner FM

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